domingo, enero 15, 2017

"El espíritu de la ciencia-ficción": VIAJE A LA PROTOHISTORIA DE LA OBRA DE ROBERTO BOLAÑO


Tal como lo señala en su prólogo Christopher Domínguez Michael, "El espíritu de la ciencia-ficción" (nuevo texto póstumo de Roberto Bolaño, Alfaguara, 2016) demuestra que el arcón del escritor nos sigue sorprendiendo, ahora con una novela en que el universo que ha tejido en todas sus creaciones comienza a delinearse, a tomar cuerpo.

La idea de una vanguardia literaria oculta y poco consciente de sí misma, personificada en los chilenos radicados en el DF mexicano Jan Schrella y Remo Morán, aparece como una protohistoria (se trata de manuscritos que datan de 1984), o una idea primigenia de lo que sería el escenario de "Los detectives salvajes".

Y ojo que este afán tan bien descrito en un documental por Juan Villoro como de "investigadores de la vida", también calza con las venturas y desventuras de esta suerte de antepasados literarios de Arturo Belano.

La búsqueda de pruebas que corroboren la existencia y aporte de más de 600 publicaciones dedicadas a la literatura y la poesía en el DF es una búsqueda baladí y fundamental a la vez, tal como puede ser observada por el común de los mortales respecto a la búsqueda de Cesarea Tinajero en "Los detectives...". 

También se hacen guiños a lo que sería parte del argumento de "El Tercer Reich" cuando se defiende la riqueza de crear folletines literarios, comparándola con la utilidad de desarrollar juegos de estrategia.

Marcando la mudanza del catálogo desde Anagrama a Alfaguara, "El espíritu de la ciencia-ficción" resulta ser un regalo a quienes disfrutamos de la obra de Bolaño, con una prosa fresca y deseosa de explotar durante esos primeros años en Blanes, el balneario catalán en que nacieron las grandes obras del chileno. Incluso quedamos con gusto a poco.

Nuevamente, un póstumo que no resta sino que fortalece aún más la raíz de la obra de Bolaño, tal como ocurrió con "2666", "Los sinsabores del verdadero policía" o "El Tercer Reich".

domingo, enero 08, 2017

LAS MEJORES LECTURAS DE 2016


Por trabajo o por mero gusto, fueron varios los libros que leí durante el año que terminó. De todos ellos escogí cuatro para comentar, aquellos que con creces fueron mis lecturas más gratas.

- "Los viernes", Juan Forn, Emecé, 2015


Comienzo con el segundo volumen del libro "Los viernes", que recoge las columnas que Juan Forn escribió cada uno de esos días de 2007 en el diario argentino Página/12, regalo bonaerense de mi colega y amigo Óscar Egnen.

De cada una de esas columnas me quedo con tres; "Calamar en su tinta", con las anécdotas del autor como mensajero en el Gran Buenos Aires, labor en la que conoció a Bioy Casares, a quien confesó haber llegado atrasado por leer las galeradas de "La aventura de un fotógrafo en La Plata". O "Mi destino es pecar" con la cautivante historia del editor de crónica roja Nelson Rodrígues en Brasil.

Y sumemos la entrañable "Un dardo a los huevos de Pinochet", donde Forn relata las peripecias en el exilio parisino de los Gumucio, entre ellos el escritor Rafael, que siendo un niño en acto de exiliados daba boletos para acertarle dardos a una figura del dictador. "¡Aciértenle a los huevo al güevón!"

Igual de hilarante era la historia de la abuela del clan Gumucio, Marta, cuando escribió en la pared del ascensor de su condominio "Mueran los momios culeados". Creyó que nadie sabría que fue ella, sin embargo los conserjes la apuntaron como responsable señalando que "sólo usted puede escribir culiaos con tan buena ortografía".

Un muy entretenido y recomendable libro.

- "Bolaño por sí mismo, Entrevistas escogidas", Editorial UDP, 2006


Fue una de mis adquisiciones de la última Feria del Libro de Santiago. Un texto que había sido consignado en una columna para la Revista de Libros de El Mercurio por Ignacio Echevarría, dedicada a Roberto Bolaño y las disputas de sus amigos con la viuda del escritor Carolina López.

Allí critica el boicot a este necesario libro de Andrés Braithwaite, que según Echevarría, habría sufrido de parte de sus herederos.

El libro recoge varias entrevistas de Bolaño a diferentes medios, algunos de los cuales estaban fuera de la recopilación de prensa bastante extensa que tengo del autor.

Una excelente manera de ampliar la percepción del escritor chileno es la lectura de este texto.

- "Las canciones que mi madre me enseñó", Víctor Hugo Ortega, edición autogestionada, 2016


El historiador Max Quitral me había comentado sobre este libro y consultado sobre la posibilidad de una entrevista con su autor en la radio. Tras revisar algunos datos en internet, le pedí el contacto del periodista Víctor Hugo Ortega.

Para la entrevista me valí de reseñas de "Las canciones que mi madre me enseñó" en diarios de internet a modo de background. Y resultó un ejercicio bastante empático con su autor, con quien compartíamos hitos generacionales y espaciales.

En la oportunidad me regaló un ejemplar publicado en forma independiente, el que leí con fruición y luego comenté, y que Ortega dedicó a la memoria de su madre, con vivencias y hechos que se vinculan a dicha figura fundamental.

En un mensaje le dije que en muchos relatos encontré lugares comunes, tal vez porque soy de pueblo chico (varias historias del texto transcurren Malloco), porque cada cierto tiempo lidio con perros maleteros, porque también de un día para otro cambié de club de fútbol.

También le señalé que el relato "1998" trajo a mi mente ese año tan lleno de satisfacciones para los futboleros de una generación acostumbrada a los mundiales sin Chile, y que pudo sacarse en ese año una espina vital.

Contacto para adquirir el libro en el mail lascancionesquemimadre@gmail.com

- "Los bigotes de Mustafá", Jaime Pinos, LOM Ediciones, 2016


Este libro lo considero una feliz antítesis de los jóvenes que Alberto Fuguet plasma en "Sobredosis". En "Los bigotes de Mustafá" no hay arrogancia, arribismo, ni liviandad. Estamos frente a los jóvenes chilenos comunes y corrientes de los ochenta. Trabajadores, soñadores, comprometidos, amigos de sus amigos.

Este grupo de jóvenes casi sin darse cuenta dan vida al Anecdotario Magistral que décadas atrás el propio autor escribía sobre las peripecias de sus amigos (la logia) durante los últimos años de la dictadura en Chile.

Me tocó sobremanera las historias vinculadas a Lina, hija de exiliados que vivió en Francia y que volvió sola al país por esos años. Este personaje dice en una de las páginas: "Crecí sabiendo que había un allá. Un aquí y un allá. Y quería saber, quería ver como era. Me vine al país que contaban los viejos, al país que habían logrado rescatarle porfiadamente al olvido. Me vine y ese país no estaba, no existía. Y el país que encontré... Aquí reconocí a la familia. O la re-conocí, para ser más exactos. A los abuelos, a los tíos y a los primos. Los personajes de las fotografías que llegaban cada tanto junto a las cartas que hablaban entrelíneas de lo que estaba pasando aquí".

Un libro notable, que muchos chilenos considerarán un espejo de lo que fueron sus vivencias en un Chile temeroso, pero con esperanza y resolución.

- "Autopsia. ¿De qué se murió la elite chilena?", Alberto Mayol, Catalonia Editores, 2016


Con frecuencia me topo con Alberto Mayol en los pasillos de la radio, y también con regularidad tengo la posibilidad de dialogar con él al aire sobre los grandes temas país. Pero este año también nos dimos tiempo para comentar su último libro "Autopsia. ¿De qué se murió la elite chilena?".

La premisa del texto es que tras el plebiscito hubo un pacto elitario donde empresarios, tecnócratas, políticos (incluso opositores a Pinochet) actúan en dinámicas que han hecho viable la transición y calma social. Sin embargo, los vicios de la elite se hicieron cada vez más evidentes, junto con hechos que sugieren su muerte.

Pero aún así, cualquier intento de impugnadores aún se queda en una denuncia y un doble pensar (a la usanza del "1984" orwelliano), lejos de ser un riesgo para lo que Mayol llama "pacto elitario transicional" u opción para usurpar el poder.

Un interesante diagnóstico de la realidad chilena en un texto muy bien documentado.

miércoles, enero 04, 2017

42° Campeonato Amateur Arica 1993: UN VERANO ANIMADO POR EL FÚTBOL MOLINENSE

Selección de Molina en uno de sus partidos del Nacional de
Arica 1993 (Foto: La Estrella de Arica)

Media ciudad tenía la radio encendida ese verano de 1993, siguiendo los pormenores del Campeonato Nacional Amateur de Fútbol disputado en Arica.

Corría enero y la gente de Molina se había hecho muchas expectativas con la selección adulta que gracias a un buen desempeño se quedó con el título regional del Maule el año anterior en jornadas a estadio lleno, y con la canción "Molina" de los Creedence como soundtrack para la campaña.

En el fuero más íntimo del pueblo, estaba la esperanza de igualar o mejorar el subcampeonato de 1978 en el estadio Santa Laura.

El equipo molinense, sumando incorporaciones de otras equipos maulinos, estaba conformado por los jugadores Mauricio Lastra, Eduardo Concha, Pedro Núñez, Marcelo González Arredondo, Neftalí Díaz, Eduardo Tapia, Christian Aravena, Alejandro González, Robert Ortega, Miguel González Robles, Nelson Gómez, Roque Sandoval, Alex Polanco, Jorge Yévenes, Guillermo Lantadilla, Francisco Fuentes, Guillermo Calvo y Rodolfo Miranda.

El técnico era Juan Castro Maldonado, y el jefe de delegación Manuel Contreras Acevedo.

El portero molinense Rodolfo Miranda corta un centro del
equipo de Andacollo en el triunfo 3-1 sobre el equipo de la
IV región (Foto: La Estrella de Arica)
Las jornadas nocturnas en el Estadio Carlos Dittborn comenzaron para Molina el 20 de enero de 1993 con triunfo 4-2 sobre Hualpencillo. Los tantos fueron anotados por González Robles, Ortega (en dos oportunidades) y Lantadilla.

El optimismo del estreno fue matizado con la derrota ante Antofagasta por 0-2, resultado que obligaba a un triunfo en el último partido de la etapa grupal.

Algo que se logró al derrotar a Andacollo por 3-1, con goles de Ortega y González Robles.

El 27 de enero Molina se enfrentó por cuartos de final ante Tierra Amarilla. En el tiempo reglamentario el match terminó 1-1, gol de Lantadilla para cuadro azul de Molina. En los penales el equipo de Castro Maldonado fue más efectivo; 4-3 a favor, con lanzamientos exitosos de Núñez, Tapia, González Robles y Ortega.

El hecho de enfrentar el 29 de enero en semifinales al único rival que lo había vencido (Antofagasta), generó cierto mal augurio. Lamentablemente eso se materializó, luego de caer por penales ante los nortinos (1-1 en tiempo reglamentario, gol de Ortega). La definición desde los 12 pasos fue un desastre, con un 1-3 que solo González Robles hizo más digno con su anotación.

El 30 de enero, en la definición por el tercer lugar, el elenco molinense no pudo sacarse la caída en semifinales de la cabeza y fue superado inapelablemente por Iquique por 1-5. Hasta el gol de los maulinos fue marcado por los iquiqueños, vía autogol de Francisco González.

Para consuelo, Antofagasta no se quedó con la corona del 42° Nacional Amateur; Quilpué fue el campéon en el match de fondo.

A pesar de todo, se hizo un buen torneo, haciendo gala del prestigio de Molina en los torneos ANFA. Sin lugar a dudas, un verano para recordar en la mente de los molinenses.