domingo, julio 05, 2015

Chile, Campeón de América 2015: UN CONSIDERABLE ABONO PARA UNA GRAN DEUDA DE SATISFACCIONES

Imagen: Portada de El Mostrador, 4 de julio de 2015

El otro viernes le preguntaba en una entrevista a Elías Figueroa si creía que los fantasmas de finales pasadas podrían influir en la mente de los jugadores de la Roja. "Yo creo que eso es pasado, cada partido es historia diferente".

Mi consulta pudo haber sido reflejo de la duda insoslayable de una generación que creció con la derrota en la final de 1987, la bengala del Maracana y actuaciones para el olvido en los noventa. Una senda matapasiones deportivas.

Todo eso predispuso el ánimo de muchos contemporáneos, que veían en la final contra Argentina en la Copa América 2015 un nuevo desenlace negativo con distinto libreto.

La tranquilidad de don Elías no hizo mella en mi ánimo, que desde el comienzo del torneo veía en el futuro un nuevo fracaso en ciernes.

El trámite del partido contra Argentina, de hecho, no distó de muchos en que la derrota engrosó la lista de "triunfos morales"; pelotazos largos, constantes pases a la línea defensiva, ausencia de Alexis Sánchez.

Si alguna opción tenía la selección chilena de torcer la historia era en tiempo reglamentario o suplementario. No lo lograron, llegaron los penales. Y ahí fui enfático: el título se les escapó.

Si había un hecho que estuviera estadísticamente demostrado era la ineficacia de la Roja en definiciones desde los 12 pasos.

Me senté con la mayor frialdad a constatar una nueva tanda de penaltis errática.

Sin embargo, me taparon la boca. Los lanzadores chilenos mostraron una inusitada sangre fría. El propio Sánchez marcó con estilo el último disparo que se transformó en algarabía popular, desahogo descontrolado, y de paso, algo de desasosiego para un gobierno agobiado por sus malas decisiones.

Enhorabuena, particularmente por tratarse de un deporte tan popular y tan irregular (ya no se le puede
tildar de mediocre). La gente lo hace más suyo que otras gestas deportivas más heroicas, como las medallas de oro de González y Massú, el campeonato mundial de las "Marcianitas" en el hockey patín o el salto de Larraguibel.

El fútbol chileno abonó a la deuda impagable de éxitos un monto importante, pero que para muchos más reflexivos no borrarán los malos ratos, las ilusiones perdidas y las pasiones apagadas en más de 100 años de vida del balompié nacional.

Lo importante es que la reflexión de don Elías se mantenga en el tiempo; no por haber sido campeones este año el fútbol chileno dejó de ser irregular, esto no lo transforma en potencia, el trabajo recién comienza (o allí termina).


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