lunes, abril 13, 2015

Muere Günter Grass: DESCANSA EN PAZ, VIEJO CACHUBO


Entre rodaballos y guerra de sexos, tambores y cebollas, crítica y actos de contricción, así nos deja el gran Günter Grass (1927-2015) tras su deceso el día de hoy.

Su potente literatura llegó a mi hace unas dos décadas de la mano de "Encuentro en Telgte" (Plaza & Janés, 1979); la reunión de escritores durante la Guerra de los Treinta Años como analogía jocosa y multifacética de la realidad literaria alemana de postguerra en la década de 1940. En este texto ya empecé a notar en las descripciones gastronómicas una predilección del cachubo.

En esa época también leí los "Relatos de la Alemania Actual" (Editorial Sudamericana, 1980), que fue útil para conocer, desde su propia perspectiva, la visión sobre su literatura y la generación que le tocó vivir. Junto a estos diálogos, venía el cuento "Los zurdos".

Con esto mi apetito por Grass aumentó; en bibliotecas comencé a sumergirme en sus mundos, en "El gato y el ratón" o "Años de perro". Pero las obras que dejaron una huella indeleble fueron "El tambor de hojalata" y "El Rodaballo".

El primero, la historia de Oskar Matserath (¿Bronski?), su incesante afán de percutir el tambor hasta sus días de internación, con el mismo ahínco con que se negaba a crecer o destrozaba cristales con su voz, adorna un relato que resume en cuerpo y alma la sociedad alemana antes, durante y después del Tercer Reich. Una sociedad, que tras la derrota, incluso recurre a artilugios para poder llorar.

Con "El rodaballo", la pugna de géneros desde un matriarcado absoluto, los intentos del pez sobrenatural que se empeña en sacar a los hombres de su yugo (un sabroso sino, en todo caso, siempre al alero de eximias cocineras; otra vez la gastronomía) a modo de cronología histórica. Mientras en parelelo, se desarrolla el juicio a un orgulloso pero apesadumbrado rodaballo, casi sentenciado por la ineptitud masculina.

Otro texto entrañable, menos difundido pero no por ello descartable, es el volumen "Mi siglo", una serie de relatos por cada año del siglo XX. Y tal como lo comenté en una de las publicaciones de este blog, el que recuerdo con más claridad es el alusivo al match entre la RFA y la RDA en la Copa del Mundo de 1974. Ahí yo hablo de una bifurcación de amores, una división del corazón nacional que transmite Grass en el texto, una de las tantas aristas que dejan de manifiesto estas encrucijadas cotidianas en el alma alemana.

¿Sobre su militancia en las juventudes hitlerianas? Su obra completa y su última confesión en "Pelando la cebolla" son suficientes actos de contricción, Nadie quiere canonizar a Günter Grass.

Aparece el cortejo a la distancia, Oskar lo encabeza con tambor a punto de sucumbir. Sobre el féretro va el rodaballo en su estanque de los acusados. Hacia atrás Mahlke aún en traje de baño, Hans Werner Richter recita un sentido panegírico.

Leo Schugger está al final del camino, a la espera de ofrecer condolencias, en las extrañas exequias de su creador.

Descansa en paz, Günter. Descansa en paz, viejo cachubo.

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