jueves, enero 16, 2014

SOBREDOSIS DE AIRE CONTAMINADO E INSOMNIO

FOTO: Iberlibro
Mientras más nos adentramos en el siglo XXI la idea de ser protagonistas de un relato de Ray Bradbury o Philip K. Dick te reconforta, pero al instante te hace caer en la cuenta de que las crónicas marcianas no pasan de ser tratados de microbiología. O que en la Tierra los androides no sueñan con ovejas eléctricas, no piensan en dormir, no piensan, no.

Ovejas eléctricas o de carne y hueso muchos desearían en mi caso temporal; 2 AM, cero sueño, calor, en busca de retomar la extraviada senda lectora, mucho calor.

Para enrielarme con lecturas abandonadas por falta de tiempo, siempre escojo autores de segunda o tercera línea para empezar a aguzar el ojo y el pensamiento. Este verano escogí a Alberto Fuguet, un librito llamado "Sobredosis", con relatos entretenidos y livianos, enmarcados en los años entre dictadura y democracia de Chile, a fines de ochentas.

Abundan los adolescentes jugando a ser delincuentes cinematográficos o rebeldes con causas forzadas por la "taquilla", chismorroteos escritos con influjo ideológico de Chicago Boys. Fantasías precarias hechas por imaginaciones exiguas y manipuladas.

Siempre había mirado a huevo a Fuguet, pensé que era puro aire literario, del que abunda en la escena artística chilena. Podría decirse que es un denso aire de un episodio de emergencia ambiental.

En fin, uno de los cuentos, "No hay nadie allá afuera", transcurre en un aeropuerto en Panamá; fue inevitable recordar el accidente aéreo del Gral Bernales en ese país en 2008, mis primeros días trabajando en la radio, los Bunkers entrevistados por un colega en el estudio, preocupados más de la conversa y de un partido de fútbol (Chile-Italia sub 23, creo, Torneo "Esperanzas de Toulón") que de la muerte del uniformado. Una jornada que alargué más de la cuenta cubriendo las reacciones fuera de la Dirección  General de Carabineros.

En fin, volviendo al relato de Fuguet, denominador común del texto es el arribismo y la apariencia de una parte de la juventud chilena que aceptó las reglas de la dictadura y las naturalizó, las ocupó como ingredientes con características de simples sucedáneos de materiales valiosos, para dar rienda suelta a sus fantasías igualmente limitadas y previsibles.

Un grupo humano que entre los abundantes testimonios de héroes anónimos luchando por la democracia, se perdió en la historia (sinceramente poco tienen que aportar en este ámbito) y la literatura.

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