sábado, marzo 23, 2013

EL DECENIO DE BOLAÑO



A propósito de los diez años de su muerte (este 15 de julio), no recuerdo la fecha exacta en que escuché por primera vez el nombre de Roberto Bolaño y de su máxima obra "Los detectives salvajes". Lo claro es que fue en 1999, año que recibió el premio Rómulo Gallegos; el programa "Un idioma sin fronteras" de Radio Exterior de España mencionó la entrega del galardón, haciendo hincapié en la nacionalidad chilena del escritor, lo que me obligó a poner mayor atención.

Recuerdo que tomé uno de esas hojas que utilizaba para anotar frecuencias de onda corta, dejé plasmado el nombre de la obra y el autor, con la esperanza de leerlo algún día.

Por esos días, a un lector de provincia se le hacía muy difícil obtener textos de esa naturaleza. Además prefería centrarme en mis autores predilectos de esos días (Unamuno, Kierkegaard, Günter Grass) en lugar de autores nuevos, que para ser sincero, en ese tiempo despreciaba.

El año 2002 volví a escuchar sobre él, lo que despertó mi memoría y la imagen del trozo de papel de tres años antes. Creo que fue mi amigo Osmar Mamedo quien hizo referencia en alguna conversación a la atrayente vida que marcó a Bolaño existencial y literariamente.

Ya en 2003, tras su muerte, el mito se multiplicó, transformando su bibliografía underground en libros de cabecera para los críticos y prohombres, motivando columnas, reportajes y entrevistas.

Aún así, no leí inmediatamente su obra, seguía imbuido en el mundo de Grass, además de la inspiradora filosofía nietzscheana.

Tuvo que llegar el año 2008 para que de forma indirecta me animará a entrar al mundo de Bolaño; corría agosto y con mi esposa Paula asistimos a una adaptación para teatro realizada por Rodrigo Cabello de "Putas asesinas", en Centro Matucana 100. Las experiencias cotidianas enaltecidas y transformadas en verdades universales, los ambientes llenos de inspiración viciosa, me dijeron "ya es hora, léelo".

Por esos días mi esposa me regaló "Los detectives salvajes". Debo reconocer que fue un deleite literario sin parangón; en muchos aspectos uno se siente parte del relato, reconoce trazos de su propia existencia en algunos pasajes, y nota que ese nexo es aún más palpable para quienes hemos experimentado en nuestra juventud un símil del real visceralismo, y digámoslo, tenemos en nuestra bitácora vital un propio Desierto de Sonora.

En paralelo, conocía de primera fuente antecedentes de Bolaño como entrevistado; mi colega Willy Haltenhoff tuvo el privilegio de conversar con él, para las recordadas entrevistas de la contratapa de La Nación, con caricatura incluida (edición del 21 de noviembre de 1998). Un tipo relajado, que deambulaba por la habitación de hotel con pies descalzos, sin ningún acicalamiento: en suma, siendo él mismo.

Seguí disfrutando la obra de Bolaño, con relatos notables como "Estrella distante" o "Amuleto". "2666" es una novela ambiciosa, que te pone a prueba (particularmente el capítulo de los crímenes) y entreteje una historia digna del depurado talento arácnido de Roberto. Así todo, no supera a "Los detectives...", y personalmente, lidia palmo a palmo en el escalafón de genialidad con "El Tercer Reich", ese diario veraniego de un campeón de juegos de estrategia, que sirve de perfecto pretexto para contar una muerte, intrigas y reproches sentimentales en la Costa Brava.

Me parece que es lo esencial, sus novelas, poemas y cuentos, la experiencia que subyace en esas cuartillas, muchas veces rellenadas con resabios miserables de un bolígrafo, cintas mecanográficas atacadas por polillas metálicas con forma de letras, o esa muerte que le dictó con un tono perentorio las últimas líneas de su obra en un ordenador.

Los homenajes, retrospectivas, conversatorios, cátedras con motivo de los diez años de su muerte se comienzan a suceder... Y en realidad, me tienen sin cuidado...

Al respecto, me quedo con una líneas del subversivo relato "Los mitos del Cthulhu", que forma parte del volumen "El gaucho insufrible":

"La perdurabilidad ha sido vencida por la velocidad de las imágenes vacías. El panteón de los hombres ilustres, lo descubrimos con estupor, es la perrera del manicomio que se quema". 

Roberto Bolaño 

Foto principal: Oscar Fuentes A., edición sueca de "Los detectives salvajes".

sábado, marzo 02, 2013

Copa Davis 1928: LOS HERMANOS TORRALVA Y EL DEBUT CHILENO POR LA ENSALADERA DE PLATA


Los aficionados ocasionales del tenis se habían acostumbrado a la grandes gestas, a los rivales de primer orden y el estatus del Grupo Mundial de la Copa Davis.

Hoy, con Fernando González retirado y Massú en declive, solo queda esperar una nueva bonanza, y disfrutar del tenis con satisfacciones proporcionales a la realidad de la Zona I Americana.

Cada época ha tenido sus pequeños gustos y encantos, incluso el debut chileno en Copa Davis de 1928, que tuvo a España con inmenso rival a vencer.

Y aunque se perdió la serie 3-2, las crónicas de diarios españoles de la época alabaron el desempeño de los hermanos Torralva en Real Barcelona Lawn Tennis.

El primer día (7 de abril de 1928) los singles se repartieron; el hispano Francisco Sindreu derrotó al chileno Domingo Torralva 6-3 6-2 3-6 6-3, en tanto, Luis Torralva le dio el primer punto a Chile con triunfo sobre Antonio Juanico 6-4 6-2 6-2.

Respecto a los nacionales, El Mundo Deportivo del 8 de abril de 1928 señalaba que "Luis Torralva es un jugador completísimo, con gran concepción del juego a realizar y gran dominio de la bolea. Su saque algo bombeado es muy castigado y bien colocado sobre las dos líneas laterales. Coloca bien el 'drive' y generalmente sobre los ángulos de fondo y su revés es muy cruzado y bajo. Tras de los primeros avanza hacia la red en donde se coloca muy bien tras de su potente 'drive'. Juanico contra este juego no pudo hacer más de lo que hizo".

En cuánto a la performance de Domingo Torralva, comentan que se mostró inferior a su hermano, lamentando que "junto a tantos magníficos le vimos pelotas entregadas que facilitaban la labor del rival".

Respecto al dobles (8 de abril de 1928), el diario La Vanguardia del 10 de abril de 1928 consigna que "la victoria en el match hermanos Torralva contra Flaquer-Morales, se decantó con merecida justicia a favor de los chilenos, que jugaron mucho más que los nuestros".

Continúan los halagos respecto a la complementación de los nacionales: "los chilenos que se entienden a maravilla, en el doble caballeros hicieron derroche de ciencia y destreza, poseen un magnífico «shmash». juegan mucho de bolea y Domingo Torralva, que se conceptúa a sí mismo inferior en juego a su hermano Luis, demostró ser todo un maestrazo y puso toda su alma al servicio de Chile, que le debe en gran parte una señalada victoria".

Los parciales en favor de los nacionales fueron 4-6 6-2 6-3 7-9 6-2.

En los singles de la jornada final (9 de abril de 1928) la suerte fue distinta; Sindreu derrotó a Luis Torralva 6-4 7-5 6-4, y y Juanico a Domingo Torralva por 6-4 3-6 6-3 3-6 6-1.

La Vanguardia comentaba que "los adversarios chilenos no pueden ser suficientemente ensalzados porque rebasan toda la medida de elogio. Era admirable ver cómo el público experimentaba el paradójico anhelo de que ganasen los nuestros, pero al propio tiempo que tan excelentes adversarios que la caballerosidad, la deportividad y las enormes facultades de juego que poseen obtuviesen el premio merecido, y como éste no podía consistir en la victoria porque correspondía estrictamente al resultado deportivo que nos perteneció, supone compensarlo ovacionando cariñosísimamente a los hermanos Luis y Domingo Torralva al presentarse en la pista, durante el juego y al terminar éste".

Las entusiastas crónicas describen la especial emoción que inspira la Copa Davis, más allá de la época, división en que se juegue o el rival de turno. Quienes disfrutamos de esta competencia lo sentimos así, por lo que seguiremos con igual interés la confrontación de los días 5, 6 y 7 de abril entre Ecuador y Chile en la ciudad de Manta.

Fotos: Hemeroteca Mundo Deportivo, 8 de abril y 11 de abril de 1928.