domingo, julio 14, 2013

LEER, ESCRIBIR, VER PELÍCULAS... MORIR...

La Vanguardia de Barcelona, 16-07-2003
Por estos días las reseñas grandilocuentes, los nutridos conversatorios, las portadas culturales estarán rebosantes con la imagen mítica de Roberto Bolaño a diez años de su muerte.

No negaré que he leído y seguiré revisando las publicaciones que aparezcan en los días sucesivos; sin embargo, preferí darme la tarea de buscar lo que se publicó sobre él al día siguiente de su deceso.

Luego, opté por ser más selectivo y revisar qué dijo la prensa catalana el 16 de julio de 2003, un día después del fallecimiento de Bolaño.

Siempre destaco las completas hemerotecas en línea con que cuentan varios diarios españoles, y que permiten recopilar esta información a distancia; en mi caso la edición del miércoles 16 de julio de 2003 del diario La Vanguardia de Barcelona (páginas 31 y 32).

La rapidez periodística y la justicia literaria fueron guías de los autores de la nota necrológica, conjugando urgencia con la nutrida experiencia del autor, pero sobre todo, destacando el fervor por su trabajo (¿o acaso leitmotiv?) literario y la lectura, algo que se ve enmarcado por el cierre: "El chileno pasó las últimas semanas de su vida, según contó él mismo días antes de morir, 'leyendo, escribiendo y viendo películas'".

El fervor queda claramente descrito en el "inconcluso" manuscrito de "2666" y la referencia al notable libro de cuentos "El gaucho insufrible".

En suma, datos duros que podrían significar frías referencias de no ser por la reseña que acompaña la nota , plasmada por el escritor y amigo de Bolaño A.G. Porta, quien recuerda el numeroso catálogo mental de obras que manejaba Roberto, a veces desconocidos incluso para expertos. También comenta el afán polemista del que hablan muchos de sus amigos.

"La primera vez que le conocí, hablamos de Ezra Pound y de Joyce, conectamos enseguida. Era un gran conversador, capaz de discutir si el uniforme de los húsares acababa en unas orlas de un tipo o de otro, o de descubrirte a los ‘poetas eléctricos’ franceses, que aquí nadie conocía" contaba Porta.

Nos volvemos a encontrar con el fervor de Bolaño por la creación literaria, patente en el recuerdo de Porta, especialmente cuando lo compara con algunos contemporáneos: "Otros escribimos, pero nos cuesta renunciar a ciertas cosas; para él, escribir era lo primero, lo segundo y lo tercero".

Suman y siguen los homenajes y retrospectivas, documentadísimas, reseñas actuales a las que le falta esos sentimientos encontrados de adrenalina periodística y gratitud lectora de las necrológicas, que aunque se caracterizan por ser redactadas con anterioridad al fallecimiento, resuenan más sinceras y fieles a la realidad que los panegíricos tardíos de estos días.

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