sábado, mayo 25, 2013

PARLAMENTO COMO CAUCE PARA EL DESCONTENTO Y AGENTE DE CAMBIO

Hoy los quiosqueros de Santiago protestarán con banderas negras por la condición desmedrada de su fuente laboral, que sin la exclusividad en la venta de diarios y revistas, ha visto mermadas sus ventas, limitando a muchas solo al comercio de confites.

Una protesta insólita que conjuga una sumatoria de insatisfacciones; hace muy poco salieron a marchar los enfermos contra una salud precaria y onerosa, los cotizantes de las AFP hicieron lo propio en rechazo a un sistema que enriquese a las empresas y transforma la jubilación en una vejez insegura, los estudiantes vienen en esa senda desde hace mucho tiempo.

Protestas significativas y difundidas, pero que no cuentan con un compromiso real de toda la ciudadanía nacional, que se reconoce como víctima de las mismas dinámicas perversas que se denuncian a diario, pero que por ese germen de temor sembrado durante la transición no se da por aludida, manteniendo un silencio cómplice con una vociferante bonanza que jamás alcanzó a todos.

Conciente o inconcientemente los chilenos saben que romper el modelo actual, arribar a una economía más solidaria y un sistema político más representativo, implicará un brusco trastoque de la inercia embriagadora imperante y una oportunidad de reformulación que a muchos marea, aterra.

¿Vale la pena emprender un camino nuevo, hipotecando el "prestigio" (mala fama) de país ideal para invertir, la imagen de paradigma de una democracia "sana" (para ser sinceros, con diálisis permanente desde el plebiscito de 1988)?

Me parece que sí.

Es avanzar por el desierto, reconocer el espejismo y buscar con más ahinco ese oasis que nunca llegó, pero que no está lejos.

Y sobre todo, saber que quienes más pierden con un cambio en las reglas del juego son los acumuladores de influencias y riqueza.

¿Cuál es el camino? Me parece que la denuncia en las calles ya cumplió su ciclo y objetivo, ahora viene el tiempo de aprovechar el ánimo generado en los últimos años y la escasa cuota de decisión que nos entrega esta risible democracia en las elecciones venideras.

Y con esto no miro hacia la carrera presidencial, que con los postulantes actuales no garatiza ninguna posibilidad de reforma; quienes se encandilan con el discurso de Marcel Claude olvidan que sin mayorías en el Congreso toda buena intención queda en palabras vacías para la galería.

Fijo mi vista en las parlamentarias, que de a poco pueden configurar una alternativa desde el legislativo para romper el sistema binominal, dar piso a un ejecutivo reformista y dotar a Chile de esa urgente justicia social que muchos ansiamos.

Y aquí es donde apelo a un real compromiso de todo el universo electoral, participar en forma masiva, elegir miradas que busquen evolución por sobre la autocomplacencia, entender que una renovación parlamentaria es fundamental para un progreso integral.

La apatía hunde más al ciudadano, estanca su sueldo, limita su conocimiento, anestesia su descontento. Y lo que es peor, empobrece hasta el espíritu.

Foto: Presidencia.cl

No hay comentarios.: