lunes, octubre 15, 2012

FRECUENCIA PROCAZ



No sé si han notado que en varios sitios de internet en que transmiten partidos de fútbol, hay una suerte de chat en que hinchas de los equipos (y a veces otros que no lo son) se bombadean con epítetos de grueso calibre antes, durante y después del partido.

Se trata de un espectáculo que en ocasiones resulta más entretenido que el propio lance deportivo. Fenómenos de la era digital, dirán algunos.

Sin embargo, antes de la masificación de internet ya existían experiencias similares de disputas arteras y anónimas.

15 de diciembre de 1996, eliminatorias Francia 98, partido entre Argentina y Chile en Buenos Aires. Recién había encendido mi receptor de onda corta para tratar de oír los comentarios previos de Radiodifusión Argentina al Exterior.

Paseaba por la banda de 31 metros, cuando de improviso di con una frecuencia y un sonoro “chileno come ñaco”.

Intrigado por el breve pero insultante fonema, me quedé pegado esperando una respuesta. Al minuto resuena con furia un “argentino conchadetumadre”.

Fue el comienzo de un verdadero rosario de improperios de lado a lado, pausado con silencios, que escuché por media hora, como si se tratase de un duelo clasificatorio al mundial de la procacidad, sin reglas.

Incluso, en la mitad de mi audición, entró un boliviano que las emprendió contra chilenos y argentinos.

Lo gracioso es que muchos de estos epítetos eran de carácter local, lo que hacía pensar que en muchos aspectos se trataba de un diálogo de sordos.

Reía de buena gana, aunque lamentaba no tener un equipo de radioaficionado para unirme a tan “académico” duelo verbal. Pronto la falta de ingenio de los retadores me aburrió, y me dedique a buscar la emisora argentina.

Traté de dar nuevamente con la frecuencia después del partido e incluso antes de otro duelo eliminatorio, pero al parecer estos debatientes coprolálicos mudaban su lugar de riñas.

Como podemos captar, los hinchas del fútbol se han dado siempre la maña para descuerarse a garabatos. Así que no culpen al internet.

viernes, octubre 12, 2012

CAUPOLICÁN EN QUITO



De todos los rincones de Quito que pude conocer, uno de los que queda en mi memoria es la Plaza Indoamérica, junto a la Universidad Central; pasando con mi padre por allí, recuerdo que nos detuvimos junto a unos de los bustos de héroes indígenas.

Acto seguido me dijo que se trataba de Caupolicán, y que era un fragmento exacto del que se yergue en el Cerro Santa Lucía en Santiago, obra de Nicanor Plaza. También bromeó con su aspecto, más similar a indígena norteamericano que mapuche.

Un gran dato que está escasamente documentado; a saber, lo que más se comenta en internet respecto a la plaza es su reinauguración en enero de este año.

Sin embargo, fue posible encontrar más antecedentes.

El pasado 23 de agosto, diario El Universo de Guayaquil en su sección de efemérides del día hizo mención a la llegada del monumento en 1962:

"El busto de bronce del héroe indígena chileno Caupolicán fue colocado en la Plaza Indoamérica de Quito, en significativa ceremonia realizada con la asistencia del alcalde Jorge Vallarino Donoso; el canciller chileno, Carlos Martínez Sotomayor; el rector de la Universidad Central, Alfredo Pérez Guerrero; el embajador de Chile, Sergio Huneeus, entre otras autoridades".

Los hechos, los nombres y las coincidencias me siguen; en 2006 justamente asistí e hice una nota para El Mercurio sobre el funeral del ex canciller Martínez Sotomayor.

De alguna manera, ante la falta de referencias, me sentí responsable de hacer el nexo y dejar el dato para aquellos chilenos que pasen por allí en el futuro.

Siempre es bueno ver una cara familiar fuera del terruño.

Fotografía: CardCow.com

sábado, octubre 06, 2012

LUIGI BARBIERO (1927-2006)


La congoja pública por la muerte del padre Pierre Dubois días atrás, comenzó a inspirar los sentimientos de gratitud de muchos amigos vinculados a la iglesia católica y la centroizquierda política; mi amigo Lorenzo Martínez escribía en su cuenta de Facebook “se ha ido un hermano, Pierre Dubois, sacerdote francés de la Iglesia comprometida con la lucha por los Derechos Humanos durante la dictadura militar en Chile. Se ha ido entre los pobres, en su amada Población La Victoria. Pierre no ha muerto, vive entre los pobres y en todos aquellos hermanos que asumen la responsabilidad histórica de nuestra Fe”.

Sin embargo, el concepto de responsabilidad histórica de la fe me recordó la figura del padre italiano Luigi Barbiero, por años párroco de Molina y con toda una vida dedicada a labores pastorales en Chile.

Junto con Lorenzo y otros jóvenes, a principio de la década de 2000 buscamos generar una iniciativa de izquierda que permitiera abrir espacio en el debate comunal a la generación sub 25. Uno de los personajes que acompañó y estimuló esta idea fue Barbiero, un religioso que tenía cierta fama de rojo, principalmente por las temáticas de sus prédicas y acciones.

Por ello, junto a la reflexión de mi amigo, escribí la siguiente pregunta: “Oye, a propósito de curas. ¿Qué fue del padre Luigi?” La respuesta casi la adiviné; había muerto hace años.

Aún le guardo simpatía a este religioso, que a pesar de mi ateísmo (por esos años empecé mis lecturas nietzscheanas) dialogaba sin discriminar ni criticar mi postura. Obviamente planteaba sus opiniones desde un prisma teológico, pero no era un fundamentalista.

Barbiero nos empoderaba como agentes de cambio para una sociedad, que incluso en un pueblo chico como Molina, mostraba evidentes síntomas de superficialidad, falta de compromiso e indolencia.

Con bastante entusiasmo elaboramos un cronograma para nuestro trabajo como grupo, también para un ciclo de charlas, y siempre desde la nube fabulosa del optimismo, la idea de crear un referente político-social de carácter juvenil y regional. Por desgracia nuestro entusiasmo pronto colisionó con la apatía e inercia de nuestros contemporáneos.

La respuesta de Lorenzo motivó mi curiosidad; me puse de cabeza a buscar algún dato extra sobre este sacerdote, lo que tras mucho indagar por internet encontré.

Sus últimos días los pasó en la parroquia de Santa Maria delle Grazie, en San Donà di Piave, Venecia. Según lo que documenta la web de esta parroquia, Barbiero llegó en abril de 2003. Tres años después comenzó a tener malestares abdominales. Aún se trabajaba en el diagnóstico cuando un shock séptico torna grave su estado, el que desemboca en su fallecimiento el 8 de junio de 2006, justo el día en que cumplía 79 años.

Conociéndolo poco, costaba entender tanto cariño y compromiso con el país. Sin embargo, al revisar su labor pastoral se entiende; llegó en 1956 a Hualañé donde fue capellán y luego fue párroco en la Huerta de Mataquito.

En 1964 llegó a Talca donde fue nominado como asistente diocesano de la Acción Católica local, en un trabajo marcado por el contacto directo con el mundo rural, con un claro afán de promoción sindicalista.

Luego de eso, en 1970, fue nombrado vicario general de Diócesis de Talca. Fundó en 1980 el Seminario San Pablo de Rauquén y desde 1998 se hizo cargo de la parroquia de Molina.

En suma, media vida dedicada a Chile, y particularmente a la Región del Maule.