jueves, junio 28, 2012

Dion Valle: UN SUB 17 EN MOLINA


Nadie niega que la campaña de la selección chilena sub 17 en 1993 fue lo más próximo a un mundial adulto que tuvimos por años, más aún con el castigo de la FIFA por el "Condorazo".

Por ello la afición se aferró a esta esperanza de triunfo y abrazó con pasión el tercer lugar ante Polonia, tras tenso partido con definición a penales en Tokio.

Y debo confesar que no fui la excepción a la regla; seguí la campaña de preparación tras el sudamericano de Colombia, coleccionaba los recortes de prensa y trasnoché para ver cada uno de los partidos del mundial.

Todos recuerdan que los chicos se transformaron en estrellas, visitaron La Moneda, fueron recibidos como héroes y fueron rostro en todos los medios de comunicación.

Por esos años cursaba octavo año en el Colegio Adventista de Molina, y a los pocos días de terminado el torneo se celebraba el aniversario del establecimiento (al menos eso recuerdo).

El show transcurría dentro de lo planeado cuando empezó a correr el rumor de que vendría al colegio el jugador de la sub 17 Dion Valle; uno que siguió la campaña sabía que era uno de los defensas del equipo, pero dudo que buena parte de la comunidad escolar supiera quien era. De hecho, pudieron llevar a cualquier hijo de vecino con cartel de jugador de esa selección y habría causado la misma expectación.

En todo caso, todo tenía su lógica; el padre de defensor colocolino (nacido en Australia) vivía en Molina y alguna vinculación tenía con alguno de los apoderados.

Finalmente, el 6 de la "Roja Chica" llegó y el espectáculo por el aniversario se fue a las pailas. Todos se fueron encima del muchacho, sentado en primera fila, en un asfixiante y pequeño salón.

Recuerdo que firmó muchos autógrafos, uno de ellos a mi hermana menor (que luego me regalaría). Cuando empezó a levantarse para salir de esa "olla de grillos", salí por una puerta alternativa y me puse justó en la salida principal.

A los pocos segundos me encontré de frente con el espigado jugador; lo felicité por el logro, lo que correspondió con un "gracias compadre" y un apretón de manos.

Rápidamente se perdió en el enjambre de niños y jóvenes, que se peleaban por un saludo y una firma en papel. Yo me quedé conforme; conversé brevemente con mi ídolo del momento. ¡Qué más podía pedir!

Dion Valle siguió en Colo Colo hasta 1995. Jugó el mundial sub 20 de Qatar (con una actuación para el olvido del equipo nacional) y luego viajó a su Australia natal. Allí militó en los clubes Macarthur Rams, Perth Glory, Blacktown City y Marconi Stallions. En este último equipo se retiró en 2006.

Hoy es socio de la empresa DNA Design & Constructions en Sydney, según lo que consignó El Mercurio en una nota tras el reencuentro del plantel en 2011.

miércoles, junio 20, 2012

LAS GRINGAS EN EL BARCITO DE LA 1 SUR


Una de las últimas visitas que hice a Talca, para ser más concreto con motivo del matrimonio de Juan Ñaque en 2009, junto con mi esposa dedicamos parte de la jornada a revisitar lugares cargados de humor, nostagia y anécdotas.

Y desde la Plaza, no hace (o hacía después del terremoto) falta caminar mucho para encontrarme con historia personal; es el caso de un pequeño bar, con mesitas al aire libre, si mal no recuerdo en 1 sur entre 1 y 2 oriente. Para ser bien honesto, jamás tomé un trago ahí. Pero la "visión" que tuvimos junto al Bomba fue demasiado ridícula para soslayarla.

Caminábamos desde la plaza hacia el terminal, cuando en el mentado local nos encontramos al entrañable Osmar Mamedo junto a dos estadounidenses o británicas, disfrutando una alegre charla, con una sonrisa de oreja a oreja, cerveza en mano y con una sentada bien canchera.

Si mal no recuerdo, en la tónica discursiva de Mamedo, les preguntaba sobre la diferencia fonética entre beer (cerveza) y bear (oso). En esos menesteres estaba, cuando se dio cuenta de que ambos lo observábamos con cara de burla.

De un segundo a otro se hundió en la silla como un submarino, no sé si por miedo a las chanzas o para que no le estropeáramos el doble affaire.

Fuimos solidarios y lo dejamos seguir con su experiencia bilingüe, pero muertos de la risa en las cuadras siguientes.

Eso fue en 1999. Diez años después le tomé una foto al local, que en la última visita se encontraba vacío, listo para ser arrendado.

Pero la anécdota quedó para la posteridad.