domingo, diciembre 16, 2012

LA CANCHA DE LOS TORRES

El calor de diciembre me recuerda, entre tantas cosas, fin de clases y el comienzo de la temporada de pichangas veraniegas en Molina; juntar a los amigos y dirigirnos a cualquiera de los potreros destinados al fútbol era el imperativo posterior a la hora de once.

Ocasiones especiales eran las visitas a la famosa cancha de Los Torres, la mayoría de las veces ocupada. Pero cuando se podía, una gran oportunidad de chutear a un arco de dimensiones reglamentarias.

Aunque su acceso oficial era desde una de las casas de calle Quechereguas, nosotros entrábamos siempre por la población Luís Cruz Martínez, dejando atrás varias alambradas de púas (que en alguna oportunidad me jugaron malas pasadas) y un gran terreno repleto de cardos olorosos y punzantes.

El sol poniente, el molino, la plantación de choclo al sur y el olor a acequia eran los espectadores a nuestros prolongados partidos a cancha completa, área grande o simplemente tandas de disparos al arco.

A partir de lo que observo en Google Maps, parece que la cancha está algo abandonada, aunque los accesos han mejorado al transformarse el antiguo campo de cardos en una población.

Olores y vivencias de la infancia y la adolescencia, que con los primeros días con treinta grados de temperatura afloran de manera automática. En convivencia de tierra y pasto, con preeminencia de los primero, la cancha de los Torres está en mi mente y mi corazón...

Foto: Google Maps

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