lunes, noviembre 12, 2012

TENTANDO A ECHELON


El bus iba a la altura de Chimbarongo cuando el televisor de la máquina se encendió. Me sentí satisfecho de haber puesto el cinturón de seguridad en mi cintura, antes de que el instructivo del Ministerio de Transporte lo sugiriera.

Se acabó el fragmento en video, y pensé que era todo. Sin embargo, pronto comenzó la tradicional película de acción en los recorridos interprovinciales de Chile.

"Echelon Conspiracy", película que seguramente pasó al olvido para la industria cinematográfica, centrada en la red estadounidense que supuestamente ve y escucha todas las comunicaciones del planeta, me recordó una de las más recordadas ociosidades que hicimos en tiempo de estudiantes con mi colega y amigo Marco Espinoza.

Sin duda, la clase de Fundamentos del Periodismo en que el profesor Hugo Godoy habló sobre Echelon, del control del imperio contemporáneo, de la supuesta realización del Gran Hermano Orwelliano, nos tocó e inspiró.

Muy pronto quisimos acariciar las antípodas sudamericanas de la red, aunque en el fuero más íntimo sabíamos que nuestra insignificancia tornaría el experimento en un fracaso.

La idea sería conversar por teléfono de terrorismo, de atentados, de eliminar al imperio. Realmente no sabíamos si nos vendrían a detener agentes de la CIA camino a la universidad, o nos sacarían de nuestras casas a mitad de la noche para interrogarnos y torturarnos.

Pero este tipo de estupideces tornaban más atractiva la existencia bastante rutinaria de periodistas en ciernes. Con eso bastaba.

La ilusión de ser escuchados en el otro hemisferio me resultó excitante, pasar a la lista de sospechosos de Echelon provocó una mezcla de emoción y pavor.

Poco después recordé un cuento de Mario Benedetti con gran similitud con nuestra chanza; se trata de "Ganas de embromar", en que sus protagonistas, Barreiro y Armando, tejían en plan de broma una gran conspiración al notar que tenían el teléfono intervenido, lo que pronto se les salió de las manos.

Nuestra historia no tuvo un desenlace similar, sólo fue como un piloto televisivo sin salida al aire.

Volviendo al viaje, vi la película de buena gana, la que resultó más entretenida al ser matizada con mis reminiscencias.

Lo gracioso es que no debemos ir muy lejos para ser objeto de intervención de comunicaciones. Nuestras naciones tienen su propio Echelon a servicio propio o norteamericano. Piénselo cuando escuche un eco suyo durante alguna conversación.

Foto: Pablo Peña

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