jueves, septiembre 06, 2012

LAS RAREZAS DE LEVRERO


Cuando vi la foto junto a la reseña de su libro "El alma de Gardel" en la Revista de Libros de El Mercurio hace unos meses, con lentes de marco grueso, mirada penetrante y aspecto relajado, prejuiciosamente me dije: este tipo no debe escribir cosas aburridas.

Y no me arrepentí.

La pluma de Mario Levrero es un fiel reflejo de la literatura uruguaya, deliciosamente fría, de colores gastados, de personajes atribulados e inmersos al mismo tiempo en una latinoamericana Dimensión Desconocida; como el fútbol de la República Oriental, cuenta con ocasos melancólicos y canchas con sombras largas.

Me aventuré en el mundo de Levrero con la novela "La ciudad", relato suburbano-campestre, en que su protagonista transforma la compra de víveres en la visita involuntaria de un pueblo, cuya economía y esperanza se basa en un comercio anquilosado.

Este status quo es alimentado con un ilusorio optimismo encarnado por Giménez, responsable de la gasolinera, que misteriosamente subsiste sin clientes como el resto de locales, a excepción del bar.

Cuidadosos de cumplir al pie de la letra "el reglamento" y atentos a la llegada de los inspectores, sus habitantes viven o vegetan preocupados de nimiedades que los hace sentirse útiles.

Esta prosa polvorienta y de color oxidado, se transforma rápidamente para el protagonista en un laberinto tramposo y sensual en el afán de llegar a la estación de trenes que lo devuelva al mundo real.

En suma, me pareció una novela jocosa, misteriosa, angustiante. Digna de recomendar y un buen apronte para seguir en la senda literaria de este "raro" y surrealista creador de crucigramas, fallecido en 2004.

Foto portada de la primera edición de "La ciudad" gentileza de Cáctus Cultural UTE

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