domingo, septiembre 16, 2012

CORTE PROGRAMADO DE ENERGÍA


Hace un par de días llegó la notificación al edificio en que vivo, que el próximo fin de semana entre las 23 y las 05 horas, la empresa eléctrica realizaría una interrupción de servicio, para seguramente un control habitual.

Y aunque son sólo algunas horas, llama la atención cómo trastoca nuestra rutina una maniobra de este tipo; nos acostamos más temprano, encendemos luces de emergencia, cargamos teléfonos y otros artefactos, llenamos termos.

Nos sentimos vulnerables, aunque se trate de un lapso breve.

En ese escenario, resulta terrible proyectar en meses, años o décadas una ausencia de energía, considerando lo indispensable que significa para gran parte de nuestra humanidad. Los terremotos, las grandes tormentas, las sequías nos muestran cuan feble es nuestra modernidad.

Me parece muy atingente el tema, si nos ponemos a pensar en fenómenos tan comunes como tormentas solares, que de un soplo ardiente pueden colapsar los sistemas de generación y transporte de energía eléctrica, devolviéndonos al siglo XIX y transformando a la humanidad en párvulos planetarios; qué haría el mundo sin celulares, radios, televisores, computadores, internet, satélites, cajeros automáticos.

Tomemos en cuenta, además, que muchos servicios como el agua potable, mantienen y operan sus sistemas en función de la electricidad. Sumemos a ello la alta probabilidad de que nuestros electrodomésticos queden inutilizables.

Que sirva de ejemplo la tormenta solar de fines de agosto y comienzos de septiembre de 1859, que provocó auroras boreales visibles en Cuba y produjo grandes problemas a la incipiente telegrafía.

¿Qué haríamos cuando las pilas se agoten, los grupos electrógenos se queden sin combustible? Seguramente, renegar de la falta de visión por no desarrollar y difundir con mayor fuerza a nivel doméstico e industrial la energía solar o eólica.

Meditaciones mientras espero la llegada del corte programado, y me pongo a pensar en cómo sobrevivir con mi familia en el verdadero estado de naturaleza que implicaría una interrupción indefinida de energía.

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