viernes, enero 27, 2012

¿Y AHORA QUÉ?


Las movilizaciones históricas de 2011 a estas alturas asoman, a pesar de la cercanía temporal, como un recuerdo lejano de desahogo popular.

Muchos abrazamos y aplaudimos gran parte de los postulados estudiantiles, otros lo utilizaron simplemente como vehículo para hacerle la vida imposible al Presidente Piñera.

Como era de suponer, el verano y las vacaciones se transformaron en un alivio para el Gobierno, con el estudiantado disperso y en muchos casos terminando el año académico.

En este escenario, el ministro de educación Harald Beyer, ha ido preparando el pavimento para marzo; ante el Congreso ya adelantó mejoras en el sistema de financiamiento hacia las universidades (privilegiando a aquellas con mayor investigación, en desmedro de aquellas de perfil docente) y reestructuración el sistema de educación preescolar, para reformar un sistema que calificó de obsoleto.

Obviamente, el Gobierno y el Mineduc va un paso adelante, mas esto no significa un anquilosamiento total del movimiento estudiantil.

Las encuestas siguen marcando simpatía de la opinión pública a las demandas educativas, aunque un rechazo cerrado a las marchas y paros. A la par, el sector vinculado a la Nueva Acción Universitaria de FEUC dio vida al movimiento Revolución Democrática, buscando un cauce al descontento que fluyó el segundo semestre del año pasado.

A pesar de las válidas críticas realizadas por el historiador Alfredo Jocelyn-Holt en La Tercera respecto a la claridad de sus planteamientos, las que fueron replicadas en el mismo medio por Giogio Jackson y Miguel Crispi, la iniciativa me parece más interesante que los liderazgos de Camila Vallejo o Camilo Ballesteros,  inevitablemente teñidos con la impronta del Partido Comunista.

Un movimiento sin subsidiariedad partidaria (en el papel), ni culto a las personas (Vallejismo), representa con mayor autenticidad la esencia del descontento y las esperanzas estudiantiles desde mi punto de vista.

Por otro lado, y en la tónica de hace años, los estudiantes secundarios siguen siendo una masa reactiva, fuerte, pero sin visión de largo plazo; se los extraña formando instancias de mayor alcance y dejando de lado las diferencias internas.

Por desgracia, el afán gubernamental de avanzar con las anteojeras puestas seguirá, con la seguridad de que tienen el sartén por el mango.

¿Y ahora qué? Esa es la gran pregunta. Más allá de la naturaleza de las acciones de cada uno de los actores, estas siguen siendo unilaterales, sin ceder, sin invitar a un dialogo real, buscando impresionar a la opinión pública.

Lo grave es que de replicarse o ampliarse las medidas de presión en 2012, nos acercamos a un serio descalabro en la educación pública, una opción que a la derecha no le desagrada (se allana la senda privatizadora), y que debería ser ponderada adecuadamente por profesores y estudiantes.

Habría que confiar en el diálogo, en la democracia, utilizando los medios de presión con sabiduría y sin excesos. La inteligencia no se basa en imponer con o sin violencia los puntos de vista, sino que negociar con  habilidad, con el bien común por delante y las ideas claras.

Y por sobretodo, que los grandes acuerdos se logran muchas veces cediendo, sin que ello signifique una derrota.

Aún es tiempo para cambiar el rumbo de este barco amotinado, cuyos cañones hace tiempo apuntan hacia adentro.

No hay comentarios.: