martes, noviembre 22, 2011

BASTA YA

El pasado 6 de octubre, los periodistas Luis Narváez de Chilevisión y Felipe Salgado de Radio Bío Bío, fueron detenidos por Carabineros mientras cubrían una marcha estudiantil no autorizada.

El hecho de pedir identificación al funcionario policial que golpeó con un cabezazo al camarógrafo de canal 11 Gonzalo Barahona, motivó la molestia y posterior aprensión, un exceso y abuso a todas luces.

El caso tuvo amplio repudio en redes sociales y algunos medios de comunicación. Sin embargo, desde el Gobierno y Carabineros no hubo explicación al hecho, quedando en la absoluta impunidad.

Ayer se repitió el procedimiento durante la funa a Miguel Krassnoff fuera del Club Providencia, ahora contra el colega de ADN Radio Esteban Sánchez, quien fue detenido tras protestar por la aprehensión del realizador audiovisual Rodrigo Casanova. En esta oportunidad los funcionarios no portaban identificación, quedando todo nuevamente sin explicación ni sanción.

De un tiempo a esta parte la libertad de prensa poco vale para las autoridades que velan por la seguridad del país. Detener arbitrariamente a periodistas coarta la posibilidad de que la opinión pública cuente con el contexto amplio para emitir juicios, dando cuenta de un nulo interés por una ciudadanía informada.

¿Será ese el interés del Gobierno, del Ministerio del Interior? ¿Quieren a millones de chilenos satisfechos con el comunicado oficial de la Intendencia Metropolitana con la cifra de detenidos y daños?

Deben entender que no estamos en dictadura, y que sus excesos si no son sancionados por los órganos estatales, serán castigados por el electorado el 2013. La gente no olvida los horrores del pasado, entre ellos la información restringida.

Basta ya, respeto con la prensa y sus trabajadores.


Relato de la detención de Esteban Sánchez en ADN Radio 21.11.2011

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Imágenes de Chilevisión con la detención de Luis Narváez 06-10-2011

Fotos: Luis Riquelme y Diario La Cuarta

viernes, noviembre 18, 2011

Derrota ante la UC en final Copa Chile: DISFRUTANDO Y SUFRIENDO CON LA BARRA DE MAGALLANES


Las expectativas de la hinchada de Magallanes eran grandes para la segunda final de la Copa Chile; habían logrado un significativo triunfo de 1-0 sobre la UC de visita, por lo que el partido de vuelta en Santa Laura asomaba como la gran oportunidad de ganar un título después de 83 años de sequía (eso si no tomamos en cuenta los títulos de Tercera División de 1995 y 2010).

Con esa misma expectativa llegué a Santa Laura, con la esperanza de palpar en la galería carabelera una alegría tardía y muy probable.

Y fue agradable observar una hinchada masiva y multietaria, recordándonos los que fue el fútbol antes de la irrupción de las barras bravas. Familias completas, mujeres, niños, compadres, hinchas de la tercera edad, un mosaico emocionante.

Un espectáculo a parte fue la Bandita de Magallanes, interpretando la clásica "manojito de claveles", como un melódico lunar en las graderías albicelestes.


Un marco propicio para coronar una campaña excelente, con 14 partidos jugados, 8 ganados, 4 empatados y 2 perdidos, con una diferencia de gol de +15.

Con esos guarismos, y un entusiasmo total, comenzó el match con los cruzados, que pudo ser desnivelado por la Academia antes de los 15 minutos, luego de un centro por la derecha que no fue conectado adecuadamente por Salas, con el arco a entera disposición.

En tanto, la Universidad Católica aprovechó buena parte del partido las licencias que Magallanes daba en el flanco derecho de la zaga. No obstante, el gol cruzado llegó por la izquierda, en los pies de Daud Gazale a los 88 minutos.

Ni el dinámico y entretenido encuentro consoló a los hinchas de la Academia, que vieron como a dos minutos del final se escapaba el título, y pasaba a la lotería de los penales.

Definición que favoreció a la UC 4-2, sepultando de paso las aspiraciones frustradas por muchas décadas.

Mientras unos festejaban en cancha, la Plaza Chacabuco se transformaba en el destino de los hinchas cabizbajos, que buscaron en los buses el refugio silente para la desilusión. Pero la gente de Magallanes es resiliente, y el pasado exitoso siempre los rearma con nuevos bríos, y con el objetivo principal de ascender a Primera A en el torneo 2012.

Por más de noventa minutos fui hincha carabelero, me sumé a la esperanza y la decepción. Pero sobretodo, disfruté de un espectáculo sano y familiar que casi no se ve en nuestras canchas.