domingo, agosto 07, 2011

NO HEMOS APRENDIDO NADA


Da pena ver resurgir los odios de antaño, la verborrea acalorada, la rabia descontralada. Da pena escuchar termocéfalos pidiendo militares en las calles o cortes de caminos o rebeliones o expropiaciones ilegales.

Da pena la autoridad que prohíbe manifestarse, que niega derechos ganados con sudor y lágrimas. También dan pena quienes se sienten con el derecho exclusivo para protestar, y atacan a quienes desean defender posturas conservadoras, pero dignas de oír.

Da pena la prensa (a la que pertenezco), que de a poco, vuelve a generar trincheras, cediendo al interés, al sentimiento, y no a su rol primordial de informar con la máxima objetividad.

Da pena la política, que en lugar de poner paños fríos, lanza troncos multicolores a la hoguera del conflicto estudiantil.

Da pena la pusilánime economía, que vio con pereza como se alejaba la democracia de su lado, en una senda que debió seguirse a la par.

No hemos aprendido nada.

De nada valieron años de odio y muerte, de silencio e intrigas. De pobreza extrema. De recelos y desconfianza. De decretos supremos. De toques de queda. De exilio.

Y se suceden las bandas presidenciales y parlamentos de papel, partidos como agencias de empleo, ciudadanía olvidadiza. Estamos condenados a repetir mil veces las tragedias, las guerras.

Chile no se merece esto, los gestores silenciosos de la democracia (los que no ocuparon ministerios, ni grandes cargos) no esperaban esto.

Urge un plebiscito, como lo planteó un dirigente universitario. Pero que vaya más allá de la contingencia educacional, que nos reformule como sociedad.

Para así ahorrarnos penurias y desencuentros como país, para demostrar de una vez que tenemos los cojones para ser desarrollados.

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