martes, julio 26, 2011

CICLOVÍAS EN SANTIAGO, TIERRA DE NADIE…


El placer de recorrer la capital arriba de la bicicleta sería inconmensurable, de no mediar por una serie de factores que lo tornan a ratos (o tramos) molesto.

No hay conciencia, ni reglas claras.

Por un lado, al común de los peatones le importa un comino caminar por las ciclovías de la capital como si se tratara de un paso peatonal, a veces lo hacen con grandes cargas. Uno se ve obligado a detener la marcha continuamente, a pasar malos ratos frente a la falta de respeto por estas rutas; la Ley de Tránsito en el artículo 2º justamente las define como “espacio destinado al uso exclusivo de bicicletas y triciclos”, lo que es reafirmado en el artículo 133.

Otras veces los automóviles quedan atravesados en la mitad de los pasos para bicicletas, sumando una nueva fuente de disgustos.

En suma, es cómo si las bicicletas fueran invisibles para el común de los chilenos.

Pero los ciclistas no siempre son lo suficientemente concientes. Es común ver a muchos circulando en una ciclovía contra el sentido establecido, o sin el casco de seguridad, o con cargas enormes.

La Ley de Tránsito está lejos de colmar las expectativas de los usuarios de la bicicleta en el país. No observo sanciones claras para los peatones o automovilistas que infrinjan la ley, tampoco veo a Carabineros con una actitud proactiva en pos de cumplir la normativa.

Por otro lado,hay zonas en que la diferencia entre vereda y ciclovías lo marca una línea amarilla, que nunca es considerada por los transeúntes (por ejemplo, Alameda a la altura de Amunátegui, lugar en que existe un paradero de colectivos). Esa falta de claridad es causa de muchos accidentes y malos ratos.

O sea, las ciclovías se transforman en una tierra de nadie, y en un riesgo permanente para los cultores de la bicicleta.

El 11 de junio de 2009, la ex Presidenta Michelle Bachelet envió al parlamento un proyecto de ley “que incentiva el uso, fomento e integración de la bicicleta”. Sin ser la mejor legislación, si colma algunos vacíos, asigna deberes al Estado (haciendo hincapié en las municipalidades), y establece algunas presunciones de responsabilidad algo ambiguas en caso de accidente.

No obstante, sigue sin superar el primer trámite constitucional en la Cámara de Diputados, con sucesivos retiros de urgencia.

En el plano de las ciclovías, la Cámara de Diputados se puso en discusión en la Comisión de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones, la modificación de la ley de tránsito para regular la circulación de ciclistas y peatones.

Se trataba de incorporar al artículo 29 el siguiente inciso: “Se prohíbe asimismo a los peatones transitar por ciclovías, como también a ciclistas transitar por calles o avenidas. Pero si en la zona donde se pretendiere transitar a través de bicicletas no existieren ciclovias, se podrá circular por la acera con la debida diligencia y cuidado”.

Con algunas objeciones a la propuesta (en particular a la prohibición en calles), era un buen punto de partida de debate para definir áreas de tránsito y evitar accidentes. Pero la normativa está estancada, sin urgencia, en primer trámite, y sin el patrocinio de los diputados.

En suma, no hay voluntad política, ni de la comunidad. Una mala postura que no va en concordancia con otros países de OCDE (entidad a la que pertenece Chile cada día con menos propiedad), que promueven el uso de transportes menos contaminantes y que s su vez promueven una mayor economía familiar, el esparcimiento y la salud.

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