domingo, diciembre 19, 2010

DÍAS DE LIGUILLA


Hace unas semanas, en la siempre agradable columna de Marcelo Simonetti en La Tercera, éste planteaba los recuerdos que le traía el torneo de todos contra todos y su inagualable suspenso. En uno de sus párrafos decía que "de pronto, cuando aún resuenan los ecos de la partida de Bielsa y no está demasiado claro qué ocurrirá en la testera del fútbol nacional, el campeonato ha cobrado una espectacularidad como esos torneos que se jugaban antaño, en los que, hasta última hora, no sabíamos quién habría de ser el campeón".

Algo que entiendo plenamente, en especial por la reedición de Liguilla de Copa Libertadores, un mini torneo que servía de premio de consuelo a quienes no les alcanzó para levantar el trofeo, y querían salvar el honor del año finalizado y las finanzas del venidero.

Y aunque el formato no es el mismo, la reminicencia vino de inmediato.

Recordé la liguilla de 1990, por ejemplo, en que Universidad Católica, Unión Española y O'Higgins sucumbieron en las jornadas de miércoles, viernes y domingo del Estadio Nacional, ante un modesto Deportes Concepción.

Bajo la dirección de Fernando Cavallieri, y un plantel en que destacaban el portero Nicolás Villamil y el goleador Juan Carlos Almada, los lilas se ganaron los pasajes para la Libertadores.

La UC tendría su revancha en 1992, dejando en el camino, con el citado Almada en la delantera a Colo Colo, la U y Unión Española. Sin embargo, si por algo quedó en la historia esta edición, fue por el clásico entre albos y azules, en que estos últimos necesitaban un empate para volver a la justa continental. A los 90 minutos el marcador estaba en blanco, hasta que un gol de Hugo Rubio postergó el festejo, que finalmente sepultó la UC.

Y así suman las anécdotas, las sorpresas, como Deportes Temuco en 1993 dejando con las ganas a los cruzados, en ese instante subcampeones de América. O el O'Higgins de De Luca, Roque Alfaro y Aníbal González, constante animador de estos estresantes, agobiantes e impredecibles torneos.

Tras desaparecer a fines de los noventa, y con la llegada de los campeonatos cortos y los play off, la liguilla tuvo un renacer.

Y aunque esta vez no hubo invitados de piedra, ni tanta emoción, se trató de un buen ejercicio para la nostalgía futbolera, con sabor a helado de agua, a fiestas de fin de año, a término del colegio y ocasos extraviados tan comunes de verano.

Fotos: Revista Triunfo

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