domingo, enero 10, 2010

LOS CAÍDOS DE MEOTOWN


En 1978, el pastor estadounidense Jim Jones trasladó a los feligreses de su secta a Guyana, en un villa creada por él mismo bajo el nombre de Jonestown. Allí, llevó a 913 personas al suicidio colectivo con promesas de fin del mundo y salvación.

Se trata de un hecho trágico, que se me vino a la mente, guardando obviamente las proporciones, tras leer una entrevista que dio a El Mercurio el diputado independiente (que perdió la reelección) y ex mano derecha de Marco Enríquez-Ominami, Álvaro Escobar.

Comenta, entre otros tópicos como el "díscolo ME-O" generó tal optimismo y seguridad del paso a la segunda vuelta, que llevó a muchos a abandonar sus propias actividades (en el caso de Escobar su campaña a la Cámara) en pos de una cruzada que en definitiva no dio los resultados pronosticados.

"Siempre pensamos que Marco iba a ganar. Todo lo que dije en primera vuelta, que Marco era el candidato más competitivo para la segunda vuelta, que era el único que iba al alza, que íbamos a pasar... todo eso yo me lo creía. Estaba completamente convencido" comenta, agregando más adelante que "Me dediqué más a la campaña presidencial. Los números de las encuestas que yo manejaba eran tan elocuentes, categóricos y groseros a favor mío, que pensé que podía dedicarle más tiempo a Marco, en desmedro de mi campaña. Mi cálculo era que, para perder, tenía que bajar a la mitad de mi votación del año 2005, cuando obtuve sobre 42%. Bajar a la mitad era francamente imposible. Pues, les informo que los imposibles ¡existen!".

Seguramente hay varios huérfanos de ME-O, pateando piedras, pegando con cinta adhesiva el carnet del PS u otra colectividad que alguna vez rompieron, tras ser comparsa en un suicidio político. Porque a estas alturas ni el mismo Enríquez sabe que hacer con su vida, tal como lo describe tan sarcásticamente Joe Black también en Reportajes de El Mercurio (bajo el título de "Más o Meos no más"), señalando a grandes rasgos, que el ex presidenciable se transformó en un David Banner político haciendo dedo en la carretera.

"Este monstruo no tenía malos sentimientos ni malas intenciones, pero siempre las cosas le salían mal. Una de las imágenes más tristes que recuerdo de mi infancia es la de David Banner haciendo dedo, solo, a la orilla de un camino, con apenas un pequeño morral y una chaqueta sobre el hombro (...) Y lo conmovedor no es sólo su condena a ser un sujeto solitario y errante, sino el contraste entre el tremendo poder que tenía la noche antes, cuando estaba convertido en 'Hulk', y la fragilidad de la mañana siguiente, en que ruega a los automovilistas que lo trasladen adonde sea que vayan". Hilarante comparación, incluída la caricatura.

Tal vez, la carretera que recorre taciturno, a la puesta de sol, lo aleja de esa Meotown que quiso contruir a expensas de políticos y simpatizantes, a quienes les ofreció el oro y el moro en un potencial gobierno, para la satisfacción de un anhelo tan enfermizo como irrealizable.

Imágenes: El Mercurio

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