martes, noviembre 24, 2009

EL ESFUERZO, "SIN TEMORES NI VACILACIONES"


Gran curiosidad me producía el tipo de diario que era El Esfuerzo de Victoria, medio de comunicación fundado por mi bisabuelo José Andrés Padilla en 1911. Por ello me di tiempo para recorrer la Biblioteca Nacional de Santiago, y bucear en la historia.

Como era obvio, me encontré con rollos de microfilm con el legado periodístico de un pueblo de La Araucanía.

De partida, el lema "sin temores ni vacilaciones" me provocó gracia, por tratarse de un declaración de principios más allá de un editorial. Era un periódico explícitamente radical, con artículos de opinión, anuncios comerciales y de servicios, bastante completo para los años de los cuales hablamos.

En la revisión somera que hice de las publicaciones, fiel en portada estaban los relojes de Benito Aguayo (con una ilustración, me imagino que bastante costosa de imprimir y publicar) y el recuadro promoviendo las suscripciones.

También habían artículos de opinión sobre polémicas locales, en los tiempos en que un columnista era toda una autoridad.

Me quedé con una imagen de una de las portadas, del sábado 11 de noviembre de 1916, como un antecedente familiar importante, más aún cuando uno es periodista.

lunes, noviembre 09, 2009

AB SOFORT!


Tenía once años cuando cayó el Muro de Berlín aquel 9 de noviembre de 1989. Por esos días, mi mayor inquietud era si para el mundial de 1990 Alemania iba a jugar como una sola escuadra. Implicancias deportivas de las que ya hacía eco Günter Grass en el libro “Mi siglo”, a propósito del match entre la RFA y la RDA en la Copa del Mundo de 1974 y la bifurcación de amores, la división del corazón nacional que provocó la amarga masa de cemento desde su construcción en 1961:

“¿Qué, cuál conflicto interno se desencadenó en mí, qué campos de fuerza me solicitaron cuando Sparwasser marcó el gol? ¿A favor? ¿En contra?(…)Es cierto que en el primer tiempo no se marcaron tantos, pero cuando el pequeño y ágil Müller, en el minuto 40, puso en cabeza a la República Federal por un pelo, al dar sólo en el poste, casi hubiera caído en éxtasis gritando ¡gol, gol, gol!, y hubiera celebrado en mi celda la ventaja del Estado separatista occidental, lo mismo que, por otro lado, estuve a punto de dar rienda suelta a mi júbilo cuando Lauck regateó limpiamente a Overath, y lo mismo que, en lo que quedaba del partido, dejó plantado incluso a Netzer, pero falló por muy poco el gol de los alemanes federales(…)Uno acompañaba con sus comentarios partidistas hasta las decisiones del árbitro uruguayo, que unas veces favorecían a una Alemania y otras a la otra. Me sentía indisciplinado, por decirlo así, dividido(…)Uno a cero a favor de Alemania. ¿De qué Alemania? ¿De la mía o de la mía? Sí, en mi celda rugí desde luego ¡gol, gol, gol!, pero al mismo tiempo me dolía que la otra Alemania fuera perdiendo”.

Dura encrucijada la que plasma el oriundo de Danzig en uno de sus relatos, que en la mayoría de los casos adquiría ribetes dramáticos, con familias separadas, sueños truncados y un régimen socialista apabullante y censurador. Para muestra, vean el film “La vida de los otros” del director Florian Henckel von Donnersmarck, donde se muestra el grado de invasión a la privacidad al que podía llegar la Stassi, policía secreta de RDA, para asegurar el control de la población.

Una aberración de la que han sido cómplices muchos chilenos, tal como lo señaló este domingo Roberto Ampuero en Reportajes de La Tercera. “Cuando regresaba a mi departamento después del paseo, sentía, por una parte, la alegría por los millones de alemanes del Este, en algún momento conciudadanos míos, que en noviembre de 1989 conquistaron pacíficamente la libertad; y por otra, la irritación por el silencio que aún guardan compatriotas –líderes o militantes de izquierda de entonces- que respaldaron tácita o implícitamente tanto esa frontera criminal (el muro) para justificar un régimen supuestamente humanista como la utopía global supuestamente progresista que los inspiraba. Si, me irrita esa complicidad abierta o embozada de la que se desentendieron tras el derrumbe del muro para enfocarse en la recuperación de la democracia en Chile”.

Y seguimos con pintura descascarada de ese muro en el país... sin ir más lejos, Erich Honecker murió acá en Santiago en 1994 y su viuda hasta ahora es residente...
Por toda esta desgracia, es que consideramos un héroe al periodista italiano Riccardo Ehrman (en esta foto publicada por la revista Deutschland), quien hizo la pregunta clave al portavoz del gobierno de la RDA Günter Schabowski, respecto a una regulación que permitía a todo ciudadano de la RDA salir del país por cruces de frontera: “¿Cuándo entra en vigor?, preguntó Ehrman. Ab sofort! (De inmediato) contestó Schabowski”. Fue como una abrir de golpe la compuerta de una represa... los alemanes orientales salieron a raudales hacia la libertad.
Con ansias espero llegar esta tarde a la Plaza Mulato Gil de Castro en Santiago, donde se exhibirá un trozo del histórico muro, para absorber las lágrimas, el sudor y los anhelos que atravesaron esos ladrillos malditos.
La RDA huele a moho, a humedad, la misma que tiene una copia de su Constitución que existe en la casa de mis padres, que seguramente llegó a Chile en español a comienzo de los setenta para inyectar con más ideología a la UP. La encontró mi padre entre unos libros antiguos hace años. "Esto es historia" me dijo. Una historia pestilente digo yo.
Foto de cabecera Cancillería Alemana

viernes, noviembre 06, 2009

MANOJITO DE CLAVELES


"Te tengo una joyita" me comentó en el pasillo mi amigo y radiocontrolador de la Radio Usach, Ricardo Hinojosa. De repente saca un disco 45 RPM alusivo al Club de Deportes Magallanes, que rápidamente puso en el tornamesa. El lado A tenía el himno de club, que seguí con la vista en la carátula.

Sin embargo le pedí que diera vuelta el disco, porque el lado B contenía una de las tantas canciones que mi madre me cantó de niño... el "Manojito de Claveles". Fue una vuelta a la infancia, con esas canciones que sólo en el background de mi mamá es posible encontrar, como si se tratara de un relato oral e irrepetible. ¿Cierto mamá?

Lo escuché con emoción, con olor a charquicán, porotos con mazamorra, leche con mote y otras preparaciones que iban de la mano con estas melodías maternales.

Le agradecí a Ricardo la remembranza, que despertaba con el punzante roce de la aguja sobre los zurcos de vinilo. Para quienes no lo conocen, o desean volverlo a escuchar, dejo esta versión de 1974 del "Manojito de Claveles", con el clásico sonido de papas fritas en el parlante.

jueves, noviembre 05, 2009

ÁLVARO HENRÍQUEZ Y EL LIGURIA


Con los Impresentables era habitual acudir a bares de poca monta y hacer “la vaca” para sus botellas de cerveza. No nos hacíamos problema, porque la idea era simplemente compartir. Sin embargo, una noche de mayo de 2003 juntamos unos pesos más y sugerimos visitar uno de los templos bohemios santiaguinos: el Liguria.

Por esos años, los Pettinellis se habían encargado de publicitar el local en uno de los track de su disco, el “Himno Internacional del Liguria”, por lo que la idea de tomar un trago allí era aún más seductora.

Tras las clases tomamos el metro hasta Manuel Montt y entramos. Inmediatamente aspiramos la atmósfera envolvente, penumbrosa y eminentemente musical del sitio, generando emoción extrema en algunos de mis contertuilios.

Me llamaron la atención unas mesas en espacios cerrados, como si se trataran de privados, con cortinas y lámparas de luces amarillentas. El resto eran mesas simples, imbuidas en un ambiente repleto de fotos añosas, antigüedades.

A mi me pareció más que inspiradora… por ello tras pedir unas cervezas a precios exorbitantes para nuestras diezmadas arcas (adjunto imagen de la boleta), saqué una hoja y me aproveché del entusiasmo para que dejaran plasmados en papel sus sentimientos inmediatos. Y no me defraudaron mis amigos.

Bastante contentos con la experiencia, nos preparábamos para pagar y volver a nuestra realidad suburbana, cuando a la distancia divisamos en la barra a Álvaro Henríquez.

Tras las interjecciones por este encuentro fortuito, todos queríamos ir a saludarlo. Sin embargo, no fue hasta que yo me acerqué al músico que mis amigos salieron de la estupefacción y me siguieron; bebía en una copa vino tinto, desconozco cuando ya había tragado, lo cierto es que las luces de la barra le daban un tinte rosado al elixir, que era degustado con agrado.

Henríquez se caracteriza por ser bastante antipático, sin embargo, recibió de buen agrado mis saludos y mis felicitaciones por el disco, que por esos tiempos escuchaba profusamente.

Tras estrechar las manos con el líder de los Tres, procuramos no incomodarlo, y finalmente salimos, sabiendo que el costo extra de las cervezas significó el ticket para conocer a uno de los grandes de la música nacional.