domingo, octubre 11, 2009

CAMISAS PARDAS POR CAMISAS GRANATE


Con estupor me enteré en El Mercurio del viernes pasado que Hugo Chávez logró aprobar la creación de las denominadas Milicias Bolivarianas, que según la nota de prensa incluirá a voluntarios que trabajan en instituciones públicas y privadas, para ser registrados, organizados y adiestrados militarmente. Se tratará de fuerzas que defenderán la revolucióna ultranza y la obra bolivariana con las armas.

Uno no puede dejar de hacer el paragón con otra organización paramilitar de gran arrastre en una de las dictaduras más horrendas de la historia: los Sturmabteilung o "camisas pardas" de Adolf Hitler. A partir de estas brigadas, la telaraña del terror del Nacionalsocialismo alemán fue generando su gran poder.

Y en realidad preocupa a nivel sudamericano como la actitud de Chávez adquiere similitudes con el Tercer Reich, como un régimen autoritario y beligerante. Asumiendo que el líder venezolano emula conciente o no a Hitler, no sería de extrañar una invasión a Guyana o Surinam, como una advertencia de una operación para una expansión mayor.

En un artículo del diario español ABC, apuntan a una defensa en una eventual guerra civil.
Sin embargo, yo soy más mal pensado, y creo que la República Bolivariana podría aspirar al sueño del libertador y agrupar a varias naciones, anexarlas en un futuro no muy lejano. Una estrategia hábil ya en marcha es el apoyo a gobiernos como Bolivia y Ecuador, que han hecho causa común y tomado políticas de corte autoritario. Podría unirlas sin disparar un tiro.

Colombia, por su parte, debería ser un objetivo militar; Chávez ya movió tropas en la frontera en 2008 y nada hace descartar que lo vuelva a hacer o se le ocurra atacar. Ya lo dijo hace poco en una cumbre de presidentes, "soplan vientos de guerra en América".

El "Putsch" de Münich de 1923 ya tuvo su parangón con el fallido golpe de Estado de Chávez en 1992. En Venezuela la ideología única poco a poco apaga la libertad, como ocurrió en la Alemania de la década de 1930 y plantea una inquietud a toda Latinoamérica: ¿Cuál será el momento para detener a la revolución bolivariana?

La idea es no esperar una fatídica conflagración continental.

sábado, octubre 10, 2009

LA SANA COSTUMBRE DE LEER COLUMNAS


Antes que la entronización de "opinólogos" hiciera de la televisión chilena la gran tribuna para la conversación de cada día (todo inmerso una preocupante banalidad), eran los diarios y revistas los espacios por antonomasia para generar debate, controversia y tema.

Y es complicado en estos tiempos encontrar una buena columna de opinión, sin un afán lesivo con ampulosa mala intención. Hay tres de estos espacios que colman mis expectativas, y que espero con ansias cada semana.

Una de ellas es la columna de los viernes en La Segunda del escritor Jorge Edwards, que suele desarrollar, a partir de un tema contingente, un paseo por los alcances históricos, literarios y anecdóticos del tópico en cuestión. Un viaje que encanta por la erudición, siempre con un aporte cultural para enriquecer las mentes. A pesar de que en ocasiones divaga bastante, la montaña rusa del relato es parte del gusto, con una prosa viva y hábil. Una de sus últimos textos interesantes fue alusivo a Manuel Zelaya y los caudillismos latinoamericanos.

En la misma línea erudita, pero con perfil más analítico (propio de un filósofo del derecho) la columna de Agustín Squella de los viernes en El Mercurio, nos pone constantemente en dilemas valóricos a partir de situaciones del cotidiano; me queda en la memoria, de una de sus últimas entregas que tratan la bipolaridad patriótica chilena. Atención, se recomienda leerla en calma, con los tiempos para una meditación y asimilación.

El tercer columnista se dedica al deporte, con una mirada amplia y documentada del quehacer de cualquier disciplina. La tribuna del periodista y escritor Marcelo Simonetti es una necesidad cada sábado en La Tercera. Llama la atención el nutrido anecdotario deportivo que acompaña sus columnas, y el juego con las proyecciones tan propio de este sector informativo.

Me niego a perder la costumbre de disfrutar una buena columna, lanzar una idea leída en algún diario en la tertulia del almuerzo, y hacer sociedad como antes, en que las grandes discusiones del país veían la luz en el seno de la llamada "intelligentzia". Los "opinólogos" al tarro de la basura.

UNA HISTORIA DE AGUILUCHOS EN CASCARONES DE ACERO


Mientras los padrones de los partidos políticos se avejentan, hay quienes vislumbran una crisis en la colectividades si no se renuevan los cuadros directivos. Las juventudes partidarias saben que no es un derecho adquirido y que deben ganarse sus espacios.

Rodrigo Alcaíno Padilla (Publicado en Usach al Día)

Cada vez que escucho a mi padre hablar de la marcha de la Patria Joven de la Democracia Cristiana en los sesenta, o los muchachos que impulsaron la Unidad Popular a principios de los setenta, incluso el rol de una generación truncada que vio en el plebiscito de 1988 un canal abierto para dar rienda suelta a un descontento generalizado, uno se pregunta qué pasó, donde se extravió tal entusiasmo y la presencia destacada de los menores de 30 años.

Hoy en su mayoría los vemos llenando vacíos en fotos de candidatos, pegando carteles o haciendo el trabajo comunitario que cada militante debería realizar, sin importar su edad.

Los padrones de los partidos políticos se avejentan, a la par del universo de votantes para cada elección; sin ir más lejos, a pesar de las campañas del Instituto de la juventud y el Servicio Electoral, para estos comicios sólo 200 mil nuevos ciudadanos harán uso de su derecho.

Sin duda hay una barrera entre los sitios de protagonismo en las colectividades políticas chilenas y los grupos de recambio.

Partidos y jóvenes con diferente norte
Respecto a la representación juvenil, el académico del Instituto de Estudios Avanzados IDEA de la Universidad de Santiago, Vicente Espinoza plantea que “hay pocos militantes jóvenes porque los mismos partidos provocan un efecto de exclusión”.

Según sus antecedentes, los militantes jóvenes constituyen un grupo minoritario dentro de sus partidos siendo, según estimaciones, entre el 2 y el 5 % de los militantes, poco más de diez mil jóvenes. Una cifra bastante elocuente.

Espinoza hipotetiza en torno a la problemática y señala que “hay partidos más interesados en ganar elecciones que en generar temas que atraigan a los jóvenes”.

Agrega que “los jóvenes ingresan a los partidos políticos movidos por un interés por lograr una transformación social. Los partidos aparecen como las herramientas más apropiadas por su cercanía con el poder y la influencia en las decisiones”.

Los principales obstáculos reconocidos por los jóvenes en su vida partidaria se refieren al escaso recambio generacional, que les cierra la puerta a su ascenso dentro de la estructura regular o reduce las oportunidades de conseguir cupos para elecciones populares.

Mano de obra barata
En una tónica similar, el sociólogo e investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile (IDEA Usach), Dr. Cristián Parker, cree que por la valoración que tienen los jóvenes, hay un serio riesgo de que los partidos no tengan una renovación adecuada.

“En los partidos, los jóvenes constituyen una suerte de mano de obra barata. Tengo la impresión de que hay un problema grave hacia el futuro, porque hay un tema de la reproducción de la propia dirigencia partidaria. En la medida en que los partidos no los incorporen de una manera más decisiva y nos los hagan participar, hay un riesgo a mediano plazo de agravar una crisis interna en los propios partidos”.

La desazón juvenil tiene mucho que ver las instituciones comenta el sociólogo, que son las que debieran transformarse para entusiasmar a las nuevas generaciones. “Ese desencanto con la política, creo que tiene que ver con un problema de la cultura del siglo XXI, un desencanto con las instituciones, no sólo con los partidos políticos. Es un tema muy desafiante para la posibilidad de la gobernabilidad democrática. Cómo se reencantan las instituciones, lo que no es fácil, ya que estas tienden a ser aplastadoras del sentido de los valores y el entusiasmo”.

Inclusión de savia nueva
Y aunque en el ámbito juvenil pareciera que las cúpulas de los partidos políticos hicieran oídos sordos, hay quienes notan la carencia de oportunidades en este segmento de la población y creen en una solución sin que las colectividades sufran grandes crisis.

Al menos eso se desprende del diagnóstico que hace el cientista social y ex vocero de gobierno en la administración de Patricio Aylwin, Enrique Correa.

El reconocido político cree que hace falta un recambio efectivo en las distintas colectividades, sin embargo advierte que “es muy importante que en la renovación del liderato político chileno, se note una mayor democratización del país. En los paneles se planteó con mucha fuerza un reclamo por una naturaleza endogámica de las elites que se autoalimentan a si mismas. Y creo que deberíamos tener una sociedad más diversa y meritocrática”.

Correa agrega que a esta renovación basada en el mérito, debe incluirse un refresco efectivo del Estado para coadyuvar a una efectiva renovación, “que ha sido de alguna manera ocupado, por los clientelismos políticos, o por redes familiares, o por una selección de personal que no favorecen la meritocracia”.

Consultado si este fenómeno pone en riesgo la existencia de los partidos políticos, el ex ministro la descarta, pero insiste en la necesidad de savia nueva. “Pienso que en Chile el sistema de partidos es muy fuerte, como es muy fuerte la democracia. Lo ha sido fuerte siempre con la sola interrupción de la dictadura. El presidente Ibáñez probablemente fue el único que gobernó sin los partidos. Pero sin duda que el sistema político para llenarse de oxígeno, para seguir siendo un sistema político vivo, vigoroso, requiere inyectar sangre joven”.

Sistema binominal y mercado
¿Qué tienen que decir los dirigentes juveniles de los Partidos Políticos? En este sentido, Héctor Maturana, secretario nacional de la Juventud Demócrata Cristiana reconoce que el sistema de mercado relaja a la población y produce consumidores, tal como exponía Cristián Parker.

“Este sistema de mercado obviamente que va provocando más que ciudadanos, consumidores. Y desde el momento en que te va produciendo consumidores, se van dejando de lado ciertos valores, y ciertos aspectos comunes de la vida, como conocer a tu vecino, participar de una junta de vecinos”.

Por ello, reconoce que existe una crisis de participación, aunque cree que hace falta más actitud en las nuevas generaciones. “Hay una crisis dentro de los mismos partidos, uno tiene que ser objetivo. Sin embargo, yo siempre he sido un convencido de que en política nadie te regala nada, y sobretodo en el tema de los espacios uno se lo tiene que ganar”.

En tanto, Óscar Aroca, Secretario General de las Juventudes del partido Comunista, cree que el sistema binominal influye necesariamente en la consecución de espacios para la juventud en estas colectividades.

“El sistema político en general no permite la participación de los jóvenes. Y eso está influenciado, y lo compartimos el 90% de los exponentes, con el sistema binominal que reproduce el sistema y reduce la participación a los mismos personajes de siempre dentro de la política. No genera incertidumbre, no permite que los jóvenes crean en la posibilidad de realizar transformaciones, porque esto ya viene determinado” comenta el dirigente de izquierda.

Con diagnósticos claros, vale la pena preguntarse si ese ímpetu para imponerse del que habla el secretario general de la JDC es el elemento clave para ganar espacios, sin que la ideología sea un impedimento.
Por otro lado, una adecuación en la institucionalidad puede entregar un impulso definitivo a ese afán de abrir caminos, asignando a su vez un peso significativo al mérito.

Así los cascarones serán más suaves, las alas no se quebraran, y los aguiluchos de la política nacional podrán volar a horizontes de una sociedad chilena más inclusiva, renovada y eficiente.