sábado, septiembre 26, 2009

VIVENCIAS DE UN PERIODISTA DE VIEJA GUARDIA


Generalmente, suelo entrar en conflicto con algunos postulados y premisas con que los periodistas de la vieja guardia basan sus entregas informativas. Sin embargo, el anedotario que traen a cuestas siempre se agradece para llenar los corazones de una buena y simpática historia.

Algo así me ocurrió hace unos días en el marco de la entrega de los premios de la Academia Chilena de la Lengua; no sólo me di el gusto de entrevistar brevemente a Jorge Edwards, sino que pude gozar con el relato de uno de los homenajeados, el periodista Enríque Ramírez Capello, ex-editor del diario "Las Últimas Noticias", ex redactor en las secciones de cultura de las revistas "Ercilla" y "Hoy", y actual columnista de "La Nación" y de "El Sur" de Concepción.

Me llamó la atención el modo en que recurrió a retratos para agradecer a quienes le fueron marcando el camino hacia una vida periodística plena y un buen reporteo, sacarse la vergüenza de una nostalgia o una emoción entre sollozos, y entregarla a los presentes como un vocablo más.

Con el avance del relato, fui agradeciendo haber mantenido mi grabadora junto a uno de los parlantes, porque pude dejar plasmada en audio esta suma de vivencias, que uno en la humildad de periodista relativamente joven, espera dejar en su equipaje de la existencia.

Con agrado comparto este audio.

lunes, septiembre 21, 2009

LA BANDERA DE MOLINA


Luego de que se presentara en sociedad la bandera restaurada con que se juró la independencia, no pude dejar de sonreir. Los tonos vetustos me recordaron el símbolo patrio que hasta el año pasado mi padre hacía flamear en la casa de Molina; lo gracioso es que es tan antigua que los colores se han ido desvaneciendo, casi al nivel de aquella que enarboló O'Higgins el 12 de febrero de 1818.

Más allá de cualquier tipo de chanza por el emblema, éste también pasó a los cuarteles de invierno desde este año, tras miles de 18 de septiembre bajo el sol, la lluvia y el viento. Una de colores más vivos toma el testimonio.

No cabe duda que formará parte del folklore de la casa de mi padres, el ritual de limpiar el mastil blanco, colocar la bandera planchada con esmero y plantarla orgullosa frente al hogar, aunque se estuviera cayendo el mundo, o uno estuviera enfermó con fiebre.

Con esa bandera también van de la mano años de entrega de espíritu cívico y republicano, que uno guarda muy profundo en el corazón.

Feliz jubilación al emblema de mis abuelos y mis padres...

lunes, septiembre 14, 2009

ALGO MÁS QUE UN JUEGO


Bastante revuelo provocó en los últimos días la aparición en el mercado de un juego electrónico que permite, en el mundo de la realidad virtual ser un beatle. Logré adentrarme más en esta nueva estrategia de marketing en torno a los Fab Four, leyendo un artículo publicado en la Revista del Sábado por un tal Francisco Aravena, dónde describe cómo se transformó en John, Paul, George o Ringo gracias a la tecnología.

Y claro, tal como se expone en el texto, esta interacción con cables y bytes puede colmar las ansias de tocar algo del virtuosismo de los de Liverpool, sin saber intepretar una sola nota.

Sin embargo, nada iguala el dar vida efectivamente esas notas, con la adrenalina y la emoción a flor de piel.
Nunca olvidaré una tarde de noviembre de 2002, en que en compañía de algunos compañeros de universidad, canté y toqué "Hey Jude", la ocasión en que me olvidé del año, la audiencia, y me transformé en McCartney en 1968.

No hubo joystick, ni pantallas, sólo el teclado, mis dedos y mi voz. Ese juego lo llevé, lo cargué y lo gané a fuerza de emoción, que al fin y al cabo libera los nervios de enfrentar al público. Me sentí pleno.

Las realidades del Play station intentan equiparar las emociones palpables, tratan de democratizar las experiencias límite que van enriqueciendo las almas de los seres humanos. Por ende, nos estamos transformando en constructores de vivencias, como quien falsifica un curriculum vitae. Existen ciudades, relaciones humanas, sociedades que conviven en las redes virtuales sin el aroma del sudor, de una taza de café, de una quemante cuerda de guitarra rota, de una nariz quebrada por un puñetazo...

Pueden remedar la experiencia real, como en el caso de este juego. Pero nada igualará el nervio en las entrañas, la amalgama entre canto y sentimiento, y el aplauso del público.