viernes, junio 19, 2009

RESUCITANDO AL CHINO


Luego de leer el titular y la nota publicados en La Tercera de ayer, respecto a una eventual participación como jugador de Marcelo Ríos en el equipo de Copa Davis, que en septiembre se jugará la permanencia en el grupo mundial contra Austria, me acordé del match de primera ronda entre Bahamas y Chile en 1999.

La escuadra nacional ganaba la confrontación por 4-0 en Nassau, y el quinto partido era una mera formalidad. Un joven Fernando González se encontró al frente con John Farrington, jugador en ese entonces de 41 años; a través de la televisión, la aparición del jugador de color, con evidente sobrepeso y torpeza me produjo gracia, imaginaba que los dirigentes de la federación de tenis local lo habían sacado de su silla de playa mientras tomaba un daiquiri a la orilla del mar.

Ese 14 de febrero de 1999 González ganó por 6-4 y 6-3, ante un rival que no jugaba hace bastante tiempo.

Esa hilaridad hoy la transformo en preocupación por lo que pueda ser el rendimiento del mermado equipo chileno de Copa Davis, y de molestia por la actitud de la Federación de Tenis de la región de O’Higgins, promotora de la locura de poner en cancha al Chino.

No es posible que por subsanar las pérdidas ante la deserción de Fernando González se trate de “resucitar” a un Ríos de 33 años, con poca competencia, y lo más probable, con falta de entusiasmo por participar.

Recordemos que en años dorados, el Chino desaprovechó innumerables ocasiones de llegar al Grupo Mundial con decepcionantes presentaciones ante rivales de menor cuantía (¿quién se olvida de la confrontación con Zimbabwe en 1998?). A Ríos no le gustaba mucho la Copa Davis, sería una pérdida de tiempo y dinero.

En el fondo, esta postura da razón al alejamiento del González, ante la evidencia de un negociado por sobre los aspectos deportivos, que obviamente acerca la opción de descender a la Zona I Americana.

Puede que llenen la Medialuna de Rancagua, pero la decepción en el ambiente tenístico no será colmada por nada ni nadie. Ni siquiera llamando a Fillol con Cornejo…

Fotos La Tercera

sábado, junio 13, 2009


SHOW TIME! 

Ayer en la mañana, en la necesaria revisión de la prensa, me encontré en la página C2 de El Mercurio una nota alusiva al fenómeno comunicacional Marco Enríquez-Ominami, en que se hablaba de la sui generis forma de difundir su renuncia al Partido Socialista, mediante un video en You Tube. Sin embargo, no fue la información lo que me chocó, fue la foto que muestra al precandidato a La Moneda preparándose para dar su discurso, rodeado de luces, cámaras y maquilladores, imagen que adjunto en este comentario.

Inmediatamente traje a mi mente a Joe Gideon, el protagonista del film "All that jazz", que encarnó el fallecido actor Roy Scheider; recordé a aquel director y productor de Broadway, que inmerso en el desenfreno del consumo de drogas, cigarrillos y alcohol, sumado a su éxito, comienza a fantasear en torno a la representación de su propia muerte sobre las tablas. Un verdadero monumento al narcismo para el exitoso personaje que llevó a la vida Scheider.

Y más fuerte sonó en mi memoria auditiva la frase que Gideon entonaba cada mañana tras beber el acostumbrado cóctel mortal: Show time! (Hora de actuar).

Eso parece decir Enríquez-Ominami previo a su difundido video, previo a sus actividades de campaña o sus apariciones televisivas.

Claro, por que ME-O (como lo bautizó Eugenio Tironi) desarrolla su postulación como si se tratara de una teleserie, con cámaras, ornamentos, y quien sabe si es que con guiones. Con amigos de la farándula criolla, una esposa animadora de estelar televisivo, en fin una serie de elementos que lo vinculan más con el show bussiness que con las cúpulas políticas o la cultura.

A Joe Gideon y Marco Enríquez-Ominami los consume el narcisismo, procurando transformarse en protagonistas de sus propias creaciones; el díscolo diputado sin duda está rodando su mejor película, ya estoy viendo el título: "El año en que quise ser presidente".

Refuerza aún más esta hipótesis el hecho de que el "señor rating", Vasco Moulián, lo asesore, tal como planteó la revista "Qué Pasa" de esta semana. Lo que, a parte de cualquier análisis, implica el serio riesgo de que los spot de ME-O sean acompañados con imágenes de Los Simpsons.

Más allá de todas estas aristas del fenómeno, lo claro es que la candidatura de este parlamentario (que según el programa "Informe Especial", es de los más silenciosos en la sala de la Cámara Baja, un dato no menor para un aspirante a la presidencia), sucumbirá, tal como Joe Gideon al influjo de amarse en demasía, muriendo políticamente por buscar la inmortalidad mediática.

Recordando la canción final del film "All that jazz", versión de un tema de los Everly Brothers, Enríquez-Ominami dirá: "Bye bye love, bye bye happiness, hello loneliness, I think I'm gonna die".

sábado, junio 06, 2009


PHILLIPS AW7140 

No se trata de una dirección ni un apartado de correo. Es el modelo del receptor radial que me acompañó buena parte de mis años de juventud. Si mal no recuerdo, mi padre me la regaló en 1995; tenía varias ventajas, doble casetera, entrada de micrófono, y un elemento importante, contaba con banda de onda corta.

Con el uso fui notando que la capacidad de recepción era amplia. En FM lograba captar desde Molina emisoras de Rancagua hasta Chillán. La AM también permitía escuchar señales desde Santiago o Argentina.
De igual manera, gracias a este aparato me hice un fanático de la onda corta.

Lo otro es que se transformó en mi estudio de grabación, ya que gracias a la doble casetera y la entrada de micrófono, podía hacer mezclas y programas radiales ficticios.

Este receptor trabajaba largas horas, trasnochaba con frecuencia y servía de vehículo para potenciar mi gusto por música y la radiodifusión.

Recuerdo tardes enteras escuchando jornadas futbolísticas, programas de radios extranjeras de madrugada, horas de grabación en lo que fueron mis primeros guiños con los micrófonos. A este aparato le debo muchos momentos de entretención, de introspección, de aprendizaje y experimentación.

En suma, era el alma de mi habitación, tal como se puede apreciar en la foto de mediados de los años noventa; junto a mi cama, con la antena lista para atraer las mejores ondas.

Y aún la conservo, aún cumple su labor, con algunos males propios de la edad, pero aún fiel a entregarme uno que otro decibel mágico.

No he vuelto a tener un receptor tan perfecto, por ello lo guardo entre mis más gratos recuerdos de juventud, con harto polvo e historia entre sus parlantes, aún capaces de remecer el entorno.