sábado, diciembre 19, 2009

MILLONES DE PANFLETOS, UN PASQUÍN OFICIALISTA Y UN MOCOSO TAIMADO


El pasado domingo de elecciones, lo primero que llamó mi atención en el comienzo de la jornada periódistica, fue ver el centro de Santiago tapizado de volantes que llamaban a votar por Sebastián Piñera y Alberto Cardemil: ahí supe que la lucha sería ardua hasta el final, que se incurriría hasta en artimañas ilegales. A esas horas de la mañana, en todo caso, fue un buen tronco noticioso para aferrarse y no ahogarse en el mar de tranquilidad que normalmente caracteriza las primeras horas de los comicios.

Sin embargo, yo lo interpreté como un anuncio de lo que sería la cuenta de votos de la tarde, que me tocó vivir in situ en el Liceo Cervantes de la capital, que entregó un holgado triunfo al candidato de oposición y una nada despreciable cuenta de ahorros para la segunda vuelta.

Quienes estuvimos en el lugar de votación del abanderado de la oposición, sudando por el verano que se niega a abandonar cada elección, vimos en el discurso triunfalista de Piñera, un ensayo de mensaje presidencial, una premonición de un hecho que para muchos (entre los cuales me incluyo) va a ser una realidad: la derecha llegando al poder.

En medio de la verdadera fantasía hecha realidad de la Coalición por el Cambio, la desazón y pesimismo de la Concertación contrastaban con la imagen que trató de vender La Nación en su portada del 14 de diciembre, con un Eduardo Frei con aires de vencedor, apelando a cálculos inocentes que sumaban las votaciones del ex presidente, Arrate y ME-O con un esperanzador 55%. Pamplinas.

Y lamento que este diario siga en la ruta de un pasquín oficialista, que atenta contra la objetividad mínima, con titulares tendenciosos y ordinarios. Los que se horrorizaron con "El diario de Agustín" también deberían levantar la voz ante esta bajeza periodística, que no es nueva, basta acordarse de la acusación constitucional contra Yasna Provoste.

En varias ocasiones, en esta tribuna ataqué la banalidad e inutilidad de la candidatura de Enríquez-Ominami; obviamente, me sentí satisfecho con la puesta en vereda que los ciudadanos hicieron a este suicida político, que amenzaba con un gobierno payaso. La actitud de los escasos apoderados de mesa de esta postulación en los lugares de votación, me dieron las primeras luces de la falta de convenciomiento desde las bases a medida que las urnas se abrían.

En el Centro de Cómputos de la Estación Mapocho, un colega me mostraba con una burlona sonrisa, como en un foro de internet del comando de ME-O, la incredulidad y la desazón hacía presa de sus adherentes. Muchos hablaban de manejo de cifras, otros se preguntaban que pasó con el fenómeno tan publicitado.

Quedó en evidencia que no fue más que un capricho de un joven malcriado, que no tuvo otra alternativa que reconocer con cara de taimado que el juego y la carrera se le terminó.

Ahora nos sobamos las manos y empezamos a realizar nuestras apuestas... la Concertación la tiene difícil, por no decir imposible. El 20% de ME-O es diverso, inestable. Eso se evidenciará en las urnas el próximo 17 de enero. Lo claro es que será un día largo, que puede ser un cambio histórico, una inversión de roles o la refundación de una alianza gobernante que espera rezando una nueva oportunidad.

Foto ME-O: EMOL

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