jueves, noviembre 05, 2009

ÁLVARO HENRÍQUEZ Y EL LIGURIA


Con los Impresentables era habitual acudir a bares de poca monta y hacer “la vaca” para sus botellas de cerveza. No nos hacíamos problema, porque la idea era simplemente compartir. Sin embargo, una noche de mayo de 2003 juntamos unos pesos más y sugerimos visitar uno de los templos bohemios santiaguinos: el Liguria.

Por esos años, los Pettinellis se habían encargado de publicitar el local en uno de los track de su disco, el “Himno Internacional del Liguria”, por lo que la idea de tomar un trago allí era aún más seductora.

Tras las clases tomamos el metro hasta Manuel Montt y entramos. Inmediatamente aspiramos la atmósfera envolvente, penumbrosa y eminentemente musical del sitio, generando emoción extrema en algunos de mis contertuilios.

Me llamaron la atención unas mesas en espacios cerrados, como si se trataran de privados, con cortinas y lámparas de luces amarillentas. El resto eran mesas simples, imbuidas en un ambiente repleto de fotos añosas, antigüedades.

A mi me pareció más que inspiradora… por ello tras pedir unas cervezas a precios exorbitantes para nuestras diezmadas arcas (adjunto imagen de la boleta), saqué una hoja y me aproveché del entusiasmo para que dejaran plasmados en papel sus sentimientos inmediatos. Y no me defraudaron mis amigos.

Bastante contentos con la experiencia, nos preparábamos para pagar y volver a nuestra realidad suburbana, cuando a la distancia divisamos en la barra a Álvaro Henríquez.

Tras las interjecciones por este encuentro fortuito, todos queríamos ir a saludarlo. Sin embargo, no fue hasta que yo me acerqué al músico que mis amigos salieron de la estupefacción y me siguieron; bebía en una copa vino tinto, desconozco cuando ya había tragado, lo cierto es que las luces de la barra le daban un tinte rosado al elixir, que era degustado con agrado.

Henríquez se caracteriza por ser bastante antipático, sin embargo, recibió de buen agrado mis saludos y mis felicitaciones por el disco, que por esos tiempos escuchaba profusamente.

Tras estrechar las manos con el líder de los Tres, procuramos no incomodarlo, y finalmente salimos, sabiendo que el costo extra de las cervezas significó el ticket para conocer a uno de los grandes de la música nacional.

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