lunes, noviembre 09, 2009

AB SOFORT!


Tenía once años cuando cayó el Muro de Berlín aquel 9 de noviembre de 1989. Por esos días, mi mayor inquietud era si para el mundial de 1990 Alemania iba a jugar como una sola escuadra. Implicancias deportivas de las que ya hacía eco Günter Grass en el libro “Mi siglo”, a propósito del match entre la RFA y la RDA en la Copa del Mundo de 1974 y la bifurcación de amores, la división del corazón nacional que provocó la amarga masa de cemento desde su construcción en 1961:

“¿Qué, cuál conflicto interno se desencadenó en mí, qué campos de fuerza me solicitaron cuando Sparwasser marcó el gol? ¿A favor? ¿En contra?(…)Es cierto que en el primer tiempo no se marcaron tantos, pero cuando el pequeño y ágil Müller, en el minuto 40, puso en cabeza a la República Federal por un pelo, al dar sólo en el poste, casi hubiera caído en éxtasis gritando ¡gol, gol, gol!, y hubiera celebrado en mi celda la ventaja del Estado separatista occidental, lo mismo que, por otro lado, estuve a punto de dar rienda suelta a mi júbilo cuando Lauck regateó limpiamente a Overath, y lo mismo que, en lo que quedaba del partido, dejó plantado incluso a Netzer, pero falló por muy poco el gol de los alemanes federales(…)Uno acompañaba con sus comentarios partidistas hasta las decisiones del árbitro uruguayo, que unas veces favorecían a una Alemania y otras a la otra. Me sentía indisciplinado, por decirlo así, dividido(…)Uno a cero a favor de Alemania. ¿De qué Alemania? ¿De la mía o de la mía? Sí, en mi celda rugí desde luego ¡gol, gol, gol!, pero al mismo tiempo me dolía que la otra Alemania fuera perdiendo”.

Dura encrucijada la que plasma el oriundo de Danzig en uno de sus relatos, que en la mayoría de los casos adquiría ribetes dramáticos, con familias separadas, sueños truncados y un régimen socialista apabullante y censurador. Para muestra, vean el film “La vida de los otros” del director Florian Henckel von Donnersmarck, donde se muestra el grado de invasión a la privacidad al que podía llegar la Stassi, policía secreta de RDA, para asegurar el control de la población.

Una aberración de la que han sido cómplices muchos chilenos, tal como lo señaló este domingo Roberto Ampuero en Reportajes de La Tercera. “Cuando regresaba a mi departamento después del paseo, sentía, por una parte, la alegría por los millones de alemanes del Este, en algún momento conciudadanos míos, que en noviembre de 1989 conquistaron pacíficamente la libertad; y por otra, la irritación por el silencio que aún guardan compatriotas –líderes o militantes de izquierda de entonces- que respaldaron tácita o implícitamente tanto esa frontera criminal (el muro) para justificar un régimen supuestamente humanista como la utopía global supuestamente progresista que los inspiraba. Si, me irrita esa complicidad abierta o embozada de la que se desentendieron tras el derrumbe del muro para enfocarse en la recuperación de la democracia en Chile”.

Y seguimos con pintura descascarada de ese muro en el país... sin ir más lejos, Erich Honecker murió acá en Santiago en 1994 y su viuda hasta ahora es residente...
Por toda esta desgracia, es que consideramos un héroe al periodista italiano Riccardo Ehrman (en esta foto publicada por la revista Deutschland), quien hizo la pregunta clave al portavoz del gobierno de la RDA Günter Schabowski, respecto a una regulación que permitía a todo ciudadano de la RDA salir del país por cruces de frontera: “¿Cuándo entra en vigor?, preguntó Ehrman. Ab sofort! (De inmediato) contestó Schabowski”. Fue como una abrir de golpe la compuerta de una represa... los alemanes orientales salieron a raudales hacia la libertad.
Con ansias espero llegar esta tarde a la Plaza Mulato Gil de Castro en Santiago, donde se exhibirá un trozo del histórico muro, para absorber las lágrimas, el sudor y los anhelos que atravesaron esos ladrillos malditos.
La RDA huele a moho, a humedad, la misma que tiene una copia de su Constitución que existe en la casa de mis padres, que seguramente llegó a Chile en español a comienzo de los setenta para inyectar con más ideología a la UP. La encontró mi padre entre unos libros antiguos hace años. "Esto es historia" me dijo. Una historia pestilente digo yo.
Foto de cabecera Cancillería Alemana

No hay comentarios.: