lunes, septiembre 21, 2009

LA BANDERA DE MOLINA


Luego de que se presentara en sociedad la bandera restaurada con que se juró la independencia, no pude dejar de sonreir. Los tonos vetustos me recordaron el símbolo patrio que hasta el año pasado mi padre hacía flamear en la casa de Molina; lo gracioso es que es tan antigua que los colores se han ido desvaneciendo, casi al nivel de aquella que enarboló O'Higgins el 12 de febrero de 1818.

Más allá de cualquier tipo de chanza por el emblema, éste también pasó a los cuarteles de invierno desde este año, tras miles de 18 de septiembre bajo el sol, la lluvia y el viento. Una de colores más vivos toma el testimonio.

No cabe duda que formará parte del folklore de la casa de mi padres, el ritual de limpiar el mastil blanco, colocar la bandera planchada con esmero y plantarla orgullosa frente al hogar, aunque se estuviera cayendo el mundo, o uno estuviera enfermó con fiebre.

Con esa bandera también van de la mano años de entrega de espíritu cívico y republicano, que uno guarda muy profundo en el corazón.

Feliz jubilación al emblema de mis abuelos y mis padres...

No hay comentarios.: