lunes, septiembre 14, 2009

ALGO MÁS QUE UN JUEGO


Bastante revuelo provocó en los últimos días la aparición en el mercado de un juego electrónico que permite, en el mundo de la realidad virtual ser un beatle. Logré adentrarme más en esta nueva estrategia de marketing en torno a los Fab Four, leyendo un artículo publicado en la Revista del Sábado por un tal Francisco Aravena, dónde describe cómo se transformó en John, Paul, George o Ringo gracias a la tecnología.

Y claro, tal como se expone en el texto, esta interacción con cables y bytes puede colmar las ansias de tocar algo del virtuosismo de los de Liverpool, sin saber intepretar una sola nota.

Sin embargo, nada iguala el dar vida efectivamente esas notas, con la adrenalina y la emoción a flor de piel.
Nunca olvidaré una tarde de noviembre de 2002, en que en compañía de algunos compañeros de universidad, canté y toqué "Hey Jude", la ocasión en que me olvidé del año, la audiencia, y me transformé en McCartney en 1968.

No hubo joystick, ni pantallas, sólo el teclado, mis dedos y mi voz. Ese juego lo llevé, lo cargué y lo gané a fuerza de emoción, que al fin y al cabo libera los nervios de enfrentar al público. Me sentí pleno.

Las realidades del Play station intentan equiparar las emociones palpables, tratan de democratizar las experiencias límite que van enriqueciendo las almas de los seres humanos. Por ende, nos estamos transformando en constructores de vivencias, como quien falsifica un curriculum vitae. Existen ciudades, relaciones humanas, sociedades que conviven en las redes virtuales sin el aroma del sudor, de una taza de café, de una quemante cuerda de guitarra rota, de una nariz quebrada por un puñetazo...

Pueden remedar la experiencia real, como en el caso de este juego. Pero nada igualará el nervio en las entrañas, la amalgama entre canto y sentimiento, y el aplauso del público.

No hay comentarios.: