sábado, junio 06, 2009


PHILLIPS AW7140 

No se trata de una dirección ni un apartado de correo. Es el modelo del receptor radial que me acompañó buena parte de mis años de juventud. Si mal no recuerdo, mi padre me la regaló en 1995; tenía varias ventajas, doble casetera, entrada de micrófono, y un elemento importante, contaba con banda de onda corta.

Con el uso fui notando que la capacidad de recepción era amplia. En FM lograba captar desde Molina emisoras de Rancagua hasta Chillán. La AM también permitía escuchar señales desde Santiago o Argentina.
De igual manera, gracias a este aparato me hice un fanático de la onda corta.

Lo otro es que se transformó en mi estudio de grabación, ya que gracias a la doble casetera y la entrada de micrófono, podía hacer mezclas y programas radiales ficticios.

Este receptor trabajaba largas horas, trasnochaba con frecuencia y servía de vehículo para potenciar mi gusto por música y la radiodifusión.

Recuerdo tardes enteras escuchando jornadas futbolísticas, programas de radios extranjeras de madrugada, horas de grabación en lo que fueron mis primeros guiños con los micrófonos. A este aparato le debo muchos momentos de entretención, de introspección, de aprendizaje y experimentación.

En suma, era el alma de mi habitación, tal como se puede apreciar en la foto de mediados de los años noventa; junto a mi cama, con la antena lista para atraer las mejores ondas.

Y aún la conservo, aún cumple su labor, con algunos males propios de la edad, pero aún fiel a entregarme uno que otro decibel mágico.

No he vuelto a tener un receptor tan perfecto, por ello lo guardo entre mis más gratos recuerdos de juventud, con harto polvo e historia entre sus parlantes, aún capaces de remecer el entorno.

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