lunes, septiembre 15, 2008

LA RADIO DE TODOS


Hace unos días, cuando supe del incendio en un inmueble de calle Phillips, temí lo peor; que el siniestro ocurriera en el número 40, antigua ubicación de los estudios de radio Chilena.

Por un lado, fue lamentable el hecho, ya que en un sector aledaño hubo dos pérdidas de vidas humanas. Pero a la larga queda el consuelo de que el verdadero patrimonio de la radiodifusión nacional no se vio afectado.

Como un impulso tomé la cámara fotográfica y tomé algunas instantáneas del frontis de Phillips 40, centro neurálgico de la entretención por años en el siglo XX; desde que el Presidente Arturo Alessandri Palma la inauguró, radio Chilena fue la pionera de la nación.

Con los años se consagró como una de las emisoras con mayor raigambre en la población, lo que se mantuvo hasta su desaparición en 2005.

 
En tantos años, se sucedieron muchos programas clásicos, en especial durante tiempos en que la radio cumplía el rol de entretención de la televisión.

No obstante, voy a hablar de mi experiencia escuchando “la radio de todos”. Solía captar en Molina la señal retransmitida por la subsidiaria de Talca, pero en las noches, lograba recibir la 66 AM que era emitida desde Santiago; principios de los noventa, después del noticiario “Primera Plana” de las doce, el espacio de trasnoche “Rueda Libre”… con ese me quedaba dormido.

“La Chispa de Deporte” era otro programa predilecto, con transmisiones deportivas que animaban el fin de semana. Los relatos estaban a cargo de Vladimiro Mimiça, los comentarios con Carlos Caszely, Max Walter Kautz. La locución comercial a cargo de Luis Hernández (a quien tuve el gusto de conocer en Cooperativa) y Mariano Muñoz Escarpa en las estadísticas, una ayuda que siempre se agradecía.

En las postrimerías de este importante medio de comunicación, escuché “A la Chilena en la Chilena”, heredero de “La Bailona” de Minería, que ofrecía un teléfono 800 para participar en las madrugadas, con la conducción de Martín Chávez y Óscar Castro. Sin ir más lejos, me gané un cassette de un grupo tropical en una ocasión.

Tras el fallido experimento “Chilena Sólo Noticias”, la radio se fue a pique. Hoy sólo queda la frecuencia AM, que es llenada con la programación de Play FM, como si fuese un fantasma de una época de esplendor.

No podría cerrar este comentario nostálgico sin nombrar nuevamente a la radio Chilena de Talca, que retransmitía muchos programas de Santiago, pero cuya producción propia amenizaba las noches con “El sereno de la medianoche”.

En honor al recuerdo, dejo esta selección de audios de años entreteniendo a los chilenos… Disfruten…


lunes, septiembre 01, 2008

OVNIS EN LA RADIO DE PROVINCIA



Hacia 1997, en pleno boom ufológico en Chile, los programas radiales sobre el tema surgían como hongos tras la lluvia. Santiago fue el epicentro de este fenómeno, con “La Bailona” de radio Minería y el espacio de Rodrigo Fuenzalida como paradigma.

No obstante, en regiones la fiebre por los platillos voladores también hizo furor. En Curicó todo empezó en la radio Kathalina, con los ufólogos locales Fernando y Alfredo Nilo, con un programa a mediodía.

El éxito los hizo emigrar a la radio Alfaomega, donde los hermanos Nilo en compañía del periodista Juan Pablo Jiménez (en la foto) dieron vida al espacio “Planeta Omega”, que a mediados de 1998 hizo una gran cantidad de seguidores (entre cuales me incluía) gracias a las temáticas y entrevistas entretenidas, la apertura de micrófonos para los auditores y los sorteos de la revista Revelación. En diciembre de ese año realizaron una gran conferencia, que coronó una notable temporada.

En 1999 el espacio reapareció en radio Fantástica bajo el nombre de “Planeta Fantástico”, con la participación de los mismos panelistas y estructura programática. El éxito siguió a este espacio, sin embargo, no volvió a la FM en 2000.

Se puede decir que fueron los tres años de apogeo de la ufología local… Guardo registro de algunos de los programas, como este audio del 30 de junio de 1999.

SANTA ELENA 1095




Buena parte de mis años de estudiante de periodismo viví en el barrio Matta, a unas cuantas cuadras de Avenida Vicuña Mackenna. Calle Santa Elena 1095, mi casa desde agosto de 2003, era bastante un anexo de departamento helado y pequeño, que bien cabría en el paradi
gma de hogar universitario. No obstante fue mi casa, y en términos literarios el Maruri nerudiano en mi existencia de intelectual cosmopolita.

Buena parte de mi creación literaria, musical y académica se forjó bajo el techo de este rincón de Santiago Centro. Los gritos de borrachos y travestis por las noches, el frío colándose por agujeros de puertas y ventanas, el tráfico incesante de Avenida Matta eran más que inspiradores para un eterno escritor melancólico.

También hicimos ensayos unplugged con los Impresentables entre sus paredes de madera.

Más de algún problema tuve con la infraestructura de la casa; las goteras arreciaron por un tiempo, también tuve que luchar con una vela en la mano contra una paloma que aprovechó una ventana abierta para pasar la noche, ya que habían cortado la luz.

Lo bueno de este apartamento es que quedaba cerca de la casa de mi esposa Paula mientras pololeábamos; como quedaba cerca, volvía caminando a mi casa tarde, siempre por la ruta de Avenida Portugal.

También me ocurrían desgracias en el trayecto como encontrarme de frente con barristas de la Universidad de Chile en plena escaramuza con carabineros tras una derrota contra Colo Colo, oportunidad en la que el zorrillo me roció el pie y me dejo llorando por horas.

Grandes recuerdos se quedaron en aquel cubículo de madera, en la base de un edificio gris y junto a un árbol que muchas veces me anunció el mal tiempo. O el despertador de los fines de semana, los sones de música cristiana de iglesia evangélica de al lado.

O las subidas y bajadas en las escaleras que serpenteaban hasta llegar a casa, con sus detalles, pero casa al fin y al cabo.