lunes, noviembre 03, 2008

MIS SALUDOS AL J. CRUZ


Valió la pena la espera a lo largo del callejón que se hunde en calle Condell 1422 del puerto de Valparaíso. Para sorpresa de cualquier transeúnte despistado, allí se encuent
ra el Casino "J. Cruz", el palacio de la chorrillanas, que por consejo de mi hermana Chichi de paseo por las calles sombrias e interminables, visitamos sin temor a estar en una fila por varios minutos.

A diferencia de lo habitual, la fila de gente duró poco, escasos veinte minutos.

Luego, el festín de imágenes, olores y sabores de un restaurante con mucho ambiente; rayados por doquier, una infinidad de reliquias y un prontuario fotográfico de visitantes que dotaba a la atmósfera de un aire de tugurio insalubre que tanto me reconforta; no pude evita imaginar a todas las instantáneas de tamaño carnet, como recuerdos de muertos de cirrosis, a modo de advertencia por parte de los dueños del local.

Llamaron mi atención en particular una bomba de alguna guerra mundial, que amenazaba con poner fin a cualquier reyerta de marinos y borrachos (supongo que era para ser lanzada desde el aire) y una imagen del perro de RCA Víctor con la vitrola incorporada, que me recordó un episodio familiar que en algún momento relataré en detalle.

Tras unos minutos, vino la chorrillana compartida con mi esposa, que hizo pasar al olvido por unos segundos la decoración del local. Luego llegó la cerveza negra del Puerto, Barba Negra (fabricada en Valparaíso), que completó una experiencia total.

También estuvo el infaltable cantante popular, entonando las clásicas "Perla de Pacífico" o "Valparaíso", junto a otras melodías del recuerdo, como "Piensa" de los Red Juniors.

Procuré no comer muy lento, para permitir al resto de comensales a la espera en el callejón disfrutar de un sitio muy acogedor e inspirador del puerto principal.

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