lunes, septiembre 01, 2008

SANTA ELENA 1095




Buena parte de mis años de estudiante de periodismo viví en el barrio Matta, a unas cuantas cuadras de Avenida Vicuña Mackenna. Calle Santa Elena 1095, mi casa desde agosto de 2003, era bastante un anexo de departamento helado y pequeño, que bien cabría en el paradi
gma de hogar universitario. No obstante fue mi casa, y en términos literarios el Maruri nerudiano en mi existencia de intelectual cosmopolita.

Buena parte de mi creación literaria, musical y académica se forjó bajo el techo de este rincón de Santiago Centro. Los gritos de borrachos y travestis por las noches, el frío colándose por agujeros de puertas y ventanas, el tráfico incesante de Avenida Matta eran más que inspiradores para un eterno escritor melancólico.

También hicimos ensayos unplugged con los Impresentables entre sus paredes de madera.

Más de algún problema tuve con la infraestructura de la casa; las goteras arreciaron por un tiempo, también tuve que luchar con una vela en la mano contra una paloma que aprovechó una ventana abierta para pasar la noche, ya que habían cortado la luz.

Lo bueno de este apartamento es que quedaba cerca de la casa de mi esposa Paula mientras pololeábamos; como quedaba cerca, volvía caminando a mi casa tarde, siempre por la ruta de Avenida Portugal.

También me ocurrían desgracias en el trayecto como encontrarme de frente con barristas de la Universidad de Chile en plena escaramuza con carabineros tras una derrota contra Colo Colo, oportunidad en la que el zorrillo me roció el pie y me dejo llorando por horas.

Grandes recuerdos se quedaron en aquel cubículo de madera, en la base de un edificio gris y junto a un árbol que muchas veces me anunció el mal tiempo. O el despertador de los fines de semana, los sones de música cristiana de iglesia evangélica de al lado.

O las subidas y bajadas en las escaleras que serpenteaban hasta llegar a casa, con sus detalles, pero casa al fin y al cabo.

3 comentarios:

Tony Zapatito dijo...

Jajajaja... Bastante agitada la vida en ese lugar...

Sin duda, un rincón con magia y muchos recuerdos que seguirán plasmándose en este espacio.

Tony Zapatito dijo...

Está bueno el retoque de las fotos, las avejentaste como una década... El mismo efecto se obtenía con las fotos de Hugo Tagle, haciendo la salvedad que ni era necesario retocarlas porque el viejito siempre tenía edad de sobra..

Esto es muy raro (y no tiene que ver necesariamente con este blog) pero recuerdo haber ido hace como 13 annos a una discoteque que quedaba cerca de av. Matta. No soy ni fui un John Travolta que mataba sus días en esos lugares, pero esta noche me invade la nostalgia (escuchando "Lady of the dancing water" de King Crimson es inevitable), así que quisiera creer que aquel sitio desapareció hace tiempos. Como lo mío era más que nada compartir, mientras los otros bailaban, yo trataba de bromear... Eran tiempos, creo, de King África, el Dr. Alban, Maná, qué sé yo, cualquiera que tuviera un éxito que se extinguía tan rápido como el fuego de esos veranos...

Bonitos recuerdos (aunque, lo reconozco, ambiguos para el lector. Sin embargo, no sería malo echar a rodar esas películas cuando éramos jóvenes, cuando estudíabamos la misma cagada, cuando nos conocíamos a partir de los conocimientos de música popular, cuando exhacervámos la paciencia de nuestro -como dicen un canción por ahí- "derredor", cuando éramos tan poderosos como para reírnos del mundo entero, cuando fuimos confidentes, cuando fuimos los mejores de entre los peores estudiantes... Eso)

Anónimo dijo...

Bonito recuerdo, que demuestra que tu vida en ese cuartucho no fue tan mala, te sirvió para hombre, estudiante y escritor melacólico, pero con una profundidad poco comun en la juventud actual. Todo ello me emocionado, porque quiere decir que los sacrificios de tus viejos y el tuyo y de tu hermana dieron frutos. tu viejo loco.