lunes, agosto 11, 2008

Cine Victoria: Los difíciles días en la vida de un coloso


(Publicado el 27 de febrero de 2005 en el diario La Prensa de Curicó)

El drama y la comedia se entrelazan en el diagnóstico hecho por quienes venden la propiedad y los que recuerdan los años dorados de un patrimonio en ruinas.

Por Rodrigo Alcaíno Padilla

Parte de la identidad curicana respira el polvo del abandono y ve como las heridas de su estructura se infectan. El cine Victoria día a día se deteriora, lo corroen los recuerdos y el oneroso costo de repararlo.

Las caras que aún adornan la fachada, el drama y la comedia, representan los dos sentimientos de la comunidad al ver el maltrecho cine; el rostro alegre invita a la nostalgia, a imaginar proyecciones eternas en matiné, vermut y noche.

El rostro triste, por su parte, aterriza al transeúnte, pone de manifiesto el abandono, la basura, el polvo, la inminente caída de un coloso que agoniza tendido en el centro de Curicó.

La comedia: Carlos Raggi, el cojo

Observando su baño de musgos y vetustez, cierro los ojos y escucho lo que dicen esas caras. La faz alegre se transforma en Carlos Raggi, proyeccionista durante treinta años del cine y el más entusiasta de los nostálgicos.

Recuerda con alegría los años en que las ofició de “cojo”, sentía que hacía un bien a la comunidad entregándoles entretención, magia y sueños. Cuenta anécdotas, desde campesinos despistados que miraban para la pared, anuncios de bomba y filas de ansiosos espectadores que doblaban por calle Merced esperando ver el estreno de turno.

Con melancolía rememora los años en que fue uno de los mejores cines de Chile, especialmente bajo la administración de Valentín Meléndez Rivas, con quien trabajó hasta 1984.

“Yo empecé el año 50 como embarcador de películas. Estuve como un año en ese trabajo, me pusieron como portero en galería y de ahí fui escalando, hasta que falló un cojo, me hicieron reemplazarlo arriba y no me “largaron” más”.

La gente abarrotaba los asientos en todas las funciones, disfrutaba de las historias que de una u otra manera el cojo les brindaba gracias al influjo de la luz cónica del proyector.

“El trabajo de por sí era bonito, a uno le agradaba una pega de esas porque sabía que estaba haciendo algo que a la gente le agradaba”.

Con el cambio de dueño, el relato con forma de teatro se transforma en una lluvia de errores y omisiones, de malas decisiones, de poca voluntad; don Carlos cree firmemente que con una buena administración otro habría sido el devenir de los acontecimientos.

“Si ese teatro hubiese sido bien administrado no se habría terminado nunca, fue la mala administración lo que lo echó a perder. Cuando había un buen programa la gente respondía, aunque hubiese videos y televisión respondían igual”.

Insiste en que si hubiesen escuchado su consejo de abrir balcón para la gente de mayor poder adquisitivo el cine no habría muerto.

Fue inevitable preguntar a esa amable voz sobre el sentimiento que le provoca ver el escenario de tantas vivencias en el mayor abandono; rápidamente los ojos se humedecieron, dando pie a un relato colmado de impotencia.

“Verlo así como está da vergüenza ajena, mirar lo que fue a lo que es ahora. Adentro lo único que queda bueno son las butacas de platea y de balcón. La galería está “inhumana”, llena de garrafas, botellas. Uno recuerda lo que fue y da cosas”.

Hubo intenciones de sacar a flote el cine Victoria a principios de los noventa por parte de la Municipalidad de Curicó, cuando la alcaldía estaba a cargo de Emiliano Rojas. Fueron a la casa de don Carlos, para averiguar sobre las condiciones en que se encontraba. Lo vieron, sacaron cuentas, planearon colocar confiterías y otras dependencias, en buenas cuentas resucitar el cine.

“Estaba todo listo, pero cuando fueron a hacer el compromiso, los dueños nuevos no aceptaron hacerlo con la Municipalidad donde hay tanta gente, querían hacer negocio de persona a persona. Así que fracasó el acuerdo”.

Actualmente las butacas acogen a alcohólicos y antisociales que encontraron en el solitario teatro un sitio para pernoctar, beber y hacer de las suyas. Ni los proyectores se han salvado de su acción a la luz de lo relatado por don Carlos.

¿Habrá esperanzas para este enfermo grave?

El drama: Cine Victoria en venta

El rostro dramático me habla con fuerza y resignación, se parece a don Jaime Ramírez, corredor de propiedades que está a cargo de la venta del inmueble.

Ve con tristeza como el cine Victoria desaparece y se deteriora, sabe que la estructura está en buenas condiciones para un proyecto a mayor escala, pero el costo que implicaría es enorme.

“Estructuralmente está bien, lo que le falta es la ornamentación tecnológicamente moderna. Las butacas habría que botarlas, la luz, los baños, todo eso que está abandonado hace años. Yo creo que todo pasa por el tema dinero”.

Hasta ahora sólo iglesias evangélicas se han acercado para cotizar en forma seria. También rondaron emisarios de las grandes multisalas del país, sin embargo la inversión necesaria los hizo dar un paso atrás.
“Yo creo que lo que hay que hacer es postular a fondos regionales, de la Municipalidad, entidades culturales de gobierno y así preservar este patrimonio que es de todos los curicanos. Me gustaría ver al cine Victoria, como muchos, funcionando. Tal vez no como cine propiamente tal, porque no es un buen negocio, pero darle un cariz mixto, comercial-cultural, hacer cafés, hacer algo bonito que a Curicó le hace falta”.

Según don Jaime, los dueños están abiertos a escuchar una propuesta seria, incluso han flexibilizado el precio de venta con el fin de preservar esta construcción.

“Están abiertos a cualquier conversación, pero algo serio, que haya una entidad cultural detrás, una corporación municipal, y que sea negocio compartido. Tampoco se la va a dar a precio de huevo a un particular para que él haga su negocio”.

Al mismo tiempo, opina que con los edificios va desapareciendo la identidad de la ciudad de Curicó, siendo el cine Victoria uno de los últimos reductos de aquel sentimiento perdido, casi olvidado.

“Da entre pena, nostalgia y un poco de rabia, como una ciudad no puede mantener un patrimonio cultural que debiera ser de todos nosotros, no por el sentido de la nostalgia, sino por el sentido de que Curicó debe mantener los edificios y construcciones antiguas. Ese tipo de cosas hay que cuidarlas y mantenerlas, eso es lo que le da identidad a una ciudad y representatividad ante los demás”.

El proyector pasa los últimos cuadros de imagen en una película llena de incertidumbre. La imagen se torna borrosa, el desenfoque en pantalla es evidente.

Lo más probable es que la cinta quede dando vueltas en el proyector, hasta que un “cojo” llegue a colocar un estreno, ojalá una segunda parte que tenga un final feliz.

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