martes, agosto 05, 2008

ATLETA DE LA RISA


Me contagio del espíritu olímpico y traigo a la memoria mis años de atleta. Eso era un verdadero olimpismo, ya que me remitía a participar en lugar de luchar por los lugares de privilegio. La camiseta que encabeza el relato es único artículo que da cuenta de esos años deportivos; reconozco que intenté probármela, pero el abdomen de treintón conspiró para que la remembranza fuese completa.

En 1995 comencé a participar en el Atlético Liceo como una forma de dejar el ramo de Educaión Física. Entrenar dos veces por semana y asistir a uno que otro torneo eran sufiecientes para obtener buenas notas. Porque si hubiese sido por rendimiento deportivo habría repetido el año.

Solía participar en 100 metros planos, postas 4X100 y el salto largo. La única vez que gané una competencia fue por equipos, en un Torneo realizado en el Estadio Fiscal de Talca en septiembre de 1996. Oportunidad en que también aterricé sobre el rekortán en la prueba del hectómetro... sólo los atletas saben lo que duele arrastrarse sobre dicha superficie, es como quemarse lentamente.

El resto de los torneo en que participé fueron en Curicó, con resultados paupérrimos, pero con entusiasmo deportivo. Distinto a la mayoría de los competidores que llegaban hasta las lágrimas con una derrota.

En 1997 dejé de practicar el atletismo, colgué las zapatillas de clavo y empecé mis años de intelectual adepto a los libros nihilistas, las cervezas y el cabernet sauvignon, además de la música melancólica... ese fue mi deporte...

1 comentario:

Tony Zapatito dijo...

Pa' mi que le hacíai sólo al salto corto... mientras que el bomba a la carrera con obtáculos (me refiero a sus carreras universitarias)