miércoles, abril 09, 2008

UNA VIDA CON LA OREJA EN LA RADIO


Sacando cuentas, llevo caso treinta años como radiomaniaco; es una costumbre demasiado arraigada, casi un ritual de encender el receptor y sentarme a meditar, "cerrar las puertas y quedar en la intimidad" como decía la presentación de "Solos en la Noche" de Radio El Conquistador.

Si me pongo a hacer memoria de cómo me hice tan asiduo a las ondas herzianas no dudo en responsabilizar a mi padre, quien pasaba sus horas libres compartiendo en especial la onda corta; parece ayer cuando en una pieza, a la hora del crepúsculo sintonizaba la Radio Moscú y los programas "Escucha Chile" y "Aqui Magallanes", esos sones los tengo grabados en mi memoria infantil claramente. La Radio Nacional de Chile ("Más Deporte"), la BBC, la Nederland, también estaban dentro de su gusto.

La afición por la onda corta la heredé, haciendome casí un maniático de las frecuencias; me gustaba coleccionarlas, anotarlas con sus horarios en un cuaderno por horario de transmisión. Llené hojas con radios de sitios recónditos como Armenia, Vietnam o Taiwán.

Las emisoras AM también eran de mi gusto. Los primeros trasnoches radiales los tuve con "Rueda Libre" de Radio Chilena, los noticiarios y obviamente las transmisiones deportivas, que por ese entonces me alucinaban. Como olvidar los relatos de Vladimiro Mimiça en la época dorada de la "Chispa del Deporte" con transmisiones maratónicas los fines de semana, fantástico.

Tiempo después me obsesioné con la Frecuencia Modulada, tanto nacionales como de Curicó; Aurora, Finísima, Opus, Margarita, Logika, Caracol. La gracia es que todas tenían un perfil nostágico, música que cada día desaparece en la oferta radial actual, programación que traslada y sigue llevando a otra época.
 También eran útiles para engrosar la colección musical, grabando cuanta canción buena apareciera. Por esos años aún se podía pedir algún tema por teléfono en la madrugada, ya que los radiocontroladores programaban a su antojo.

Citaba el programa "Solos en la noche" de El Conquistador, un placer para noctámbulos, con buenos comentarios y música ad hoc para meditar "mirando el techo".

Antes he hablado de radio Infinita y de los malabares que hice para poder escucharla; antes de que pusiera una antena en Curicó, sintonizaba la señal de Rancagua cuando las radios locales cerraban sus transmisiones en la noche.

Con el tiempo hasta me di el gusto de trabajar en una emisora... que más se puede pedir...

Vivir sin televisión no es un martirio para mí... si lo sería no tener una radio que sintonizar, una compañía en noches largas de insomnio, en un viaje eterno, en una tertulia... mi vida sin la radio sería una película muda sin banda sonora, así de grave...

No hay comentarios.: