martes, abril 15, 2008

ENSAYANDO CON LOS IMPRESENTABLES


Previo al show de noviembre de 2003 con los Impresentables dimos vuelta por mil sitios para poder ensayar. Tampoco tuvimos oportunidad de practicar con todo el contingente; por una u otra razón siempre faltaba uno...

El lugar predilecto para los ensayos fueron las salas que estaban vacías por las tardes en la escuela de Periodismo de la Usach; se trataba de espacios amplios para poder poner los instrumentos y amplificadores. No obstante, varias veces nos llevamos los retos de los profesores que estaban haciendo clase en las aulas contiguas, y no veían armonía entre las guitarras eléctricas y la cátedra. Recordamos con especial terror a una profesora de psicología que con cara de bestia fue gritar para que nos calláramos. Por lo general no tuvimos grandes dramas.

Sin embargo, en las aulas no teníamos la opción de ensayar con la batería a cargo de la Insalubre, razón por lo cual tuvimos que movernos a alguna sala de ensayo.

La búsqueda fue infructosa, pues el lugar se debía acomodar a nuestra realidad monetaria bastante escuálida. La Insalubre decía estar segura sobre la existencia de un lugar barato, pero estaba muy curáa la vez que salió de allí... Pasamos por salas de calidad (que no podíamos usar por falta de capital) y galpones malolientes como el de Eyzaguirre entre Serrano y Arturo Prat, verdadera catacumba romana de la que en cualquier momento podía surgir algún vampiro o engendro del demonio. Hoy es solo un recuerdo, el galpón fue demolido.

Finalmente anclamos en Serrano 767, el altillo de un taller mecánico que cobraba pocos pesos por la sala de ensayo con instrumentos incluidos (excepto el teclado que cargué cual cruz por horas). Al fin logramos juntar los instrumentos, no así la voz, ya que Abst3mio no asistió a la cita.

Buena experiencia, buen sonido y grato momento para tocar a nuestras anchas, sin reclamos de nadie. Tanta emoción casi hizo caer al Marko que se enredó en los cables del bajo...

En plena primavera, el calor del altillo se hizo sentir, con el olor a humedad creababa un microclima tropical que hacía temer por los instrumentos eléctricos, pero no paso nada...

Tras el ensayo quedaba bajar las revoluciones y pasar la sed... todo se solucionó con una cerveza helada en una placita en la esquina de San Francisco y Santa Isabel...

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