lunes, marzo 10, 2008

EL "MASIVO" MORRICONE


El viernes pasado, en la sección de editoriales del vespertino la Segunda, el escritor Jorge Edwards refunfuñaba contra los organizadores de la ópera chilena "Viento Blanco", basada en la tragedia militar de Antuco, por un episodio que transcribo a continuación:

"Pensaba escribir sobre la ópera chilena Viento Blanco y había comprado un par de entradas, en mi calidad de ciudadano a pie, hacía por lo menos quince días. Pero los extraños designios municipales echaron abajo mis propósitos de escritura. Cuando la función estaba a punto de comenzar y leía el católogo de la obra con toda calma, llegaron dos señoritas de expresión militar, blindadas frente a toda forma de argumentación (...) y me indicaron que tenía que pasar de las filas tres y cinco, las que había adquirido en boletería al precio normal, a las filas veintitantos. ¿Por qué? Porque dos funcionarios que probablemente no saben lo que es la ópera tenían que ocupar mis asientos" (La Segunda, viernes 7 de marzo de 2008, pág. 13)

Entre gracia y pesar terminé de leer este artículo, sin saber que un par de días después sería "víctima" de una circunstancia similar.

Ayer, cerca de la medianoche, junto a mi esposa nos aprestábamos a reservar por internet un par de invitaciones para el concierto de Ennio Morricone a realizarse el próximo 19 de marzo en el Parque Bicentenario de Vitacura. Lo trágico es que por más que intentamos ingresar en el web site de Celfin, empresa que se encargó de entregar las entradas, fue imposible completar la inscripción, ya que el sitio funcionaba mal, y luego las benditas invitaciones se agotaron.

Tal vez era previsible que estás se acabaran pronto, ya que eran sólo 5 mil, de las diez mil aposentadurías que estaban disponibles. ¿Qué pasó con las otras 5 mil? Serían entregadas a invitados especiales.
Lo más probable es que el espectáculo se llene de operadores de bolsa ignorantes o algún mando medio municipal "apitutado" de Vitacura. Que de los afortunados que consiguieron algún ticket por internet, gran parte sean curiosos que con suerte conocen el registro de Morricone para "La Misión" o crean que la melodía de "El bueno, el malo y el feo" se llama "Bolsero".

Y se me vienen a la mente ciertas palabras del filósofo y periodista español José Ortega y Gasset en el libro "La rebelión de las masas" que calzan perfectas en este momento: "Las ciudades están llenas de gente. Las casas, llenas de inqulinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Los paseos, llenos de transeúntes. Las salas de médicos, llenas de enfermos. Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores. Las playas, llenas de bañistas. Lo que antes no solía ser problema, empieza a serlo casi de contínuo: encontrar sitio".

Me pregunto, ¿sabrán los afortunados espectadores que Morricone fue un activo protagonista de la época de oro del Festival de San Remo, tendrán noción de su aporte en géneros tan desconocidos como el terror (cítese la producción de la banda sonora del telefilm italiano "Drammi Gotici", una joya musical). Sabrá el corredor de bolsa valorar un programa en que sonaran no sólo los archiconocidos "Gabriel's Oboe" o "The Falls", sino que también excelentes craciones como "Deborah theme" de "Once upon a time in America", extractos de "Sacco e Vanzetti", o de la miniserie "Marco Polo".

El mundo cree conocerlo, y no sabe ni la mitad. En tanto, quienes hemos seguido su obra y las películas a las cuales ha dado vida de forma paralela, quienes seríamos capaces de disfrutar tal manjar, nos quedamos mordiendo el polvo de la injusticia que trae consigo esta democracia popular tan manoseada y que no es más que un afán de ganar votos dándole "caviar a los chanchos".

Citando a Ortega otra vez, "la muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social; ahora se ha adelantado a las baterías..."

Y aparecerán las notas de prensa en que la gente dirá "que bonito", "que bueno que se acerque la cultura a la gente", típico de la pudredumbre socialdemócrata de Tercera Vía que inunda el país...
Se acabaron los tiempos de manjares para expertos... son muchos los que quieren ocupar un lugar que no se merecen...

2 comentarios:

Tony Zapatito dijo...

Es una pena. En todo caso, era de preveerse una situación así ya que muchos aparecidos, sin tener un pito de idea quien es Morricone, hacen sociedad, o se dan codazos por salir en las Sociales de algún diario.
Mejor hubiera sido un evento pagado, así los que realmente estuvieran interesados podrían haber adquirido una entrada. Y nótese que no hay excusas para gastar unas lucas en estos tiempos.
Es, repito, una pena. Panem et circenses es la consigna de la alegría que llegó a cuenta gotas.

Anónimo dijo...

Bomba: Por la concha de su madre¡¡¡..si hasta mi vecina patas cortas de enfrente quería entradas¡¡¡(cualquiera ahora conoce a Ennio)...muy buen comentario de este fenómeno. Parece que debemos conformarnos de verlo sólo por la tele.