lunes, enero 21, 2008

REMEMBRANZAS TALQUINAS


Siempre le tuve un especial cariño a la calle 1 norte de Talca. La considero hermana fea de la 1 sur siempre atestada de tráfico a sol y sombra. La 1 norte, en cambio, mantiene un flujo calmo de vehículos y gente, permite transitar lentamente, desvanecerse en los pensamientos y soñar.

Solía hacerlo en soledad en ocasiones, abandonándome frente a construcciones añosas; recuerdo con bastante claridad la fachada del desaparecido diario "La Mañana", amenazado a viva voz una inevitable caída.

El verde primaveral y el viento otoñal se sienten distintos cuando se camina por la 1 norte. Casi al llegar a la 11 oriente (otro eje vial talquino de importancia) hay una tienda de ortopedia que siempre me hacía recordar un trozo del poema "Walking Around" de Pablo Neruda:

"Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias".

Siempre me deprimía a esa altura por la remembranza del poema o el aspecto del local con sucedáneos de humanidad.

Rumbo este, casi llegando al hospital, en la esquina surponiente, estaba la librería Mitzy, con un importante surtido de libros, discos, revistas y cassettes usados. Recuerdo que allí Osmar Mamedo encontró un ejemplar ilustrado de "Dr Mortis" y a su vez el clon del vendedor de comics de los Simpsons.

Hoy, en la mitad de Santiago deseo estar caminando por la 1 norte, también por la Diagonal Isidoro del Solar. Porque Talca es una ciudad calma y aletargada, paraíso para soñadores, melancólicos y solitarios. Nunca olvidaré el otoño talquino, un sol gris desapareciendo tras el cerro La Virgen mientras pisaba posas de agua en la acera.

Empecé hablando de la 1 norte y termino recogiendo recuerdos de toda la ciudad. No puedo dejar fuera al monumenmto en honor a Rómulo y Remo en la 2 sur, de la plaza frente a las escuelas concentradas, dónde según un mito un niño vivió años en la copa de un árbol. Los carros de los completos junto a la "Tía Rica", el local de El Rey, bautizado por Mamedo como los helados "porno". La decadencia de la 2 sur a medida que uno avanza al oriente.

Siento nostalgia de esos años de camaradería y hermandad, del enriquecimiento y decadencia simultáneo (una síntesis formidable, que duda cabe). Con rituales como reírse de la Casa Real o de un maniquí horripilante. Y los veo, amigos en un escenario casual llamado universidad, viviendo y riendo (si es que estos términos no son sinónimos).

Son diez años de aquello (esta humana manía de datar los recuerdos). Es la inasible lejanía de los años, el envejecimiento lo que me motiva, incita e inspira...

2 comentarios:

Tony Zapatito dijo...

¡Demasiados recuerdos!
Talca: la ciudad que cobijó gran parte de mis ensoñaciones. Pude conocerla mucho antes de siquiera imaginar que me tocaría "estudiar" (sí, entre comillas) allí. Caminé, sin que nadie lo supiera, de madrugada por sus calles dormidas como buscando a la mujer que había perdido años atrás (esa historia se remonta a Lota, yo tenía sólo 17 años y cargaba bajo el brazo "El sabueso de los Baskerville"). Aunque Adriana -así se llamaba- fuera de San Rafael, Talca, la urbe, me arrastraba hacia ella. Viví el Ocaso más que la Gloria, pero igualmente se lo agradezco a la ciudad: compartí con los cuidadores de autos, escribí poemas arrimado a las estaciones de servicio, invité a tomar café a un chico de la calle, me trasnoché hablando de política en unos de los carros de completos, entré en prostíbulos, el cementerio municipal, vi OVNIS, colaboré con el padre Hurtado, entré al Liceo Abate Molina, busqué hasta el cansancio una tal tía Elvira, la regente del mejor prostíbulo piducano; me paseé por las pensiones de estudiantes diciendo sandeces y desafiando el intelecto de los otros, me topé con "Los sultanes", los que cantaban "Agente, agente", Juan Gallo (un tipo que hacía sketches en El Festival de la una), a una de las hermanas Campos, fui de los pocos que fue a ver la presentación de un trío de música clásica italiana "Aedes" que de seguro nadie recuerda, estuve interrumpiendo una parada del 18 de septiembre, en fin... Fui al estadio sin mayor motivación que la de estar "en Talca" y desear secretamente el encontrarme cara a cara con la mujer que me había hecho pasar una noche torrencial a la interperie escribiendo rancheras y cantándolas.
Sin ir más lejos, Talca fue la pequeña escuela que me motivó a tomar mis petacas y largarme fuera, iniciar ese viaje espiritual hasta México.
De Talca también conservo grandes recuerdos de todos esas amistades que forjé. Sin ser el rey de la comedia ni menos aún un tipo afable, me aceptaron tal cual, y hasta fomentaron mi ácida forma de ver las cosas. Mi mediocridad respiraba por los poros, pero me sentí valorado, tal vez por mis sueños de grandeza literaria, mi veta artística.

Viajar a Talca era más que nada una excusa para huir de lo terriblemente rutinario de Santiago. Solía viajar las tardes de domingo, allí me encontraba con rostros familiares que subían al bus en Rancagua, San Felipe o "algún pueblo" que mencionaba en mis escritos con una palabra de la que me apropié por esos años: innombrado.
La atmósfera me la brindaba la música de mis cassettes, desde ELO hasta Emerson, Lake & Palmer, desde Journey hasta Alan Parson project, desde The cars hasta Cheap trick, desde esas canciones marcadas por la radio hasta aquellas que nunca pude conocer, sino hasta hoy, su nombre. La sensación de escapar me liberaba, me llenaba de ideas e historias que quizá nunca traspasen la inquisición del papel... Sólo puedo decir que el mundo me valía poco y que yo subsistía gracias a mi mundo en paralelo, allí donde los personajes trascendían lo anecdótico, donde las historias se cargaban de drama, pasión y arrebato...
Talca, Talca querida... Recogí de cada año los colores de tus estaciones, los olores de tus calles, la tristeza de tus amanecereces tímidos. Talca, Talca... ¿Te acuerdas de mí?

¿Te acordarás alguna vez de mí?

Anónimo dijo...

En ese mediano sur vivimos las más intensas alegrías y también algunas penas, pero quedarán en el recuerdo eterno, nuestros pasos que ahora invisibles marcaron nuestra amistad.