viernes, noviembre 30, 2007

EL OCASO DEL DICTADOR


¡11 mil 804 millones, 425 mil 8 pesos! Esa era la noticia en la madrugada del domingo 3 de diciembre de 2006. Y con esas palabras de Don Francisco, dando cuenta de que la meta para la Teletón había sido cumplida, trabajé esa noche en la radio, sin saber lo que se avecinaba. Sin ir más lejos, con esa noticia encabecé los titulares de domingo por la mañana. Luego ayudé a la gente de espectáculos, que como a las 3 de la mañana comenzaron a llegar con el material desde el Estadio Nacional; como periodista de trasnoche debía dejar listo todo.

Cortando cuñas estaba, cuando cerca de las cinco de la mañana suena el teléfono... era Mario Antonio Guzmán, periodista de tribunales que me dice una noticia bomba: Pinochet había sido internado en el Hospital Militar tras sufrir un ataque al miocardio y un edema pulmonar. Fue gracioso que después de un mes trabajando en la Cooperativa me tocara hacer frente a semejante acontecimiento.

De inmediato llamé al periodista a cargo del móvil en domingo para que se fuera volando al hospital, para luego contactar con el General Guillermo Garín en su calidad de vocero de la familia Pinochet. Primero alerté al radiocontrolador Christián Quezada para que tuviera lista la cortina clásica "El diario de Cooperativa está llamando", mientras yo trataba de convencer a Garín para que diera una versión. Tras mucho porfiar logré sacarlo al aire y entregar la primera información sobre la situación del dictador... esta última palabra le causó gracia a mi amigo Osmar Mamedo desde Suecia, ya que se le llamaba dictador siempre y cuando no se estuviera conversando con uno de sus leales pinochetistas.

Transcribo textual lo que me dijo vía mail esa madrugada: "Jajaja, oye, sí te escuchamos, que pena que pinochet no se haya muerto durante el despacho de Carvajal, habría sido genial la incursión periodística, mira cómo son las cosas, haber cubierto tremenda noticia feliz. La periodista que te tomó la posta, en todo caso, lo llamó altiro de "ex dictador", aunque al contactarse con Cardemil volvió a nombrarlo "ex general". Hablando de Pinochet, me acordé del diablo, así q te mando la Biblia satánica pa que vayai formando la biblioteca paranormal. Un abrazo informativo, yo".

En efecto, como una hora más tarde llegó mi relevo, para luego dedicarme a hacer producción en una radio que estaba anómalamente atestada de gente en día domingo. Mi turno lo solía terminar a las 8,30, pero esa mañana me fui como a mediodía. De inmediato fui a dormir, algo que necesitaría para la jornada siguiente...

Claro, porque la madrugada del lunes 4 de diciembre tuve que hacer guardia frente al Hospital Militar. En el estudio se quedó otro colega, mientras yo hacía despachos cada cierto tiempo. Recuerdo que justo esa noche estuvo bastante helada. Era gracioso ver una suerte de altar que le hicieron unas viejas a Pinochet, con fotos, banderas y velas, como si se tratara de un santo... aproveché la oportunidad para sacarle unas cuñas y hacer los despachos menos somnolientos.

El resto de la jornada la pasé conversando un café con un reportero gráfico de la agencia Reuters que se había instalado con carpa en el lugar.

A las seis entregué la posta a la periodista Bárbara Cox, luego de hacer un reporte de la madrugada como a las seis (con Sergio Campos en el estudio). Volví a la radio y terminé el turno bastante satisfecho y sabiéndome partícipe aunque sea de un trocito de historia.

miércoles, noviembre 28, 2007

UNA TARDE EN VÍA X


Con el Marko estábamos muertos de sed… pero de cerveza. Habíamos pasado la tarde en el museo de Bellas Artes en una visita académica del curso de Historia de la Cultura con aquel profesor que se parecía a Juan Antonio Labra.

Luego de ver cuadros más que repetidos y sosos, optamos por caminar para dejar pasar el tiempo… creo que era un día jueves, fines de noviembre de 2002.

El problema es que la caminata bajo el sol, a través del Parque Forestal, aumentó nuestras ganas de degustar un poco de jugo de cebada y la desazón por carecer de plata, mal endémico del estudiante universitario. Como verdaderos masoquistas enfilamos por Pío Nono, sabiendo que en Bellavista habría cientos de personas disfrutando en mesas al aire de alcohol frío y fresco. De seguro, un camino de babas señaló la ruta que seguimos hasta las faldas del cerro san Cristóbal… De repente, el Marko se acordó de que subiendo por Chucre Manzur, llegábamos al canal de cable Vía X, dónde podíamos entrar como público a algún programa grabado.

Ya habíamos caminado bastante desde el museo, por lo que unos pasos más en pendiente no nos causarían daño. Hablamos con el guardia y nos dijo que esperáramos unos minutos hasta que abrieran el estudio.

Creo que esperamos menos… el tema es que avanzamos un poco y mi compañero se quedó embobado con una de las conductoras de programas, creo que se llamaba Paloma. Con cara “calentón” la saludó, recibiendo de ella una respuesta satisfactoria para su ego.

Sin más entramos a una suerte de galpón, donde lo único pulcro era la esquina donde se hacía el programa. Pronto entró el conductor, un tipo con peinado rasta de apellido Abdala. Al poco rato, entró una pareja media alegrona, parece que algo ebrios. Se sentaron a un metro de nosotros, en una gradería digna de circo pobre.

El programa empezó con la mención de los auspiciadotes… en tanto, desde una mochila, la tipa sacó una botella de cerveza. Con una destacable solidaridad etílica, nos ofreció los primeros sorbos de la botella de Báltica, que como si fuera un banquete para judíos rescatados de un campo de concentración, aceptamos sin dudar.

Guardaron la botella, para que no la vieran. En eso entró al escenario Roberto Nicolini, que para variar se puso a hablar de Pipiripao, el Festival de los Robots, etc. Siempre me ha llamado la atención la divinidad lamebotas que se ha tejido en torno a este personajillo de la TV ochentena.

Ya más repuestos con el alcohol en las venas, empezamos a reír con los chistes malos, tal cómo lo hacía el camarógrafo de Canal 13, un tal Riquelme (cuenta la historia que en los programas de conversación, los “jojoooo”, surgía de su garganta).

Para completar la escena, llegó Florcita Motuda, quien empezó a saltar como orate sobre el sillón que lo acogería el resto del programa. Fue el climax.

Pronto nuestros amigos de la cerveza quisieron continuar bebiendo, sin embargo, la coordinadora de piso los pilló y les decomisó la botella… nos dio risa, ya que ellos la compraron y no tomaron nada, contrario a nosotros... jajaja.

Terminó todo como a las 21 horas… una tarde que pintaba para fome y seca terminó como una posibilidad de reírnos de los rostros faranduleros con una cerveza en la mano.

lunes, noviembre 05, 2007

AL LIFFLE LO ENTIERRAN HOY


Parece mentira que hace nueve años estuve muerto... al menos ese fue el rumor que corrió en la Escuela de Derecho de la Universidad de Talca. Mis compañeros de ocio se encargaron de desperdigar entre el alumnado la trágica historia de mi prematuro deceso, acelerado por la impericia de un chofer de la línea de buses Talmocur, quien habría frenado de sopetón, haciendo que mi insignificante humanidad colisionara contra el parabrisas. Muerte inmediata rezaría en mi certificado de defunción.

El tema es que desaparecí de la escuela por unos días, y ya me tenían muerto y enterrado, como se aprecia en la escena que encabeza este recuerdo, creada por Juan Ñaque (nótense los problemas de proporción que aún sufre nuestro amigo a la hora de dibujar).

Hubo quienes se tragaron el embuste, como fue el caso de Juanito Macaca (a quien atribuíamos un seudo onanismo patológico), quien estuvo al borde de las lágrimas al conocer la noticia.

La broma pudo llegar más lejos, ya que Osmar Mamedo quiso publicar mi obituario en el diario El Centro de Talca, sin embargo, la iniciativa no prosperó. Más adelante haría un panegírico en video, en el que me dedica canciones y regala libros para la vida de ultratumba.

Luego adaptarían la canción "Tite" de Tommy Rey para "homenejearme"; "al Liffle lo entierran hoy, al Liffle lo entierran mañana..." sonaba en los pasillos de UTAL, era como la banda sonora de mi ida al más allá.

Pronto moriríamos varios, pero como estudiantes de derecho. No obstante, mi supuesta muerte es un mito arraigado en la historia del grupo, con una fuerza similar a publicitado fallecimiento de Paul McCartney a fines de los sesenta... y sin sacarme fotos a pata pelaá...