miércoles, agosto 29, 2007

LOS UTAL LOSERS


Cómo se conformó esta logia, los desconozco, pero debo confesar que la interacción con estos “monstruos” del humor y del Carpe diem, me transformaron (para bien o para mal) en el ser humano que soy.

En 1998 ingresamos los cuatro a la escuela de derecho de la Universidad de Talca; Osmar Mamedo, el Bomba, Juan Ñaque y quien esto escribe llegamos a las lides leguleyos por diversas razones. Sin embargo, lo que debió ser la antesala al ejercicio de la abogacía se transformó en un quinto medio.

Desarrollamos la capacidad de reírnos de nosotros mismos y afinamos la puntería con el resto. Quienes pueden dar fe de ello son personajes legendarios por esos años: Stephen Hawkins (un muchacho con una deficiencia indeterminada), Pásenle el cigarrillo (un tipo sin manos que usaba una prótesis para poder fumar), el Padrino (un gordito curicano que se parecía a Al Capone), el Chiquis (jabalí cauquenino), el Chávez (un retrasado). Los profesores tampoco se salvaron especialmente don Hugo T. (ya me explayaré más en ello en otra oportunidad).

Perfeccionamos, a su vez, aptitudes escondidas como la imitación, la caricaturización, la sátira, el humor negro, el pensamiento crítico destructivo. Nos hicimos invencibles al oprobio general que nos tenía el apodo de los Inconscientes. Perdimos la vergüenza y vivimos los años universitarios (distintos en cada caso) como un aprendizaje para la vida.

También supimos buscar el lado hilarante a las desventuras académicas y amorosas de cada uno, de dónde viene el convencimiento en torno al grupo de que éramos unos Fracasados; sin ir más lejos teníamos un banco para discurrir sobre dichos aspectos.

Puedo decir que en la convivencia con mis compañeros y amigos de logia crecí (espiritualmente, ya que soy bastante chico) y disfruté de la complicidad que no tuve en el colegio; en suma, me encontré con seres a la altura de mis expectativas, ansias, inquietudes.

Pasaron casi diez años desde que nos conocimos, muchas cosas han cambiado.

Juan Ñaque fue el único que terminó la carrera, hoy es Defensor Público y logró hacer realidad el sueño de comprarse un auto último modelo.

El Bomba está a punto de terminar la carrera de pedagogía. Ya no juega al fútbol como antaño, ni nos maravilla con su virtuosismo musical, está dedicado a sus estudios.

Osmar Mamedo es un hombre de familia (casado, con una hija). Es fundador de la Sociedad del Ocio, institución virtual a la que da vida con cretividad, ironía y precisión. Vive en un suburbio sueco, Sölna. Dejó la batería virtual, ya tiene una verdadera.

Quien esto escribe también está felizmente casado, se transformó en periodista y aún se da tiempo de reir con lo que el resto de la gente vomita o desecha.


LOS IMPRESENTABLES


Mi paso fugaz por la música tuvo a los Impresentables como vehículo. Era el segundo año en la escuela de periodismo de la Usach el momento en que surgió esta idea tan efímera como los Travelling Wilburys de George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lynne y Tom Petty.

La formación original estaba conformada por Abst3mio en voz, Frodo en Guitarra, Marko en bajo, la Insalubre en batería y yo en teclados.

La idea surgió 2002 (primer año de la carrera) en que nos juntamos para realizar una suerte de memoria sobre la influencia del rock; junto con el contenido del trabajo, habría una contextualización musical con temas por década. A saber, interpretamos fragmentos de “Hey Jude” de los Beatles, “Smoke on the water” de Deep Purple, “The Final countdown” de Europe y “Creep” de Radiohead. Para graficar el efecto en Chile hicimos una breve performance de “La voz de los ochenta” de los Prisioneros.

Dicha presentación la hicimos a finales de 2002, casi coincidente con la semana de la escuela de periodismo.
La organización nos pidió tocar los mismos temas… y lo hicimos sin un nombre oficial. En esa época no teníamos baterista pero si otro guitarrista, el Guatón López.

En 2003 decidimos volver a juntarnos, ahora sin el Guatón y con la Insalubre como drummer. El resultado fue los Impresentables.

Para esta experiencia queríamos dejar los covers y tener nustras propias creaciones. Así surgieron temas de nuestra autoría; yo colaboré con “En el patio de los pintores” y “Mi princesa y el tiempo” (dedicada a mi esposa). Frodo nos entregó “Destierro infernal”. Con Marko compusimos “Adultos perdidos”, inspirada en la página de la Policía de Investigaciones que busca personas extraviadas.

Con estas creaciones nos presentamos el 28 de noviembre de 2003 en Sherwood, patio de la escuela, tal como se ilustra en la instantánea tomada por Andrea Medina durante el show.

Habíamos realizado una serie de ensayos en una sala de calle Serrano, así que los temas estaban sabidos.
Fue el debut y el final, como pasó con los Traveling Wilburys… fue un gustito que me di, como tantos de otros. Fue la oportunidad de sentirme un rockstar… a pequeña escala…

martes, agosto 28, 2007

DON'T DREAM IT'S OVER


Se trata de una canción que busqué por años; la tenía grabada en un cassette, pero estaba marcada por una locución de la radio Opus de Curicó (desaparecida). Eso ocurrió cuando terminaba la enseñanza media. El problema es que sabía el nombre del tema, pero no los intérpretes, una duda que se mantuvo hasta que entre a la universidad.

Mamedo conocía el nombre del grupo, Crowded House pero tampoco tenía una grabación como la gente del tema. Había logrado ver en internet la carátula del disco, que dibujó a falta de computadores e impresoras. Pronto averiguamos que se trataba de una banda neocelandesa.

Pásabamos horas esperando que una radio la tocara completa. En ocasiones la escuchábamos en la calle, como sucedió una vez mientras vitrineábamos en el verdadero mercado persa ubicado bajo el paso bajo nivel de 1 sur con 11 oriente en Talca.

Ambos habíamos dejado la escuela de derecho, cuando Mamedo escuchó el tema caminando por la calle en Santiago; un tipo vendía un disco pirateado con temas de los 80's. No recuerdo cuánto le costó, pero el asunto es que la canción ya estaría en nuestro repertorio, sin cuñas, ni interrupciones...

Hace un par de semanas, mientras leía el suplemento de cultura de La Tercera, me encontré con la sorpresa de que Crowded House sacó este año un nuevo disco, "Time on earth"... un esfuerzo creativo de Neil Finn (líder del grupo) que valdrá la pena escuchar.

Les invito a disfrutar de este clásico de 1986... Crowded House, "Don't dream it's over"... presiona play...

LOS GATOS


Era una de nuestras típicas caminatas en masa durante el segundo año de Derecho en la Universidad de Talca; si mal no recuerdo íbamos Juan Ñaque, el Bomba, el Chiquis, Mamedo y yo. Como era tradicional, tomábamos la micro 2 en el paradero del Alma Mater y bajábamos en la plaza de armas. Lo común era que camináramos por la 1 sur hasta el terminal de buses.

En esa ocasión, hicimos una breve escala en una tienda de compra y venta de discos, cassettes y revistas ubicada en 6 oriente entre 1 norte y 1 sur.

Con Mamedo comenzamos a mirar los CDs en vitrina; había buenos títulos, pero no como para volverse locos. Además, para variar, andábamos sin un peso. Entre los discos, ambos vimos de reojo uno que parecía decir "Los Gatos", que en definitiva, no tomamos en cuenta.

Tras revisar las ofertas de cassettes (el medio recurrrente de escuchar, reproducir y piratear música por esos años), dimos media vuelta para seguir por nuestro camino).

Salíamos del local, cuando me fijé bien en el supuesto disco de "Los Gatos"... oh sorpresa, se trataba del notable disco "First" de David Gates, aquel que incluye el clásico "Suite: Clouds, Rain". !Lo habíamos confundido!

Inmediatamente le dije a Mamedo y ambos soltamos una carcajada, seguido de una lamentación... no teniamos plata para comprarlo. Finalmente nos retiramos resignidaos con cara de gato que mira a la carnicería.

Días después Mamedo fue a buscar dicho tesoro, pero ya lo habían adquirido... Hay que entender que era en los tiempos en que Internet estaba en pañales, no eran masivos los torrents y pesábamos menos que un paquete de cabritas...

lunes, agosto 27, 2007

VELETA SUI GENERIS



Cada cual le da usos distintos a los objetos del entorno; la palmera que se observa en la imagen sirvió de veleta por años durante mi vida en Molina, así se ve desde la entrada de la casa de mis padres. La palmera está allí desde principios del siglo XX, en un caserío contiguo a un almacen de abarrotes.

Lo simpático es que sus hojas señalaban precisamente la dirección del viento, algo elemental en el campo para saber si va a llover o no. Durante esos años me las daba de metereólogo, pero a partir de señales como el viento o la aparición de pájaros en el galpón de la casa.

Cuando las hojas de la palmera eran movidas hacia sur con fuerza un temporal se acercaba. En la caso contrario, se avecinaba una helada si era invierno y día fresco en casa de ser verano.

Resistió muchos temblores y temporales esta palmera, que incluso servía de refugio para lechuzas en el período estival. Hubo inviernos duros, como el de 1992, en que resistió con entereza la fuerza eólica.

Sin embargo, siempre me preguntaba como era el suelo en que estaba plantada; a veces creía que tenía una espacio mísero entre una casa y otra, que surgía entre las techumbres como una chimenea festiva y verde.

Pasaron muchos años para que pudiese conocer el origen de la veleta natural. Sucedió hace unos cinco años. En la casona de donde nace la palmera se estableció un centro cultural, lugar en que se organizó un recital de jazz. En primera instancia no noté que era la respuesta a una de mis absurdas dudas existenciales. Sólo cuando estaba a unos metros del acceso al patio me di cuenta.

Dudé unos segundos, temí que se perdería la magia y el encanto, terminar con un misterio que sirven para dar sal y pimienta a un recuerdo... finalmente me decidí y entré a un amplio patio, que tenía como centro a esta palmera centenaria.

Aún no pierdo el gusto por mirar la palmera en mis escasos viajes a Molina... parte de mi infancia y juventud se mantiene incólume señalando cuando salir con paraguas o más abrigado, el informe del tiempo sigue allí, en la intersección de Quechereguas y Agua Fría.

jueves, agosto 23, 2007

AGONÍA SOBRE AYSÉN


Febrero de 2006. Una tarde de “descanso” tuvimos los periodistas que acompañábamos al Presidente Lagos en su gira por el sur. Habíamos salido a las ocho de la mañana desde Santiago con rumbo a Balmaceda. Tras una serie de actividades en Lago Verde, Chile Chico, paramos en Villa O'Higgins para despachar nuestro material a la capital.

A las cinco ya estábamos todos listos y dispuestos para disfrutar de la belleza del paisaje. Nos desperdigamos por el pueblo, sin temor a perdernos ya que incluso nos podíamos escuchar de un extremo a otro. El silencio era roto de vez en cuando por ráfagas de viento o algún ave de la villa, que en suma era un punto ínfimo de civilización en una inmensidad verde, junto al lago Ciervos que desde un mirador era posible admirar en todo su esplendor.

A eso de las siete de tarde, los aviones Twin Otter de la Fach estaban listos para despegar y trasladarnos a Cochrane, esperando que llegara el Presidente desde Campo de Hielo Sur con los camarógrafos y reporteros gráficos.

Pronto se vieron otros dos aviones con la comitiva. Uno de ellos con un olor intenso, ya que uno de los camarógrafos no contuvo la protesta de su estómago y devolvió el banquete de mediodía. Por suerte, no ocuparíamos ese aeroplano.

Nos dividieron en dos grupos: la comitiva con el Mandatario partiría en el primer avión y la prensa en el segundo.

Muchos miraron con recelo la avioneta, ya que el vuelo desde Santiago lo hicimos en el Boing presidencial, mientras que las otras escalas fueron en un avión Hércules.

No obstante, era la única opción, así que subimos confiando en la pericia de los pilotos.
El arranque de la aeronave trajo consigo un fuerte olor a bencina quemada que a muchos nos trajo a la memoria el encendido de una estufa.

Me senté en el segundo asiento, con la ventana mirando hacia el oeste, con una vista privilegiada de fiordos y montañas. El viaje era fantástico y entretenido hasta que una alarma nos despertó a todos de nuestra ensoñación. No pasó un segundo de dicha diana y el motor del Twin Otter se detuvo.
Todos nos miramos y pensamos lo mismo: nos vamos a estrellar.

Muchas veces escucha a gente relatar situaciones límites en que pasa por su mente toda la vida; debo confesar que en esa oportunidad a unos 8 mil metros de altura dio un veloz recorrido por mi existencia. Raconto que sería frenado de sopetón por el “run run” del motor y la risa de los pilotos que aún deben disfrutar con la imagen del batallón de periodistas pálidos que trasladaron a Cochrane.

NIÑEZ JUNTO AL MONTE PELADO


Imbabura era sinónimo de pavor, su apariencia ruda y atemorizante, especialmente su cima rocosa, me provocaba un vacío en el estómago. Pareciera que Modesto Mussorgski se hubiese inspirado en él para componer “Una noche en el monte pelado”.

El volcán en algunas mañanas solía amanecer nevado en la punta, acentuando su aspecto grave; era como si tuviera canas, como si fuera un viejo cascarrabias a punto de estallar.

Ibarra había convivido durante largos años junto al macizo, siendo testigo de alguna erupción. Ni siquiera por eso mudaron la ciudad de allí; kilómetros más al sur, la ciudad de Baños ha sido destruida mil veces por el volcán Tungurahua, y la población regresa como si se tratase de una bandada de aves Fénix.

Desde el primer día que pisé la ciudad el Imbabura me produjo escalofríos, sentía que sus faldas se transformarían en grandes garras o que el volcán tornaría en un gran dinosaurio aprisionado durante millones de años bajo el sedimento. No faltan las viejas que hablaban de que el tapón sobre el cráter estaba trizado y que una nueva erupción era inminente. Otras veces decían que era base de ovnis sólo porque un rondín borracho lo había dicho.

Tuve más de una pesadilla por culpa de su aspecto tormentoso; una noche soñé que la punta rocosa volaba y caía sobre mí. Otra noche pensé que platillos voladores rocosos plagaban el cielo, anunciando una invasión extraterrestre.

Mis temores más grandes, empero, se hicieron presentes para el terremoto de 1987; la gente decía que había ruidos subterráneos, que el magma saldría por el cráter y que la ciudad sería arrasada… no hubo pesadillas, simplemente perdí el sueño.

Aunque pasen los años, aún sigo sintiendo en la panza un dejo de náusea, más que temor por el “cuco” de mi niñez.

viernes, agosto 03, 2007

RUBBER SOUL


Eran meses sin una reunión como las de antaño, como en los tiempos universitarios. La gran diferencia es que cambiamos las "chelas" por vino Cavernet Sauvignon y Merlot... pero en taza. En el fondo somos los mismos que ahogaban el stress y las desventuras en alcohol, sea en el Entrelatas, La Cabaña, La Piojera u otros antros de perdición. Los mismos que aprovechaban cualquier ausencia docente para abandonarse en el quehacer de las clases ociosas, haciendo música. Surgieron sones de aquellos tiempos, Radio Head, Nirvana, Los Tres... aporté con una versión ácida de "Tomorrow never knows".

También nos reímos de los perdedores de siempre y de como nos estamos volviendo viejos. Brindamos por la existencia, por la amistad, por el humor negro, por el Rock, por la decadencia... Entre tanta reminicencia, sacamos a relucir en infantilismo y bombardeamos viejas con papas fritas desde el segundo piso... Marko las quiso bañar con vino y terminó con aspecto de novia cuando se le cayó la cortina sobre la cabeza.

Abstemio, en tanto, sacó sus virtudes histriónicas y dio rienda suelta al Jim Morrison criollo que lleva dentro.
A la larga, el ambiente estaba tan espeso como la imagen que capturamos del momento y que asemeja a la portada del disco "Rubber Soul" de los Beatles.

Lo bueno es que no fue como las clásicas reuniones para llorar penas, se trató de disfrute por la vida... se me vienen a la mente unos versos de Henry David Thoreau:

"Fui a los bosques porque deseé vivir sin preocupaciones. Deseé vivir profundamente y aspirar todo el tuétano de la vida. Para poner en evidencia todo lo que no era vida, y no, cuando había venido morir, descubrir que no había vivido".

Esos nos diferenciaba y nos sigue diferenciando del vulgo. Desde algo tan básico como un sorbo de vino que se transforma en algo sublime, en vehículo para necesidades esenciales, no un mero divertimento de jóvenes irresponsables... Y vuelvo a la frase que da vida a este espacio, SOMOS HIPERBÓREOS, SABEMOS BASTANTE BIEN CUAN APARTADOS VIVIMOS...

Salud compañeros...

miércoles, agosto 01, 2007

UN ESTADIO CLÁSICO POR EXCELENCIA



Dejé por unas horas el ahogo de la capital y me pegué un pique a Rancagua; un viaje de una hora con buen paisaje no le hace mal a nadie. Eran cerca de quince años en que no visitaba la capital de la región de O'Higgins, de los tiempos en que visitaba la casa de mi tía en la población Manso de Velasco, junto a la línea del tren.

Esta vez el anfitrión sería el Bomba, conocido en este espacio por su faceta "caza autógrafos". Me hizo un tour por la ciudad, oportunidad en la que me sorprendí viendo anuncios comerciales añosos, como el de la Casa Zúñiga.

Pero la visita más notable la hicimos al estadio "El Teniente", recinto que a mi entender es clásico por excelencia. Aunque no soy un entusiasta del fútbol, si rescato elementos del ambiente; en este caso se trata de la estructura de madera, la familiaridad y cercanía de las tribunas (excepto la nueva, que fue construida recientemente tras un incendio), la pista de ceniza... lamenté que no hubieran arcos de madera. Me imagino inmediatamente una pelota de cuero marrón, un montón de británicos hediondos a whisky, de pantalones largos, arqueros sin guantes, árbitros con terno, sin barras bravas... barro, tablas con números pintados para los cambios, marcador operado por una viejito calvo... fútbol a la antigua... Francisco Platko y la estrategia WM... goalkeeper, win derecho, revista Estadio, zapatos Alonso...

Tuvimos suerte, ya que el acceso a la cancha estaba abierto, así que logramos empaparnos del espíritu deportivo y el olor a pasto recién cortado, tal como se vé en la foto sobre el césped de "El Teniente"...
En buenas cuentas, me di el gran gusto de visitar a un gran amigo, tomar aire fresco y disfrutar de un estadio clásico por antonomasia, y que no en vano fue sede de un mundial.