viernes, junio 29, 2007

LA PUGNA DE MIS EGOS



Sin querer mi estilo literario comenzó a desvanecerse tras la imagen del periodista, que necesariamente transforma las palabras en un tratado de geometría, en que la cantidad y la precisión mandan. No hay espacio para metáforas, comparaciones, sentimientos ni introspección, solamente informar con la tan manoseada objetividad.

Con tristeza escucho a mi yo literario quejarse, toser a diferentes horas del día por el abandono. Mientras rozagante, el yo periodista grita que fueron años de espera, que su rival tuvo excesivo tiempo para mostrarse sin resultados satisfactorios.

Los hechos dan la razón al periodista; las mayores gratificaciones surgen desde mi irrupción en los medios de comunicación. Sin embargo, el placer de escribir siempre estará hermanado con el escritor. Es como producir el vino que pronto te beberás, preparar un banquete con la cuota exacta de cada plato.

El periodista cocina como si se tratara de un restaurante de comida rápida; contundente para todo estómago, que cada comensal quede satisfecho con su "cajita feliz".

Es de madrugada, a esta hora conviven el escritor y el periodista, se trata de un armisticio de trasnoche, porque necesito tenerlos despiertos a ambos para cumplir mis dos objetivos inmediatos: satisfacer mi necesidad de manjares exquisitos y satisfacer al populacho con noticias, así de simple...

lunes, junio 25, 2007

RADIO NIGHTS



Cada noche de fin de semana, cuando espero la hora en punto para dar el boletín de noticias en la radio, se me viene a la mente la carátula del álbum "The nightfly" de Donald Fagen... es como si me pusiera lentes oscuros, me olvidara de la existencia del sistema computacional que mezcla la música y el controlador que vigila el proceso... desaparecen los cables de la mesa, sólo recuero a mi corazón y el influjo de las canciones que fluyen del tornamesa frente a mí... discurro en torno al caos que puede provocar oir "Revolution" de Los Beatles o la pasión que inspira "Nights in white satin" de Los Moody Blues.

El micrófono es el único ente con quien acepto discutir, que sirve de feedback a la hora en que sólo los rondines, los delincuentes, los panaderos y las imprentas me escuchan, se acompañan con palabras tal vez incomprensibles pero necesarias en una madrugada solitaria.

La parrilla prográmatica para cumplir con los compromisos comerciales con los sellos musicales no importan, están los discos para incrementar la tensión discursiva con el micrófono... me olvidó de la hora, del clima... solo estrujo mi alma, la rozo con la superficie ora suave, ora áspera de una melodía... "no es tiempo para románticos" decía la vendedora de artículos pornógraficos a Amélie en cierta película.

2,59, hora del boletín... despierto, Sergio me da el "vamos" tras el vidrio... noticias nacionales, del mundo, curiosas... y mi corazón entre en coma hasta una hora más...