miércoles, noviembre 28, 2007

UNA TARDE EN VÍA X


Con el Marko estábamos muertos de sed… pero de cerveza. Habíamos pasado la tarde en el museo de Bellas Artes en una visita académica del curso de Historia de la Cultura con aquel profesor que se parecía a Juan Antonio Labra.

Luego de ver cuadros más que repetidos y sosos, optamos por caminar para dejar pasar el tiempo… creo que era un día jueves, fines de noviembre de 2002.

El problema es que la caminata bajo el sol, a través del Parque Forestal, aumentó nuestras ganas de degustar un poco de jugo de cebada y la desazón por carecer de plata, mal endémico del estudiante universitario. Como verdaderos masoquistas enfilamos por Pío Nono, sabiendo que en Bellavista habría cientos de personas disfrutando en mesas al aire de alcohol frío y fresco. De seguro, un camino de babas señaló la ruta que seguimos hasta las faldas del cerro san Cristóbal… De repente, el Marko se acordó de que subiendo por Chucre Manzur, llegábamos al canal de cable Vía X, dónde podíamos entrar como público a algún programa grabado.

Ya habíamos caminado bastante desde el museo, por lo que unos pasos más en pendiente no nos causarían daño. Hablamos con el guardia y nos dijo que esperáramos unos minutos hasta que abrieran el estudio.

Creo que esperamos menos… el tema es que avanzamos un poco y mi compañero se quedó embobado con una de las conductoras de programas, creo que se llamaba Paloma. Con cara “calentón” la saludó, recibiendo de ella una respuesta satisfactoria para su ego.

Sin más entramos a una suerte de galpón, donde lo único pulcro era la esquina donde se hacía el programa. Pronto entró el conductor, un tipo con peinado rasta de apellido Abdala. Al poco rato, entró una pareja media alegrona, parece que algo ebrios. Se sentaron a un metro de nosotros, en una gradería digna de circo pobre.

El programa empezó con la mención de los auspiciadotes… en tanto, desde una mochila, la tipa sacó una botella de cerveza. Con una destacable solidaridad etílica, nos ofreció los primeros sorbos de la botella de Báltica, que como si fuera un banquete para judíos rescatados de un campo de concentración, aceptamos sin dudar.

Guardaron la botella, para que no la vieran. En eso entró al escenario Roberto Nicolini, que para variar se puso a hablar de Pipiripao, el Festival de los Robots, etc. Siempre me ha llamado la atención la divinidad lamebotas que se ha tejido en torno a este personajillo de la TV ochentena.

Ya más repuestos con el alcohol en las venas, empezamos a reír con los chistes malos, tal cómo lo hacía el camarógrafo de Canal 13, un tal Riquelme (cuenta la historia que en los programas de conversación, los “jojoooo”, surgía de su garganta).

Para completar la escena, llegó Florcita Motuda, quien empezó a saltar como orate sobre el sillón que lo acogería el resto del programa. Fue el climax.

Pronto nuestros amigos de la cerveza quisieron continuar bebiendo, sin embargo, la coordinadora de piso los pilló y les decomisó la botella… nos dio risa, ya que ellos la compraron y no tomaron nada, contrario a nosotros... jajaja.

Terminó todo como a las 21 horas… una tarde que pintaba para fome y seca terminó como una posibilidad de reírnos de los rostros faranduleros con una cerveza en la mano.

1 comentario:

Teodésico Coimbra dijo...

jajajajaja esta buenisima la anecdota... seguro que frame hoy rehuye de su pasado y se dedica a las relaciones publicas de una gra corporacion vestido de terno y corbata jajaja