jueves, septiembre 27, 2007

EL PAGO DE CHILE


Aunque no soy muy dado a hacer comentarios deportivos, es menester hacer notar lo que sucedió tras la caída del equipo de Copa Davis de Chile ante Israel, y la cosiguiente pérdida de la categoría de miembro del Grupo Mundial.

Tanto la prensa como la opinión pública se fueron en picada sobre los singlistas Fernando González y Nicolás Massú dejando ver una característica tan notoria en este país que por ventura o desgracia nos acoge a muchos; la facilidad con que se apabulla a quien no cumple con las expectativas, olvidando toda una senda de triunfos.

Parece ayer cuando Chile luchaba por mantenerse en la Zona Uno americana, idolatrando a un Sergio Cortes, que aunque número uno del equipo, nunca logró salir de un ranking 100. A deportistas así es entendible criticar hasta el cansancio.

Sin embargo, atacar con vehemencia a dos profesionales que no logran su sustento por jugar Copa Davis (tal como apuntó Marcelo Ríos en una entrevista para un matutino), que defiende a Chile por patriotismo y amor al juego, y que diariamente le llenan la panza a editores de prensa y espectáculos, es simplemente mala leche.

Igualmente, la gente común no tardó en olvidar las medallas de oro que en cien años Chile jamás había logrado. Esta gente no tiene autoridad moral para criticar un desempeño, que aunque pobre en el match ante Israel, tiene como antecedente horas de viaje y de tenis sin descanso.

Llamo a la gente a triunfar en su ámbito, y no arrimarse a éxitos ajenos, de los que no tienen derecho a arrogarse responsabilidad. Su rol se remite a disfrutar del juego... en eso Massú y Gonzalez cumplieron, haciendo un tenis de excepción por instantes.

A la prensa le pido respeto por quienes les han aportado significantes encabezados y contenidos, que por generar noticia no rompan el prestigio que estos dos deportistas se han ganado dentro y fuera de la cancha, que han demostrado ser superhombres en una tierra de mediocres y fracasados.

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