jueves, agosto 23, 2007

AGONÍA SOBRE AYSÉN


Febrero de 2006. Una tarde de “descanso” tuvimos los periodistas que acompañábamos al Presidente Lagos en su gira por el sur. Habíamos salido a las ocho de la mañana desde Santiago con rumbo a Balmaceda. Tras una serie de actividades en Lago Verde, Chile Chico, paramos en Villa O'Higgins para despachar nuestro material a la capital.

A las cinco ya estábamos todos listos y dispuestos para disfrutar de la belleza del paisaje. Nos desperdigamos por el pueblo, sin temor a perdernos ya que incluso nos podíamos escuchar de un extremo a otro. El silencio era roto de vez en cuando por ráfagas de viento o algún ave de la villa, que en suma era un punto ínfimo de civilización en una inmensidad verde, junto al lago Ciervos que desde un mirador era posible admirar en todo su esplendor.

A eso de las siete de tarde, los aviones Twin Otter de la Fach estaban listos para despegar y trasladarnos a Cochrane, esperando que llegara el Presidente desde Campo de Hielo Sur con los camarógrafos y reporteros gráficos.

Pronto se vieron otros dos aviones con la comitiva. Uno de ellos con un olor intenso, ya que uno de los camarógrafos no contuvo la protesta de su estómago y devolvió el banquete de mediodía. Por suerte, no ocuparíamos ese aeroplano.

Nos dividieron en dos grupos: la comitiva con el Mandatario partiría en el primer avión y la prensa en el segundo.

Muchos miraron con recelo la avioneta, ya que el vuelo desde Santiago lo hicimos en el Boing presidencial, mientras que las otras escalas fueron en un avión Hércules.

No obstante, era la única opción, así que subimos confiando en la pericia de los pilotos.
El arranque de la aeronave trajo consigo un fuerte olor a bencina quemada que a muchos nos trajo a la memoria el encendido de una estufa.

Me senté en el segundo asiento, con la ventana mirando hacia el oeste, con una vista privilegiada de fiordos y montañas. El viaje era fantástico y entretenido hasta que una alarma nos despertó a todos de nuestra ensoñación. No pasó un segundo de dicha diana y el motor del Twin Otter se detuvo.
Todos nos miramos y pensamos lo mismo: nos vamos a estrellar.

Muchas veces escucha a gente relatar situaciones límites en que pasa por su mente toda la vida; debo confesar que en esa oportunidad a unos 8 mil metros de altura dio un veloz recorrido por mi existencia. Raconto que sería frenado de sopetón por el “run run” del motor y la risa de los pilotos que aún deben disfrutar con la imagen del batallón de periodistas pálidos que trasladaron a Cochrane.

1 comentario:

Exma. Sociedad Del Ocio (En Colaboración) dijo...

podríai largarte a escribir una novela a lo josé sepúlveda: aysen express...