lunes, julio 23, 2007

LA LUCHA DE CLASES


Verano de 1993 y otra de mis invenciones sin futuro daba luz en la ciudad que acogió buena parte de mi niñez, Molina; sugerí a mis compañeros de colegio crear un club de fútbol con nómina y cuotas, bien ordenado. A partir de esa idea nació el Colo Colo del Maule.

No recuerdo cuántos éramos los miembros fundadores, sin embargo llegamos a tener una plantilla inicial de 15 jugadores. Había entusiasmo entre los muchachos hasta el fatal debut en la cancha de Los Torres: 16-1 fue la primera goleada que nos comimos. La derrota caló hondo, ya que el plantel se redujo estrepitosamente a nueve jugadores.

No obstante, es ahí cuando comienza la etapa dorada del club.

Felipe, el portero, comenzó a concertar partidos con unos amigos, que actualmente calificaría como “nuevos ricos” de la población de Empleados Particulares. Por sus rasgos faciales los bautizamos como Los Chinos. Un sábado de febrero fue el primer match en la cancha de tierra del Estadio Municipal, contiguo a la Medialuna; el terreno era bastante irregular, había arcos (un verdadero lujo para quienes estábamos acostumbrados a usar rocas o plastas de vaca como pórtico en los potreros) y en unos de los costados un panal de avispas que complicaba el desempeño por las bandas.

Esa tarde calurosa alineamos con Felipe al arco, yo en la defensa, y como es normal a esa edad, Víctor, Cachito (un crack cuando no tenía flojera), Lorenzo y Alexis en la delantera. El resultado fue 8-3 en nuestro favor. Un triunfo con doble significado, ya que derrotamos a un equipo con superioridad numérica (eran como diez) y de equipamiento, ya que todos contaban con chuteadores e indumentaria ad-hoc. Nosostros llegábamos con el talento, zapatillas Tigre y bermudas reversibles muy en boga entre los muchachos por esos años.

Pero lo más importante es que derrotamos a “los cuicos”. El match adquirió ribetes sociales, una verdadera lucha de clases a nivel de escolares.

Los Chinos no se quedaron con la espina clavada y nos pidieron la revancha que les concedimos para dos semanas más. La misma cancha y con la misma alineación más un refuerzo: el Jorge.

Reñido partido fue ese en que caímos 6-5 con incidentes al final, ya que nuestro refuerzo le plantó varios “combos en el hocico” al portero contrario. En esa oportunidad marqué mi único tanto para el club; era el encargado de los penales, uno de los defensas se ensañó con Lorenzo. Foul dentro del área. La coloqué por abajo a la derecha.

Hubo un partido más cuando terminaba el verano; fue en nuestra cancha, El Bosque (un potrero contiguo a una extensa plantación de eucaliptos que hoy es una población). 15-2 vencimos y cerramos con honores la era del Colo Colo del Maule: Hoy sólo guardo estos recuerdos y una hoja con un membrete que confeccioné para las planillas.

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