lunes, julio 09, 2007

EL SÍNDROME DE LUIS


"Medio poeta el señor ha escrito una canción, y desde el reproductor los Beatles son su pasión… y sueña con escenarios, mientras le cambia la luz. Del rojo al verde no hay mucho tiempo para soñar…"

Estos son los síntomas del síndrome de Luis, del cual nos habla Franco de Vita en la canción homónima. Una sensación de la cual son presa gran cantidad de amantes de la música que de una u otra forma han visto anquilosadas sus ganas de ser una artista por una profesión honorable y viable. Y esto no se circunscribe a los oficios melódicos, vale para la literatura, el arte, la escultura, etc.

Son miles los factores que actúan separadamente o mancomunados para que este mal que describo se desencadene; muchas veces parte de la cuna, de la educación tradicional, del ideal escolástico de ser abogado, militar o sacerdote, que en nuestros días torna a ingeniero comercial, médico o abogado. En otros casos es el temor de cada individuo tanto a romper con los prejuicios y tomar un riesgo vital que potencialmente lo puede convertir en paria. Finalmente, la variable económica, esto es los escasos réditos que puede dejar el tipo de actividad, aleja a muchos de ese ideal a ratos pueril de ser artista.

Ahora, la irrupción de programas televisivos busca talentos, muy comunes en todo el mundo, en los cuales se aprovecha y se revienta una popularidad efímera, o simplemente se inventa algún don a quien no lo tiene (aquellos cuerpos apolíneos, maleables y dispuestos a todo), inhiben la explosión de aptitudes de quienes realmente los tienen.

En la concepción del superhombre nietzscheano, la voluntad de ser es el leitmotiv para alcanzar las metas sobre la media; estamos hablando de la ruptura de cánones, de tradiciones, de códigos sociales, que necesariamente van hermanados con el oprobio. Justamente, en tal sentido, la genialidad esta enraizar con la capacidad que tiene cada cual de imponer su postura, su estilo, por sobre lo popular. Las alturas de la inmortalidad son desiertas, son caminatas solitarias.

El éxito muy pocas veces resulta consuetudinario, tiene que ver más con una satisfacción íntima, con una autocomplacencia (usando el término desde su estructura literal). Los reconocimientos quedan para quienes doblan el brazo al entorno y sus modas pasajeras.

1 comentario:

Exma. Sociedad Del Ocio (En Colaboración) dijo...

"Las alturas de la inmortalidad son desiertas, son caminatas solitarias"... ¡Esta frase es demasiado, huevón, la cagaste! (se me escapó un chilenismo). Dignas de un novelista, de verdad.

Acerca del post:
La idea de quien se sepa con algún talento especial y sin la posibilidad de llevarlo a cabo -sentirse realizado- me produce un inmenso dolor. Efectivamente: mientras el mundo se mantiene en pie por la conservación de "algunos modos tradicionales de ser", una manada de espíritus atormentados se encargan de darnos su arte, su irrespetuoso contrapeso al statuo quo.
Me duele en el alma el meollo juvenil del "elegir el futuro". Mientras la publicidad nos da un knock out técnico vendiéndonos fórmulas holliwoodenses de felicidad, algunas almas errantes e inclasificables para el espectro ortodoxo vagan arrastrando sus ganas, deseos e imaginación... Están a merced de, como bien dices, el oprobio, el rechazo, "la mirada por debajo del hombro".

El fenómeno de los fabrica-ídolos se entiende desde la lógica televisiva. Fíjate que hay un hecho no menor pero que es bastante obviado: la puesta en el aire dura horas y se repite una y otra vez. ¿Qué significa? Pues bueno, que la idea es generar una suerte de dependencia psicológica entre el televidente y esos hámsters (concursantes, los "dispuestos a todo"), crear lazos invisibles de empatía y un largo etc. En el caso de Chile y toda la latinoamérica, la TV juega un papel también de índole patriarcal y, además, muchas actividades cotidianas giran exclusivamente entorno a ella (desayunar, almorzar, tomar once...). La TV es un verdadero oasis donde se confabulan principalmente los egos reprimidos y los arribistas. Evidentemente, éstos acechan por todas partes, mas la ambiguedad connatural del género lo hace aún más propicio. La TV en el caso latinoamericano (sociedades limitadas al consumo de medios y cultura, escaso índice lector, focos irradicados de anafabetismo, etc.) es un objeto interesante de estudio... Yo, de niño, escuché muchas veces en mi entorno poblacional (...literalmente, vivía en una población): "Don Francisco debiera ser el presidente de Chile".