jueves, julio 19, 2007

CONTEMPLANDO EL OESTE


Alguna vez escribí en un cuento (debió ser hace muchos años) que la Cordillera de la Costa era un verdadero imán de malas vibras... eran los años que viajaba todos los días de la semana a Talca para estudiar derecho. El trayecto de vuelta procuraba que mi asiento diera hacia el occidente para poder ver el ocaso inspirador a esas alturas. Allí concentraba mi desazón existencial, algún mal rato. A veces simplemente buscaba inspiración en el horizonte, acompañado de un libro o de una melodía lanzada al éter por la desaparecida radio Caracol.

Con mis viajes a Santiago mientras estudiaba periodismo las proyecciones del futuro encontraban significado en la contemplación del oeste...

"The west is the best" dice Jim Morrison en una parte de la alborotada y psicótica canción "The end". La Cordillera fue por años mi psicoanalista, absorbiendo mis estados de ánimo, mis nostalgias y mis desventuras. No sé cómo no se transformó en una cordón de volcanes con mis ataques de rabia o euforia. Como buen analista se mantuvo impertérrita, inamovible mientras pasaba por Panguilemo, Camarico, Pelequén o Paine.

Hace poco, de paso por la Patagonia, me encontré con una planicie eterna y fría. Pensaba en lo extraño del paisaje mientras realizaba la ruta entre Laguna Blanca y Punta Arenas... y noté que mis ideas se perdían entre ñandúes y estancias... era que no... no estaba la Cordillera de la Costa. Ahí le extrañé, ahí me hizo falta.

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