jueves, septiembre 28, 2006

Hugo Chávez: DESACIERTOS DE UNA REVOLUCIÓN CON AIRES DE ‘IMPERIO’

*Por Rodrigo Alcaíno, Jorge Bustamante, Marco Espinoza y Bárbara Rozas

América Latina, una región rebozante de materias primas, población joven y de un prometedor crecimiento a largo plazo, se ha convertido en la zona donde conviene poner las fichas de la influencia. Históricamente, Estados Unidos ha podido mantener su hegemonía en el continente -tanto económica, política y sociocultural -, representada fielmente por los distintos tratados de libre comercio con diferentes países de la región.

No obstante, hoy surge un nuevo liderazgo político en este lado del mundo: el de Hugo Chávez. Surgen de inmediato las voces que lo califican como un ‘empecinado en subsidiar eternamente la pobreza, pero sin crear riqueza’. Así, con su arrolladora personalidad, el mandatario venezolano pretende dar respuesta a lo que llama el intervencionismo del ‘imperio estadounidense’.

Si analizamos bien las políticas provenientes de Caracas, no es difícil decir que han caído en las mismas actitudes del país norteamericano: intolerancia con la disidencia interna y externa, tendencia a la demonización mediática del oponente y aplicación de un modelo económico que entiende al comercio internacional como mecanismo de presión.

La doctrina de Chávez, según él afirma, no es comunismo, a pesar de representar la izquierda más pura que alguna vez haya gobernado a Venezuela. Se empeña en denominarla ‘revolución bolivariana’, aunque más bien parece un neosocialismo populista, que según muchos entendidos, durará el tiempo que el presidente venezolano esté en el poder.

Contemporáneo continuista del ideario de Simón Bolívar, Hugo Chávez se ha topado con dificultades no muy diferentes con las que tuvo que lidiar ‘el libertador’, cuando en plena época de la doctrina Monroe, las naciones latinoamericanas se mostraron fuertemente divididas a independizarse de la influencia estadounidense. Es cierto que en el último tiempo tanto en Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela y Bolivia han llegado al poder gobiernos con tendencia de izquierda, pero existe otro eje como es México, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, los cuales han decidido optar por convivir con el libre mercado y mantener buenas relaciones con el país del norte.

La intolerancia de Chávez con esa realidad, ha propiciado el discurso propagandístico estadounidense, con la conocida caricatura del presidente venezolano como factor de “inestabilidad en la región”, llegándose a decir que chantajea y utiliza los inmensos recursos del petróleo en pos de generar cierta imagen de Venezuela en el exterior.

El mandatario venezolano, ya le había sacado el piso al ALCA, en desmedro de su propio proyecto comercial como es el ALBA (Alternativa Bolivariana para los pueblos de América) y su derivado TCP (Tratado de Comercio entre los Pueblos). Todo esto con la consigna de que ALCA representa un engranaje capitalista, y dentro de éste ‘no puede haber solidaridad’.

Más allá de la cooperación en distintas áreas, el proyecto más decisivo del ALBA son los oleoductos, con la repercusión que tiene la materia energética. Dicho oleoducto abarcará el espacio geográfico del Caribe (Petrocaribe) y latinoamericano (Petrosur). Y lo más espectacular aquí es la construcción de una línea desde Venezuela hasta la Argentina de 7.000 kilómetros, con derivaciones hacia el nordeste brasileño y hacia el Perú.

No obstante, cabe preguntarse qué tan integracionista puede ser el ALBA, y la visión de Chávez de crear oleoductos que recorran tal cantidad de territorio, si el proyecto contará con la expresa condición de que las naciones beneficiadas pasen a compartir su visión político- económica, y por ende, se alejen del libre comercio y los tratados con el primer mundo.

Dudas respecto a eso hay muchas, ya que el líder populista vislumbra que el imperio de EEUU se acabará este siglo, en tanto que América Latina cuenta con reservas energéticas para dos decenios más, lo que podría cambiar radicalmente la situación. La interrogante es cómo cambiará ese panorama: cuál es el modelo que debieran adoptar los países neoliberales para integrarse a este megaproyecto.

Quizás para responder la pregunta anterior, habría que citar el caso Boliviano, donde el gobierno de Evo Morales ha seguido al pie de la letra el curso de acción del chavismo, implementando políticas de nacionalización de materias primas, expropiando empresas extranjeras y terrenos privados. Se debe recordar que mediante un decreto con fuerza de ley, aprobado previamente por la asamblea nacional, se produjo la expropiación de latifundios y tierras aparentemente ociosas, para dársela a quien la quiera trabajar, por la ‘seguridad alimentaria’ y para ‘profundizar la revolución’.

Otro aspecto a considerar es el hecho de que Venezuela ya está utilizando el petróleo -con su ascendente precio- como moneda de cambio en muchas áreas. Por una parte compró parte de la deuda externa argentina a cambio de insumos tecnológicos; Con Cuba hace lo propio en sus programas sociales –conocidos como misiones- en área de salud, educación y deporte, logrando que sean los profesionales cubanos quienes sustentes los planes sociales alternativos, que al parecer los ministerios venezolanos no han logrado cubrir.

Existe una contradicción vital entre el decir y hacer de Chávez. Si bien critica que EEUU es intervencionista, cae en el mismo juego, bajo la premisa ‘en nombre de la democracia’. Por debajo, practica su intervencionismo en elecciones –el caso de Perú y México- o incluso la venta de petróleo más barato a los gobiernos afines en la región. Incluso va más allá, respaldando la soberanía de Corea del Norte y su decisión ‘soberana’ de probar sus misiles intercontinentales, además de respaldar a los países árabes y musulmanes, -Libia, Irán e Iraq-, en sus programas energéticos, en los que los medios internacionales llamaron ‘el petro-tour mundial de Chávez’.

La aparición de la cadena de televisión (Telesur), enmarcada en el ALBA, también es un punto de discusión. Si bien el proyecto tiene el propósito de romper el poder mediático de los canales de televisión estadounidenses, o en otras palabras ser la contraposición de CNN, al ser una estación dependiente de un gobierno tan populista, es fácil caer -más que en una información alternativa- en mensajes panfletarios. La independencia de informar no está garantizada. Para muestra un dato: el presidente de Telesur fue nombrado a dedo por Chávez, y resulta ser su ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, quien fuera el máximo encargado de la propaganda chavista.

Financiar la pobreza, pero sin crear riqueza, es la herencia del gasto indiscriminado de los petrodólares en tiempos de bonanza, que llegan irrisoriamente a acrecentar la deuda externa e interna. Es que las políticas chavistas tienden a asfixiar con impuestos a las empresas privadas, las cuales, en definitiva, producen una gran (sino la mayor) cantidad de empleo. En su defecto, se ha tratado de que la mayoría de personas, quienes trabajan en el sector informal, formen cooperativas que no han dado resultado para superar la desocupación.

La poca capacidad de resolver crisis de mediano plazo fue tangible en 2004, cuando el nivel de pobreza por hogar alcanzó el 53, 1 por ciento, mientras que en 1999 el índice era de 42,8. Todo esto por causa del impacto del paro petrolero y la recesión de 2002-2003. Un dato poco alentador avalado por el propio Instituto Nacional de Estadística de la República Bolivariana de Venezuela.

Muchos sectores adeptos al líder venezolano aseveran que la pobreza disminuyó de 43,9% en 1998 a 37,0% en 2005. Un milagro estadístico poco entendible cuando durante ese período la tasa de desempleo creció de 11,0% a 12,2% en 2005 y el ingreso per cápita se redujo en un 8,0%. Con una economía así de fracturada y una tasa de inflación abultada, no queda más que continuar pagando la deuda externa, por muy revolucionario que se sea.

Los sectores populares están más identificados con el personaje que con la estructura chavista: burocracia que en realidad se muestra poco entusiasmada de cambiar las estructuras capitalistas, entre las prácticas sociales. No existe un partido chavista verdadero, la lucha de clases parece más dependiente al primer mandatario.

Los propios venezolanos hablan de la teoría del ‘chavismo sin Chávez’, en la cual ven que sin el líder populista, Venezuela quedaría simplemente expuesta a una socialdemocracia, en la cual la burocracia chavista, en vez de ser el nexo entre la masa y el líder, se transformaría en gobernante. Para otros, en tanto, el ‘chavismo sin Chávez’ es otro pobre silogismo inventado por el imperio.

En definitiva, la oportunidad de oro para lograr la integración latinoamericana hasta al momento sólo parece parangón de un realineamiento de los ejes de la guerra fría. Una lucha por la imposición de un modelo político, económico y social, en la cual Chávez se ha manejado con actitudes muy similares a las utilizadas por el imperio que critica con vehemencia.