lunes, octubre 23, 2006

LEY DE LA GRAVEDAD

Por Rodrigo Alcaíno Padilla

No se asusten, no es un tratado de física...aunque se trata de gente que considera la vida un asunto tan exacto y frío como una fórmula aritmética.

La ley de la gravedad tiene una nueva acepción en nuestro nutrido lenguaje: dícese de la etapa en la vida de un universitario, en la cual aparenta ser serio y maduro, abandonando con donaire las cosas de la juventud. Aplicable a los últimos años y egresados.

En mi demasiado largo paso por dos alma mater (que no es poco), me he encontrado con varios personajes afectados por este mal incurable; humoristas geniales, una vez que avanzan en su carrera o se ven con un "cartón" en las manos, adquieren por osmosis la sequedad del diploma, transformándose en momias ilutradas.

El humor es el elemento que sufre la extirpación desde las almas de estos prohombres; inconscientemente se me vino a la mente cierto fragmento del argumento de "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, en la cual los religiosos benedictinos tenían terminantemente prohibido reir. "La risa abunda en boca de los tontos" rezaba una letanía.

La gente a la que aludo se parece a estos monjes, absortos en sus artes convencionales, aperentemente seguros en sus mausoleos divinos.

Qué decir respecto a reirse de uno mismo...es una falta de respeto contra la imagen fantástica que nos forjamos de nosotros mismos, es como apagar la fogata que proyecta nuestra silueta en la caverna esbozada por Platón en sus obras milenarias.

Dónde está la madurez si no somos capeces de reirnos de nuestras desventuras y logros, si pretendemos renegar de nuestra naturaleza jocosa.

La vida está llena de desilusiones, y una desgracia enorme es que un ser humano pierda el sentido del humor. Sin embargo, pasa todos los días.

Anoche camine por un cementerio enorme, en la entrada decía "Panteón de la Hilaridad". Me dio pena ver grabados en la lápidas los nombre de amigos, familiares...demasiados, una inmensidad. Tras unos minutos de recorrido, un panteonero se me acercó y me pidió que me largara, que este no era lugar para mi.

Sin rubor puedo decir que me alivió saber que mi muerte física no implicará el deceso del payaso que llevo dentro. Es más, me encontré con amigos realmente entrañables en las afueras, aquellos que no reniegan del pasado, sino rien "para reconocerse como seres vivos", como diría alguien por ahí.

3 comentarios:

Peor es nada dijo...

Asimismo, yo ni idea tengo de dónde viene ese artificio de "ser maduro" y no serlo, asumiendo que el primero es la fina estampa de un ser austero en emociones y falto de humor las más de las veces. Siendo pendejos -siendo adolescentes- solíamos achacarnos: "sé maduro", "ubícate", como si el humor en sí mismo fuese extrahumano, superfluo y no un agregado que nos separa de, digamos, el mono. Estas son consideraciones de índole cultural en cuanto se nos ha educado dentro la represión (nótese que no hablo en términos de la historia política reciente en Chile), segregando el valor positivo (en este caso "ser serio") del negativo. Chile no se caracteriza por ser un país de tolerantes, aceptamos poquísimo la crítica y las visiones contrapuestas y el humor en gran parte se nutre de las debilidades de cada "víctima"... Es como preguntarse: cuántas obras literarias caben dentro del género de la sátira en Chile? Cuántos Oscar Wilde hay? No recuerdo a nadie; y tú, amable lector?...
El humor está lejos de ser un valor en nuestro país y debería considerarse un fiel representante de la democracia, la participación y la convivencia toda; de ahí también esta visión de ser un país apocado, triste e isleño, mas no una Cuba en términos humorísticas. Otros replicarían estrechamente: "Pero somos serios, trabajadores y los mejores de Latinoamérica", por lo que no hay que ser un iluminado para caer en cuenta cuán lejos está esta afirmación de la verdad y cuán cerca de la falacia; como mito, nació oficialmente con eso de que somos "los ingleses de Latinoamérica", obra intelectual atribuida a don Diego Portales, y que se ha alimentado y nutrido como una justificación tanto a Pinochet como para la Concertación.
Y durante la Concertación tornó de ser palabras sueltas a verdadero slogan del tipo "Enjoy Coca-Cola", así Chile está bien porque "somos serios y trabajadores", "Chile será un país desarrollado (?) porque somos trabajadores y serios"; además, -y esto es un apartado-, de estos tiempos vienen las locuras por las encuestas, estas tonteras que se hacen cada mes "para saber la aprobación" el "respaldo" y "la popularidad" del gobierno de turno...

Reflexionemos un tanto sobre la significancia del humor, preguntémonos si Chaplin, Groucho Marx, Tati, Gómez Bolaños, Cervantes, Moliere, Peter Sellers o Nietzsche fueron infantiles por ostentar humor... Preguntémonos por la cita de Neruda que Lisa Simpsons da a Bart (que se conserva del original en inglés): "La sonrisa es el espejo del alma".

abst3mio dijo...

El humor, es también parte de la locura. Y la locura obviamente es descartada de plano en esta sociedad carente de referentes que no son de cartón. Foucault decía que la locura está demasiado subestimada. En Chile más que subestimada es casi un tabú. El loquito es un ser inferior, sobre y desde el cual no puede proferirse ningún atributo positivo. Empero,cabe preguntarse qué sería el mundo sin la locura. Cuánta genialidad no naturalizada vagaría por la atmósfera sin atreverse y quemarse... Nuevamente Jahn tenía razón cuando planteaba que el mundo ha perdido el sentido del humor (en el contexto de la primavera de Praga). ¿Qué quería decir con esto?, pues que la divergencia es borrada de plano porque no responde a lo funcional, porque rompe el esquema. En este mundo se debe ser y parecer formal, circunspecto. Pero hay algunos que el papel lo toman en serio incluso en el escenario del fuero interno. Una lástima. Viva el humor, viva la idiotez, viva la locura...

con todo respeto dijo...

De qué manera, abstemio, puedes fundamentar esa entrada de: "El humor, es también parte de la locura"? Yo no avizoro, a simple vista, una relación pues perfectamente puedes estar loco y no tener el más mínimo sentido del humor. Ciertamente los locos no ostentan un humor de luces y fuegos artificiales.