lunes, diciembre 19, 2005

Perú en jaque

El espaldarazo entregado por el gobierno ecuatoriano a la tesis marítima chilena fue potente. El instante en que Ecuador ratificó la validez de los acuerdos firmados con Chile y Perú en 1952 y 1954 como tratados de delimitación marítima y señaló que la postura de Lima de desconocerlos "no se ajusta a la estricta aplicación del derecho internacional en materia de límites", Perú quedó en una posición muy incómoda.

La declaración conjunta suscrita en Quito por el Presidente Lagos y su homólogo ecuatoriano, Alfredo Palacio, se transforma en una jugada maestra que procura zanjar definitivamente el tema y restar validez a la Ley aprobada por el parlamento peruano hace unas semanas sobre límites marítimos. Es un verdadero jaque en el tablero de ajedrez diplomático.

Ciertamente, la medida demuestra una posición más activa e inteligente que la anteriormente tomada por la Cancillería; la “información” realizada por el vocero Osvaldo Puccio a organismos y gobiernos latinoamericanos fue demasiado débil e ineficiente, ya que dio a Lima tiempo para estructurar su estrategia.
La opinión pública y la clase política criticaron la debilidad y exigieron con razón una mayor firmeza por parte del Presidente Lagos.

Perú sintió el golpe en virtud de las últimas declaraciones del canciller peruano Maúrtua, quien durante un acto en que se encontraban los embajadores de Chile y Ecuador, calificó como "interpretaciones unilaterales y singulares" los argumentos chilenos. El canciller Walker, consecuente con la nueva línea de acción, manifestó formalmente y por escrito el “desconcierto y molestia” del gobierno.

Ahora, saltan a la vista los escenarios que se vislumbran en Santiago y Quito, que suponen buenos dividendos; la estrategia se centra principalmente en mantener el conflicto por causes diplomáticos, con el fin de llegar a La Haya o forzar una declaración tripartita que reconozca los acuerdos suscritos.

Si Toledo radicaliza el discurso reivindicatorio y recurre a la Corte Internacional de la Haya, para demostrar que agotó los recursos y trató de dejar el nombre del país en un sitial honroso, los argumentos esgrimidos por Chile y el respaldo conseguido desde Ecuador (que aprovecha de asegurar su postura ante una eventual arremetida limítrofe), hacen suponer un fallo desfavorable para Perú.

La otra posibilidad es que, dada la complicada situación, Lima busque instancias tripartitas para zanjar los “temas pendientes” con Chile, que eventualmente desembocarían en una declaración similar a la de Quito. Una ratificación de los acuerdos de 1952 y 1954 estarán en la agenda chileno-ecuatoriana de forma indudable.
Negociación o intransigencia. Son las cartas que tiene el gobierno del Perú en un juego de póquer que se torna complejo. A la luz de las simpatías entre Chile y Ecuador, en el Palacio Pizarro tendrán que meditar con mucho cuidado las acciones a seguir en el diferendo territorial.

Por otro lado, la Cancillería chilena debe mantener su estrategia de defender la soberanía marítima del norte mediante acciones efectivas e inteligentes. La alianza con Ecuador ya fue un avance sustantivo. Seguir la ruta cifrada en la cita de Quito es el próximo paso.

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